Peleador cubano y la segunda oportunidad del boxeo: el regreso del “Tsunami” el 21 de marzo
El boxeo tiene una manera muy particular de probar a los hombres.
Los eleva, los sacude, los pone a prueba y, a veces, cuando parece que todo quedó atrás, les ofrece una segunda oportunidad.
Este 21 de marzo, Orestes Velásquez vuelve al ring en Florida con esa sensación de reencuentro que no solo pasa por los guantes, sino por la vida misma.
Lo entrevisté cuando apenas daba sus primeros pasos en este país, cargando sueños enormes y más preguntas que certezas.
Eran días de gimnasio en Hialeah, de trabajo silencioso y de fe. Luego vino el salto a Las Vegas, la búsqueda de nuevos horizontes, los momentos altos y otros no tan dulces que inevitablemente moldean a un peleador. Hoy, el destino lo trae de vuelta a Miami, al punto donde todo comenzó.
“Fue un largo tiempo de ausencia”, reconoce Velásquez con serenidad. No hay dramatismo en su voz, sino aprendizaje. Habla de enfoque, de preparación, de la motivación que le devuelve el hecho de sentirse nuevamente activo. “Un peleador siempre quiere estar activo”, dice, como si resumiera en una frase la ansiedad que solo entiende quien vive del combate.
Frente a él estará el experimentado Hank Lundy, un veterano curtido en mil batallas, dueño de un nombre respetado en el boxeo profesional.
Velásquez lo ha estudiado, como ha estudiado a todos los rivales con mayor recorrido que él. No lo intimida la experiencia ajena; al contrario, parece asumirla como parte natural del camino que eligió.
Pero más allá del oponente, la pelea del 21 tiene un significado más profundo. Es el regreso a su ciudad, a su esquina, a su esencia. Es también la confirmación de que salir, explorar y equivocarse forma parte del crecimiento.
Velásquez comenzó su carrera bajo la guía de Franco, tomó otros rumbos cuando sintió la necesidad de descubrir el mundo por sí mismo y ahora regresa al punto de partida con otra perspectiva.
“A veces uno tiene que salir para entender dónde pertenece”, deja entrever.
El tiempo fuera del foco lo hizo más fuerte. No reniega de los tropiezos.
“Lo malo está ahí para mirarlo”, admite, aunque prefiere quedarse con lo bueno. Agradece a quienes lo ayudaron y también a quienes, directa o indirectamente, lo empujaron a crecer. En el boxeo, cada golpe —metafórico o real— deja marca y enseñanza.
Cuando se le pregunta qué quiere que la gente vea esa noche, no duda: “Que todavía queda tsunami para rato”. La frase no es casual.
El “Tsunami” busca arrasar con cualquier duda sobre su presente. Habla de hambre recuperada, de esa energía que quizá en algún momento se debilitó, pero que hoy asegura haber reencontrado.
Y si pudiera hablar con aquel joven recién llegado de Cuba, el consejo sería simple y contundente: escuchar, callar y seguir el camino. Palabras que resumen la madurez de quien ha entendido que el talento abre puertas, pero la disciplina y la humildad sostienen la carrera.
El 21 de marzo no será solo una pelea más en el calendario. Será el capítulo de un regreso. La prueba de que el boxeo, cuando decide dar otra oportunidad, exige que se aproveche sin titubeos.
Y Velásquez parece decidido a hacerlo, convencido de que su historia en el ring todavía tiene páginas importantes por escribir.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de marzo de 2026, 7:38 a. m..