Boxeador cubano acelera la carrera hacia el título mundial, pero debe superar al escollo japonés
No todos los días uno presencia el surgimiento de un peleador que parece haber nacido para esto.
Andy Cruz no es una promesa. Es una realidad que camina firme y rápido hacia la élite del boxeo mundial en una categoría histórica y siempre relevante.
Este sábado, cuando enfrente al japonés Hironori Mishiro en una eliminatoria de la Federación Internacional de Boxeo (FIB), el cubano no solo se juega un paso más hacia el campeonato, sino también la consolidación de un estilo que ya intriga a toda la división ligera.
Cinco peleas. Dos nocauts. ¿Y ya está a las puertas de una oportunidad mundialista?
Así de claro y directo ha sido el ascenso de Cruz desde su debut profesional. Pero cuando se tiene el currículo amateur que ostenta —campeón olímpico, múltiple monarca mundial y verdugo repetido de figuras como Keyshawn Davis—, los caminos se abren más rápido que para la mayoría. Y con razón.
Cruz es un fenómeno técnico. Uno de esos pocos que entienden el boxeo como un ajedrez en movimiento. Cada paso que da sobre el ring tiene una razón, cada golpe tiene un propósito, cada esquiva es parte de una sinfonía defensiva que recuerda a los grandes del estilo cubano. Si no tuviera guantes, parecería bailar. Pero su baile es castigo para quien esté enfrente.
Del otro lado, Mishiro llega como un veterano con buena hoja de servicios, pero sin los argumentos necesarios para revertir el favoritismo abrumador de Cruz.
El japonés, más habituado a las 130 libras, sube al peso ligero con la intención de sorprender, de hacer un combate sucio, pegajoso, tal vez hasta físico. Pero eso solo funciona si puedes tocar al rival. Y tocar al matancero no es fácil.
La única interrogante en torno al cubano —si se puede llamar así— es su poder. No es un noqueador nato, pero tampoco lo necesita. Lo suyo es ir desmantelando a sus oponentes poco a poco, acumulando precisión, creando ángulos, frustrando y puntuando.
En ese terreno, es muy difícil ganarle. Nadie lo ha hecho. Y pocos siquiera han logrado verse competitivos. Basta decir que sus primeros cinco rivales han sido mexicanos duros, con mayor o menor talento, pero todos leones de sangre caliente que sabían del premio que representa vencer a un campeón olímpico.
Este combate no debería ser diferente. A menos que Mishiro encuentre una fórmula mágica para cortar el ring y entrar limpio —lo cual se antoja casi mprobable—, Cruz debería regalar otra clase magistral de boxeo. Otro argumento más para que quienes dudan, terminen de aceptar que este cubano ya está listo para los grandes nombres.
Si la lógica impera, lo que sigue es un duelo por el título de la FIB contra Raymond Muratalla, la figura en ascenso de Top Rank. Un combate entre dos jóvenes hambrientos. Entre dos guerreros de estilos distintos. Pero eso será otra historia, para otro momento.
Por ahora, lo que se viene es un paso fundamental, otra prueba, otro escenario en donde Cruz puede seguir dejando claro que, más que un contendiente, es un elegido. Y que lo mejor de su carrera: apenas está comenzando.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de junio de 2025, 8:17 a. m..