Boxeo

¿Le robaron a Chocolatito ante el Gallo Estrada? El boxeo brilla por un lado y falla por otro

Román González habló de Dios, de estar en paz con su yo interior, de amor, pero al final rompió a llorar. Cuando le preguntaron si estaba dispuesto a efectuar una trilogía contra Juan Francisco Estrada después de un triunfo y un fracaso, el nicaragüense mostró dos dedos: “tengo dos victorias’‘.

Era la manera más elegante de referirse a lo sucedido el sábado en la noche en Dallas, cuando dos jueces favorecieron al mexicano para que este conservara su título de campeón y sumara el del ya legendario Chocolatito, que regresó a su tierra sin faja, pero con más respeto.

Robo descarado no fue, pero uno se marchó de esta pelea con la sensación de que a la justicia se le había hecho un flaco favor, como tantas noches ha sucedido en el boxeo. Un juez vio la pelea 115-113 por Estrada, un segundo votó de manera idéntica por González y un tercero, Carlos Sucre, la vio 117-111 por el Gallito. Vio es una manera de decir, porque esa distancia jamás se vio en el cuadrilátero.

De acuerdo con los números de CompuBox, González lanzó más y conectó en concordancia: 391 de sus 1,317 golpes impactaron a Estrada; mientras que el azteca se iba con 314 de 1,212. Si de algo no debe quedar duda, es que esta segunda entrega superó a la inicial del 2012, celebrada entonces en la división de 108 libras.

Si bien los números no lo dicen todo, reflejan con mucha veracidad lo sucedido en el cuadrilátero. Chocolatito dictó el ritmo de la acción, fue el agresor las más de las veces y obligó al Gallito a salir de su zona de confort, obligándolo a entrar en la zona corta donde tanto gusta de desembarcar sus ganchos de zurda cortos y secos, seguidos de un potente volado de derecha.

Estrada, salvo contadas ocasiones, se contentó con intentar el contragolpe y se dejó arrastrar a un cuerpo a cuerpo, donde se le hacía más difícil castigar el organismo del nicaragüense, aunque tuvo sus buenos momentos y en oportunidades detuvo en seco a su oponente.

Al final, la decisión dejó contentos a pocos, pero quizá los jueces vieron en eso intercambios más precisión en el de México y no se dejaron seducir por el volumen de ataque del nica ni por el respaldo masivo de los fanáticos a Estrada, a quien en su esquina le alertaron en el noveno round que estaba perdiendo el combate.

La pelea, sin embargo, rebasó las expectativas. En un momento donde el boxeo parece un barco a la deriva y padece de muchos males como el de ver el distanciamiento de sus mejores exponentes, un choque de esta magnitud restablece en parte la confianza por la viabilidad del deporte, aunque no por la claridad de sus decisiones.

Una trilogía parece evidente. Si hubiera un poco de justicia, este mismo instante se debería decretar una nueva cita entre ambos en conjunción con Srikaset Sor Rungvisai, el peligroso tailandés que el viernes superó a un rival menor en su tierra natal. González se merece una tercera entrega porque ahora mereció ganar. Estrada también para limpiar cualquier mancha.

Pero ya se sabe que las palabras boxeo y justicia casi siempre no caben en la misma oración.

Esta historia fue publicada originalmente el 14 de marzo de 2021, 3:42 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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