A los boxeadores del presente, ¿quieren ser como Mike y Roy? Pues asuman riesgos para vivir la leyenda
Mike Tyson vs Roy Jones Jr. fue una metáfora de lo que ha sido el 2020. Una pelea alocada, inesperada que evoca cierta tristeza y algo de nostalgia. Un éxito sorprendente que ha arrastrado la imaginación de cientos de miles de fanáticos, pero que quizá en otro año no habría sucedido.
Habría que preguntarse si el interés del público hubiera sido el mismo en una temporada normal, llena de peleas importantes con boxeadores de relieve. Sin embargo, en este desierto deportivo provocado por la pandemia, Tyson vs Jones Jr. ha tenido el mismo éxito del documental sobre la vida de Michael Jordan, “El Ultimo Baile’’.
Desde que Tyson colgara un video de apenas 10 segundos golpeando unas mascotas, el mundo erupcionó en interés. ¿Acaso volvía la leyenda, el campeón pesado más joven de la historia, el hombre más malo del planeta? Y si volvía, ¿contra quién?
Comenzaron a sucederse los nombres encima de la ruleta de la suerte hasta que la bola se detuvo encima del nombre de Jones Jr., otro leyenda enorme, el elegido como el Mejor Boxeador de la Década de los 90, el campeón en cuatro divisiones desde súper mediano hasta completo.
La maquinaria echó a andar y este 28 de noviembre cristalizó un combate que no fue el sparring aburrido que esperaban algunos ni el combate deslumbrante que esperaban otros, aunque sí lleno -al menos las mías- las expectativas de ver a dos inolvidables una vez más en el ring.
Siempre les dije a todos: no acudan a esta pelea en busca de algo más allá de lo que realmente es, puro entretenimiento. Bajen las expectativas de grandeza. Mírenla como quien va a un concierto a un carnaval, con el alma abierta a la diversión. Y sobre todo, les recalqué, no apuesten.
¿Cómo vas a poner dinero en algo que no se sabe si es sparring, pelea o circo? Algo que no tiene jueces y sí los tiene. algo que no ofrecerá veredicto y sí lo verá. Había reglas, como los ocho asaltos, los rounds de dos minutos, pero los límites estaban nublados, polvorientos, poco visibles.
En lo personal, y sin hacer mucho análisis donde no lo lleva, ganó Tyson. Lució mejor y quiso más, mientras Jones, entre el resguardo y el miedo, se dedicaba a agarrar ante los primeros embates de Iron Mike. Al final, no se le puede reclamar nada a ninguno. Era una exhibición y terminó en empate.
Pero si algún mensaje deja este evento se reduce a la situación del boxeo en estos momentos. Más allá de las figuras de leyenda y del efecto del coronavirus, ¿por qué la pelea atrajo tanto la atención y pagó millones a sus protagonistas? ¿Por qué 18 años después de su última pelea oficial, Tyson es una súper nova para millones de fanáticos?
Porque ambos pelearon con todos, porque no temieron a ser derrotados, porque arriesgaron y entre triunfos y fracasos se ganaron la admiración de los aficionados del ayer y tejieron una historia que perdura en los de hoy. ¿Cuántos de los campeones del presente podrán tener un seguimiento así y ganar tantos millones dentro de dos décadas?
Quien quiera ser como Iron Mike, excluyendo sus entuertos fuera del ring, debe asumir esos riesgos, regalarle al público las peleas que vienen debiendo, pelear contra los otros campeones. Una leyenda no se factura eligiendo rivales y esquivando problemas.
Ha sido un 2020 complicado, loco, inesperado, lleno de tragedia y controversia. Tyson y Jones Jr. entendieron que, en cierta dosis, la nostalgia es medicina, repara un poco el alma rota aunque sea a golpes. Desde antes de subir al cuadrilátero, estos dos ya habían ganado.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de noviembre de 2020, 2:18 a. m..