Boxeo

Canelo Álvarez es el favorito de Las Vegas, pero Terence Crawford posee argumentos para ganar. ¿Cuáles son?

La T-Mobile Arena de Las Vegas se vestirá de historia este sábado cuando Saúl “Canelo” Álvarez se enfrente a Terence “Bud” Crawford en un duelo que ya muchos califican -y ojalá que sea así- como la pelea del año.

Más allá de lo que representa en cifras y atención mediática, este combate define narrativas: el mexicano quiere consolidar su legado como monarca absoluto del boxeo actual, mientras que el estadounidense persigue una gesta que lo colocaría en un pedestal reservado para los elegidos.

El favoritismo recae en Canelo por razones naturales: tamaño, poder y experiencia en divisiones superiores. Pero subestimar a Crawford sería un error de cálculo monumental.

El oriundo de Omaha no llega como turista al desierto de Nevada, sino con un plan quirúrgico que, de ejecutarse, puede dar la gran sorpresa.

Una de las primeras claves está en la versatilidad de Crawford. Pocos peleadores pueden alternar con tanta naturalidad entre guardia ortodoxa y zurda, creando ángulos incómodos y desajustando el ritmo del rival.

Frente a un Canelo que necesita plantarse para lanzar sus combinaciones, esa movilidad y cambio constante de direcciones podrían neutralizar la cadencia del mexicano.

Otro punto es la inteligencia para leer peleas. Crawford es un maestro en la adaptación: comienza midiendo, tanteando, cediendo incluso algunos asaltos, hasta que encuentra la llave para abrir la defensa contraria.

Una vez descifrado el código, acelera con precisión quirúrgica. Ante un Canelo que a veces tarda en aumentar el volumen de golpes, esa capacidad de ajuste puede marcar diferencias en la segunda mitad del combate.

La velocidad de manos también juega a favor de Crawford. Si bien Álvarez es un excelente contragolpeador, sus manos ya no tienen la misma explosividad de antaño.

El estadounidense, en cambio, combina velocidad con precisión, lo que puede inclinar la balanza en intercambios cortos, donde los jueces suelen favorecer al que conecta más limpio y visible.

No menos importante es la condición física. Crawford siempre ha demostrado un tanque de gasolina interminable, mientras que Canelo ha dado muestras de desgaste en peleas largas, sobre todo cuando se ve obligado a seguir a un rival que no se queda estático.

Si Bud logra estirar el combate y forzar el desgaste podría llevar la pelea a un terreno incómodo para el campeón mexicano.

En el aspecto psicológico, Crawford llega con una motivación extra: la oportunidad de derrotar al hombre más poderoso del boxeo comercial en un escenario mayúsculo.

La sensación de “nada que perder’’ puede liberar sus instintos y permitirle arriesgar más de lo habitual. En contraste, la presión siempre recae sobre Canelo, que carga con la obligación de no fallar ante su público.

Por supuesto, el tamaño y la pegada de Álvarez son factores que no se pueden ignorar. Un golpe bien conectado podría cambiar la historia en segundos.

Pero si Crawford logra evitar la zona de poder, mover la pelea con inteligencia y aprovechar cada resquicio, no es descabellado pensar en una victoria por decisión que sacudiría las estructuras del boxeo.

Al final, lo que está en juego va más allá de un cinturón o una bolsa millonaria. Para Canelo, es mantener la cima y reafirmar que todavía gobierna.

Para Crawford, es la oportunidad de ser recordado como un fuera de serie capaz de doblegar al gigante mexicano. Y en esa ambición desmedida puede estar la clave de una noche que ya se siente histórica.

Esta historia fue publicada originalmente el 12 de septiembre de 2025, 8:13 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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