Boxeo

Del frío de Rusia al gran escenario de Canadá, la pelea que puede cambiarlo todo para este cubano

Hay caminos que no se trazan en línea recta.

Hay rutas que obligan a cruzar inviernos, idiomas imposibles y noches de incertidumbre antes de llegar a la luz de las grandes carteleras. El de Lenar Pérez ha sido uno de esos y merece la pena ser contado.

Este 5 de marzo, en el Casino de Montreal, el invicto cubano del peso crucero subirá al ring ante el experimentado Isaac Chilemba en lo que él mismo define como “la carta de presentación” ante el público de este lado del mundo.

No es una pelea más. Es el punto de llegada de una travesía que comenzó lejos del hemisferio occidental, en la Rusia fría y distante donde aprendió, a golpes de realidad, que el talento no siempre basta.

“Es la pelea que me va a mostrar aquí, en Estados Unidos y Canadá”, dice Pérez, con la serenidad de quien ha esperado demasiado para dejar pasar la oportunidad.

“Esta vez hay que darle con todo. No he venido desde tan lejos ni he soportado tanto para dejar morir mi ilusión”

A sus 27 años, Pérez llega con marca perfecta de 15-0 y 14 nocauts, ubicado tercero en el ranking de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA).

Un giro inesperado

Pero las cifras no cuentan toda la historia, un camino que estuvo marcado por noches de soledad e inviernos de esos que secan los huesos.

Antes del profesionalismo fue campeón mundial amateur con Cuba, una etiqueta que en su país pesa tanto como una promesa.

Luego vino la salida, el salto al vacío, el plan inicial de llegar a Estados Unidos… y el giro inesperado hacia Rusia.

Allí, en un entorno que parecía ajeno a todo lo que conocía —clima extremo, idioma desconocido, cultura distinta—, entendió que el boxeo no se pelea solo sobre el ring.

“Yo estaba en Rusia, pero mi cabeza estaba en Estados Unidos. Eso me hacía daño”, confiesa.

“Veía a otros avanzar más rápido, instalarse en mercados grandes y sentía que me quedaba atrás. Esos pensamientos lo detienen todo. Tuve que borrarlos de mi mente, aunque no fue fácil’’.

Los planes con promotores se cayeron. Los papeles no siempre llegaban. Las oportunidades se demoraban. Hubo que trabajar fuera del gimnasio, aprender el idioma, adaptarse a otra vida.

Lenar Pérez (der.) y el veterano Isaac Chilemba chocan el 5 de marzo en Montreal.
Lenar Pérez (der.) y el veterano Isaac Chilemba chocan el 5 de marzo en Montreal. Foto: Eye of the Tiger EYE OF THE TIGER

“Acepté mi realidad”, resume.

“Tenía que levantarme temprano, cumplir responsabilidades. Si no, te quedas en la calle. Trabajé en la construcción con las manos heladas, hacía entregas a domicilio, mientras veía como las noches largas del invierno apagaban la luz del mundo”.

Llega la gran oportunidad

Afortunadamente, la luz de la esperanza nunca se apagó dentro de su corazón. Durante cinco o seis años no volvió a Cuba. No quiso. Se dio a la tarea de aprender el idioma, las costumbres. Nunca dejó de trabajar y entrenar, esperando una oportunidad.

“Yo le decía a mi mamá: no regreso si no es triunfando”. Y ese pensamiento —la imagen de volver derrotado a su pueblo de Antonio Maceo, en Holguín— fue su combustible.

El miedo al fracaso lo sostuvo cuando todo parecía demasiado cuesta arriba.

“Lo que no te mata te hace fuerte”.

En Rusia construyó su carrera profesional enfrentando oposición dura, en un circuito exigente que forjó su carácter. Su victoria más reciente ante el ex retador mundial Aleksei Egorov confirmó que estaba listo para un escenario mayor.

Ahora, bajo la promotora Eye of the Tiger, el destino lo coloca en Canadá, más cerca del mercado que siempre soñó conquistar.

Del otro lado estará Chilemba (27-10-3), un veterano que ha compartido ring con nombres como Dmitri Bivol, Sergey Kovalev, Oleksandr Gvozdyk y Tony Bellew.

Pérez no subestima el desafío.

“La gente mira el récord y piensa que es uno más. Yo no. Es un tipo con experiencia y en este deporte la experiencia es muy importante”.

Sabe que una victoria abriría puertas en una división que vive momentos de movimiento, con figuras buscando consolidarse y otras evaluando cambios de categoría.

Disfrutar en el ring

Pero no se apresura. Habla de continuidad, de sumar peleas, de seguir escalando posiciones hasta que el público lo conozca y las grandes oportunidades lleguen por peso propio.

También entiende algo más profundo: el boxeador cubano no pelea solo contra el rival. Pelea contra trámites migratorios, limitaciones de visado, falta de libertad para viajar.

“Son cosas que la gente no ve”, explica.

“Historias de compatriotas que no pueden salir del país para aprovechar una eliminatoria mundial, incomprensiones, muchas veces la gente no ve más allá del boxeador”.

Quizá por eso, cuando se le pregunta qué quiere que el público vea este jueves, no habla de nocauts espectaculares ni de promesas grandilocuentes.

“Quiero disfrutar”, dice.

“Quiero que vean un boxeador cubano que tiene cosas del boxeo cubano, pero también cosas del boxeo profesional. Quiero dejar una huella en la memoria y plantar una bandera definitiva en el peso crucero. Vine para quedarme y triunfar’’.

Esa mezcla —técnica de escuela, dureza adquirida en el exilio y mentalidad curtida por la adversidad— es la que subirá al ring en Montreal.

Si le levantan la mano, no será solo una victoria más en su récord invicto. Será la confirmación de que aquellos inviernos interminables en Rusia no fueron un desvío, sino el tramo necesario para llegar hasta aquí.

Pérez no tomó el camino más corto. Pero a veces, los caminos largos son los que conducen a los destinos grandes.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de marzo de 2026, 7:25 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA