Salió de Miami a conquistar la gloria, pero su cuerpo en la lona recordó la belleza cruel del boxeo
El mismo día en que Francisco Cervelli tomó la decisión de poner fin a su carrera de Grandes Ligas por los repetidos embates contra su salud, Ivan Baranchyk nos recordó a todos por qué el boxeo es un deporte de belleza brutal, donde la vida y la muerte van de la mano sobre una cuerda floja.
Cuatro veces envió a la lona Baranchyk a José “Chon’’ Zepeda y cuatro veces el mexicano le devolvió la cortesía del vértigo al bielorruso, pero la última visita a la rugosa tela dejó a todos con la cara crispada por la ansiedad. El golpe del mexicano había sido tan potente que el rival había quedado inmóvil, mientras todos temían lo peor.
En cinco rounds, en apenas 15 minutos se produjeron ocho conteos en este choque de la empresa Top Rank en Las Vegas. Una pelea así es candidata, sin duda, a la mejor del año, a la más entretenida del año. Muchos asistimos a este espectáculo de miedo solo para pasar un buen rato y no siempre tomamos en cuenta el riesgo de los actores.
“Ahora que todos presenciamos una gran pelea la noche pasada, ¿cuántos de ustedes se despertaron pensando en el bienestar de Baranchyk?’’, se preguntó este domingo Terence Crawford. “Se dan cuenta lo que los peleadores tenemos que pasar para entretener a gente que no les importa lo que nos suceda. No es un chiste el ring, no puedes jugar boxeo como en otros deportes’’.
No, no puedes jugar boxeo. Como todos los deportes de combate, el objetivo final es vencer a toda costa, castigando de la mayor manera posible al oponente. Detener la marcha del dolor es responsabilidad del árbitro, pero en ocasiones no da tiempo a la orden salvadora, como quedó claro con ese golpe de Zepeda a Baranchyk que casi le roba el hálito vital.
Lo de Baranchyk nos toca cerca. El boxeador conocido como “La Bestia’’ entrena en el Tropical Park a las órdenes del profesor cubano Pedro Díaz. Miami es su segunda casa, donde reside con su familia del pugilismo, rodeado de guerreros de muchas otras nacionalidades.
Antes de caer con Zepeda era considerado el favorito, uno de los mejores 140 libras del mundo, pero -sin quitarle una gota de mérito al mexicano- no estuvo en su mejor noche y cayó víctima de su propio ímpetu, de su estrategia de presión a toda costa. Nada de penoso en eso. Se gana y se pierde. Y si uno se ha entregado por completo, merece hasta una reverencia.
Pero pensemos en las palabras de Crawford. Vamos al boxeo como si fuera una obra de teatro, a entretenernos, y está bien. Al final se trata de dos actores en una trama macabra, pero piénsalo dos veces cuando hables de un guerrero del ring como un “muerto’’ o un “bulto’’. Aquí un golpe mata a cualquiera. Uno solo.
Timothy Bradley, comentarista de ESPN para este pelea, se conmovió ante la imagen de un Baranchyk al que ayudaron a bajarse del cuadrilátero, porque apenas podía tenerse en pie, que luego fue llevado a un hospital para hacerle todas las pruebas de rigor.
“Siempre que iba a pelear le decía a mi esposa, ‘mira al hombre que tienes delante, porque puede que no regrese él mismo’’, recordó el excampeón del mundo con su cuota de combates feroces. “Baranchyk ha dejado parte de su ser encima de ese ring’’.
¿Cuánto de sí habrá dejado Baranchyk? ¿Podrá volver a pelear? ¿Y si regresa, tendrá las mismas condiciones? Solo el tiempo y la salud del eslavo darán respuestas a tantas preguntas. Pero su imagen sobre el encerado, con los ojos perdidos y los músculos tensados, habrá de recordarnos que los boxeadores merecen un respeto diferente.
Cervelli, después de 13 años de carrera en Grandes Ligas y siete conmociones cerebrales detrás del plato, pudo poner su salud y su familia primero con un retiro a tiempo. Ojalá Baranchyk también pueda decirle adiós al boxeo en sus propios términos.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de octubre de 2020, 11:34 a. m..