Boxeo

La palabra leyenda se viste de carne y hueso en Yoel Romero, que derrumba a una torre en Dirty Boxing

La palabra leyenda suele otorgarse de manera fácil por estos tiempos, pero si alguien la viste de carne y hueso es Yoel Romero.

Su triunfo el sábado en Miami sobre Ras Hylton confirmó una vez más que el “Soldado de Dios’’ ha alcanzado un estatus inalcanzable en los deportes de combate, a solo días de cumplir los 48 años.

Romero se impuso por la vía del nocaut técnico a Hylton a falta de 34 segundos para el final del tercer asalto en el combate estelar del primer evento oficial del Dirty Boxing Championship, celebrado en Coconut Grove, delante del nuevo copropietario de la empresa, el gran campeón de UFC Jon Jones.

“Me siento contento con este resultado y sé que muchos de los aficionados que vinieron a verme se irán complacidos’’, expresó Romero.

“Lo importante es seguir este camino con humildad. Siempre he dicho que mi meta es llegar activo hasta los 52 años. Esa es la cifra que me impulsa’’.

Con sus movimientos inteligentes y creando muchas dudas en su rival, Romero fue paciente en los dos primeros asaltos, de tres minutos de duración, en los cuales trató de confundir a un oponente mucho más alto y un alcance temible, pero el legendario peleador tocó a Hylton en el tercero y lo eliminó.

Esta es la segunda presentación de Romero en Dirty Boxing pues hace apenas unos meses también derrotó por la vía rápida en el primer round, de modo que cuando pase el tiempo será recordado como uno de los pioneros de esta nueva modalidad de pugilismo con algo de agarre y ataque en el piso.

“Siempre y cuando le aportes algo a la sociedad tienes que sentirte orgulloso’’, agregó Romero.

“Algo bueno, nutritivo, que deje enseñanzas a la sociedad. No me importa si fui el primero o el segundo. Eso a mí no me mueve y no me llena. Lo que me importa es aportarle algo a la sociedad. No hay que ponerse límites’’.

Estrella de dos siglos, lejos parecen aquellos tiempos en que solía dominar la lucha libre apoyado en una mezcla letal de técnica y fuerza que asombraba a todos y le hacía imponerse en torneos internacionales con facilidad tremenda, sin imaginar lo que aún hoy estaría en pie de guerra.

Parece increíble, además, que el gladiador de Pinar del Río ganara su primera copa del mundo en Stillwater 1998 y su primer mundial amateur en 1999 en Ankara, Turquía, para no hablar ya de la plata olímpica en los Juegos de Sidney 2000 en Australia. ¿Quién iba a pensar que dos décadas más tarde se mantendría relevante?

Si al mismo Romero le hubieran dicho en ese 1998 que en el 2020 combatiría por la faja mundial de un circuito de artes marciales mixtas que por ese entonces -la UFC comenzó en 1993- estaba en su infancia, casi desconocido y que respondía al nombre de Ultimate Fighting Championship, quizá se hubiera reído en la cara del mensajero.

Pero aquí está, dos décadas más allá de sus momentos de gloria en la lucha libre, como una de las figuras más importantes de Dirty Boxing y Global Fight Lieague, un nuevo circuito donde ya tiene una pelea pactada para el 22 de junio contra el excampeón mediano de Bellator, Gegard Mousasi.

No es un secreto que Romero resulta un prodigio físico que desafía el tiempo y a los 47 años sigue siendo un hombre temido, evitado, cuyo nombre es recibido con una mueca de rechazo por la mayoría de los posibles oponentes por su potencia y el escarnio de ser vencido por un “viejo’’.

Todavía recuerda las palabras de los doctores del Hospital Jackson cuando en el 2012 le dijeron tras sufrir una lesión en un combate de manera tajante: “tu carrera como deportista ha terminado, si es que quieres salvar tu vida’’, pero él estaba dispuesto a continuar.

La lesión en el cuello se produjo después de su debut estadounidense en la difunta asociación de MMA Strikeforce cuando cayó en septiembre del 2011 frente al brasileño Rafael Cavalcante.

Otro se hubiera desplomado, pero jamás Romero, quien prometió volver a la jaula cuanto antes y contra todo pronóstico.

De no operarse de inmediato, Romero habría quedado parapléjico e incluso pudo perder su vida por la degeneración de los músculos en la zona afectada.

Varias horas después en el quirófano y luego de 14 tornillos que le insertaron para fijarle las vértebras quebradas en el cuello, solo pensaba en su regreso al octágono.

Cuando regresó a la acción el 20 de abril del 2013 en el evento UFC on FOX 7, Romero no solo derrotó por la vía rápida a Clifford Starks sino que ganó el premio de Nocaut de la Noche.

Entonces lloró como nunca antes dando comienzo a una serie de victorias que sellaron su ascenso en el ranking y le abrieron la puerta a peleas importantes contra Robert Whittaker, Israel Adesanya y Paulo Costa.

Para muchos resultó una sorpresa que lo cortaran de la UFC cuando era el número cinco en su división, pero opciones no le faltaron y la empresa Bellator, sabedora de su talento y de su valor, le ofreció el mejor acuerdo posible. Luego pasaría a PFL y ahora se espera su debut en Global Fight Lieague.

Después de noquear a Hylton, los miles de aficionados que acudieron a Coconut Grove estallaron en júbilo, desde aquellos que le conocieron desde sus días de luchador olímpico hasta los jóvenes que hoy descubren su trayectoria en la UFC y reviven sus peleas inolvidables.

Su trayectoria es tan grande que ni él mismo es capaz de describirla.

“Solamente diría, gracias Dios’’, recalcó Romero emocionado. “Por tenerme con favor y gracia ante tus ojos’’.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de marzo de 2025, 1:54 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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