Manny Pacquiao vuelve a desafiar el tiempo, pero los jueces le niegan la gloria y la historia
A veces, el boxeo no se trata solo de ganar o perder. A veces se trata de la capacidad de desafiar lo imposible, de escribir una historia que no debería estar ocurriendo. Y eso fue precisamente lo que hizo Manny Pacquiao.O al menos lo que intentó hacer en Las Vegas el sábado en la noche.
Contra todos los pronósticos, el ocho veces campeón mundial regresó al ring tras casi cuatro años de retiro y lo hizo enfrentando a un rival más joven, más alto, más activo, y supuestamente más fuerte. Pero ninguno de esos factores fue suficiente para opacar la figura del veterano que aún tiene gasolina en el tanque y fuego en el corazón.
En un ambiente cargado de emoción en el MGM Grand Garden Arena, Pacquiao se midió con Mario Barrios por el título welter del CMB. La pelea terminó en empate mayoritario. Max De Luca vio ganar a Barrios 115-113, mientras que Tim Cheatham y Steve Weisfeld marcaron 114-114. Y aunque el resultado fue técnicamente un empate, la ovación del público dejó claro a quién consideraban el verdadero vencedor.
“No estoy decepcionado de mi actuación, pero sí del resultado. Sentí que hice lo suficiente para ganar’’, declaró Pacquiao tras la pelea. “Fue una gran pelea. Mi rival fue valiente y fuerte, pero yo vine a demostrar que aún puedo’’.
El combate fue una batalla táctica, pero también un duelo de voluntades. Pacquiao, con 46 años y una inactividad que se remontaba a su derrota ante el cubano Yordenis Ugás en 2021, no parecía oxidado, sino todo lo contrario. El tiempo fuera le vino bien.
Más bien, se le vio con reflejos vivos, piernas activas y ese estilo explosivo que lo hizo leyenda. En varios pasajes conectó combinaciones que sacaron chispas e hicieron retroceder a Barrios, a quien la mayoría de los expertos le auguraba una victoria fácil.
Barrios, de San Antonio, Texas, y 16 años menor, fue considerado favorito por las casas de apuestas antes del pleito. Pero durante muchos momentos pareció desconcertado por el ritmo de Pacquiao, sobre todo en los asaltos intermedios, donde el filipino tomó control con ataques relampagueantes y derechas al rostro que levantaron a los aficionados de sus asientos.
La pelea llegó al último round con la sensación de que Pacquiao había hecho lo suficiente. Incluso las tarjetas de Cheatham y Weisfeld lo tenían arriba 87-84 después de nueve episodios. Pero ambos jueces le dieron los últimos tres rounds a Barrios, lo que selló el empate.
El resultado no le permitió a Pacquiao unirse a Bernard Hopkins y George Foreman como campeones mundiales con más de 45 años. Tampoco fue su regreso soñado, pero sí resultó una reivindicación. Una especie de “todavía no” lanzado al mundo del boxeo. Aún no está listo para cerrar el telón.
Hace apenas un mes fue exaltado al Salón de la Fama del Boxeo Internacional. Muchos pensaron que con ese reconocimiento el capítulo final estaba escrito. Pero en lugar de discursos y placas, Pacquiao eligió los guantes y el cuadrilátero para decir su verdad. Y su verdad es que todavía puede. Que no lo cuenten fuera. Que su historia, increíblemente, no ha terminado.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de julio de 2025, 3:12 a. m..