Boxeo

El Mike Tyson cubano llega a los 30: del asfalto de Miami al estrellato en BKFC

Leonardo Perdomo no celebró sus 30 años en un salón elegante ni rodeado de lujos.

Los recibió como mejor sabe hacerlo: en el gimnasio, sudando, golpeando sacos, afinando detalles para lo que será una nueva batalla en BKFC este 20 de marzo en el Hard Rock Live de Hollywood, Fort Lauderdale.

A su lado, como siempre, su mentor Pedro Roque y un grupo reducido de amigos que conocen la magnitud del camino recorrido.

Porque si hoy “El Zambo” es una de las principales figuras del bare knuckle a nivel mundial, no fue por atajos ni por apellidos ilustres. Fue por supervivencia, por imponerse a circunstancias muy difíciles de las que muy pocos pueden o suelen levantarse.

“Yo sé lo que es no tener nada”, ha dicho en más de una ocasión. “Por eso cada pelea la tomo como si fuera la última oportunidad de mi vida. Hoy me veo, lo que ha pasado conmigo, con mi carrera y con mi familia y me siento un hombre bendecido’’.

Hubo un tiempo en que Perdomo no tenía cinturones, ni contratos, ni reflectores.

Tenía hambre. Y noches durmiendo en las calles de Miami, persiguiendo un sueño que parecía demasiado grande para un muchacho que no traía medallas olímpicas colgadas al cuello ni respaldo federativo. Mientras otros llegaban con currículums dorados, él llegaba con cicatrices invisibles y una determinación feroz.

Esa mentalidad lo llevó a abrirse paso en el mundo crudo y despiadado del boxeo a puño limpio. Donde no hay margen para la duda. Donde cada golpe se siente distinto. Donde la voluntad pesa tanto como la técnica. Y en ese terreno salvaje, Perdomo encontró su lugar.

Con el tiempo llegaron las victorias, el reconocimiento y la posibilidad de pelear por un cinturón. Pero nunca perdió el hambre. Nunca perdió la memoria y eso es algo que lo impulsa hoy más que nunca a seguir adelante entre golpes, rivales y victorias.

“Yo no peleo solo por mí”, suele repetir. “Peleo por el muchacho que fui, por el que durmió en la calle y no se rindió. Pero ahora pelea sobre todo por mi familia, por mi hijo y mi esposa, por todos aquellos que me tienden una mano y me desean lo mejor’’.

A los 30 años, Perdomo no es una promesa. Es una realidad consolidada del BKFC. Una figura que atrae público, que vende combates, que entiende el negocio sin traicionar su esencia. En un deporte donde abundan las historias ruidosas y efímeras, la suya tiene peso específico.

El 20 de marzo, cuando suba al cuadrilátero en el Hard Rock Live, no solo estará defendiendo su nombre. Estará celebrando una nueva etapa. Más maduro. Más completo. Más consciente del legado que empieza a construir dentro de una disciplina que crece a pasos agigantados.

“Yo voy a mi paso, siempre a mi paso y buscando el triunfo contra todo aquel que me pongan delante’’., comentó El Zambo.

“El 20 de marzo es otro episodio más de mi trayectoria. No sé hasta donde llegara todo esto, pero mi meta es avanzar hasta donde se pueda, siempre al máximo’’.

Treinta años no son solo una cifra. En el caso de “El Zambo”, son una declaración de resistencia. Porque Leonardo Perdomo vino de la nada. Y desde ahí, a puro puño limpio, se abrió camino hasta convertirse en alguien imposible de ignorar.

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de febrero de 2026, 7:44 a. m..

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