El problema no es el talento, es la subestimación. Entrenador mira los problemas del boxeo cubano
La derrota por nocaut de David Morrell frente a Zak Chelli en el Reino Unido no solo estremeció al boxeo cubano.
También abrió una vieja herida que vuelve cada cierto tiempo: la eterna discusión sobre si los peleadores de la isla están preparados para triunfar en las grandes noches del profesionalismo.
En medio de las críticas, las dudas y los análisis apresurados, el entrenador cubano Osmiri Fernández prefirió ir más allá del resultado y ofrecer una reflexión profunda sobre lo que, a su juicio, está afectando a muchos pugilistas cubanos cuando llegan a la élite.
“Siempre que hay una derrota es normal la crítica”, expresó Fernández.
Una escuela de estilos
“Pero no es menos cierto que la escuela cubana de boxeo es una escuela de estilo. Nunca ha sido un boxeo aguerrido como otros, aunque sí hemos tenido individualidades muy fuertes y muy exigentes”.
Para Osmiri reducir el debate a que “el cubano no aguanta presión”, como han dicho por ahí fanáticos y expertos de todo tipo, es una mera simplificación injusta que ignora décadas de historia y campeones forjados en los momentos más difíciles.
Y entonces comenzaron a salir nombres.
Mencionó a Joel Casamayor, a Yuriorkis Gamboa, a Erislandy Lara y a Luis Ortiz como ejemplos de peleadores capaces de soportar guerras, situaciones y escenarios adversos, que llegaron a ser admirados por haber enfrentado esas “presiones’’ a que se refieren los críticos
“Luis Ortiz tuvo dos peleas donde puso en malas condiciones a un campeón como Deontay Wilder y pudo haber ganado”, recordó.
“Entonces no se puede decir que el cubano no tiene corazón. Cada caso es muy particular, diferente. No se puede generalizar”.
Patrón peligroso
Sin embargo, Fernández sí cree que existe un patrón peligroso que se repite demasiado entre muchos boxeadores de la isla: la subestimación del rival, el creer que el talento puro lo puede todo en un mundo donde los oponentes vienen con grandes motivaciones contra un cubano.
“Eso nos pasa mucho. El cubano muchas veces se siente superior y no hace la preparación adecuada para una pelea de ese nivel”, afirmó.
“Yo pienso que más que falta de valor, el problema está en la subestimación”.
El entrenador considera que muchos peleadores llegan al profesionalismo arrastrando una mentalidad heredada de una carrera amateur dominante, llena de títulos mundiales y olímpicos, pero que el boxeo moderno exige otra mentalidad.
“Todos estos boxeadores llegaron después de 20 años de carrera amateur y aun así fueron campeones mundiales o estuvieron arriba en los rankings”, explicó.
“Pero hoy el boxeo profesional es diferente. La preparación física y mental lo es casi todo”.
Enemigo silencioso
Y ahí, según Osmiri, aparece otro enemigo silencioso: el éxito temprano.
“El boxeador cubano siempre ha sido de hambre”, señaló.
“Desgraciadamente, al noventa por ciento le pasa esto cuando se le mata el hambre. Cuando cobran el primer cheque grande parece que se olvidan del camino por donde vinieron”.
La frase no salió desde la crítica vacía, sino desde la experiencia. Fernández asegura haber trabajado con más de 30 peleadores cubanos desde su llegada a Estados Unidos -como Gamboa y Ortiz- y reconoce que el ego suele convertirse en un obstáculo.
“El ego del cubano es diferente”, apuntó.
“Muchas veces uno quiere dar un consejo constructivo y no lo toman así”.
Por eso, si tuviera que darle una recomendación a cualquier joven pugilista cubano recién llegado al profesionalismo, no hablaría primero de técnica ni de pegada.
“Humildad”, respondió sin dudar. “Humildad y entregarse al ciento por ciento al boxeo”.
Fernández insiste en que el boxeo actual depende casi completamente de la preparación.
“Este boxeo moderno tiene 90 o 95 por ciento de preparación y apenas un pequeño porcentaje técnico y táctico”, aseguró.
Entorno dañino
“Talento al cubano le sobra, pero el gimnasio es vital”.
También cree que parte de la presión alrededor del boxeador cubano nace de las enormes expectativas que genera desde el inicio. Cada derrota parece amplificarse bajo una lupa distinta.
“Siempre va a estar bajo la lupa”, afirmó.
“Porque viene de ganar mundiales, olimpiadas y de tener 200 peleas amateus”.
Pero Fernández fue todavía más lejos al tocar un tema delicado: el rol del propio entorno cubano.
“El cubano para criticar es un monstruo”, soltó en referencia a los aficionados que opinan sobre el tema.
“Pero muchas veces no sabe realmente qué está pasando alrededor del peleador, ni cómo fue su preparación ni lo que vive en su vida personal”.
Aun así, lejos de perder la fe, Fernández cree que la nueva generación todavía puede cambiar esa narrativa.
La receta, según él, sigue siendo sencilla, aunque difícil de sostener en el tiempo: humildad, disciplina y hambre.
Porque para Fernández el problema nunca ha sido el talento del boxeador cubano. El verdadero combate, asegura, está ocurriendo en la mente.