MMA

Charles Oliveira: El fénix brasileño que nunca deja de renacer. ¿Podrá hacerlo una vez más ante el Matador?

Charles Oliveira enfrenta a Ilia Topuria en la pelea estelar de la UFC 317, el sábado en Las Vegas.
Charles Oliveira enfrenta a Ilia Topuria en la pelea estelar de la UFC 317, el sábado en Las Vegas. Especial para el Nuevo Herald

Hay peleadores que nacen tocados por la varita del talento. Otros deben forjarse a fuego, entre la crítica y el escepticismo, hasta moldear una versión de sí mismos que inspire respeto. Charles Oliveira ha sido ambas cosas.

Niño prodigio de la sumisión y luego víctima de la inconsistencia, ha recorrido uno de los caminos más dramáticos —y redentores— en la historia reciente de la UFC.

Ahora, en la UFC 317, vuelve a estar en el foco, frente a un fenómeno llamado Ilia Topuria, en lo que muchos ven como la última gran cruzada del guerrero de Guarujá. ¿Podrá renacer una vez más ante “El Matador’’ o su estrella se apagará por siempre el sábado en Las Vegas?

“Soy un tipo que sigue teniendo sed, que siempre busca la victoria’’, expresó Oliveira a el Nuevo Herald y a otros periodistas a través de un intérprete en el día de medios del UFC 317, el miércoles.

“Esto es por mi legado, por mi historia. Estoy listo para esta pelea. Es más joven, llega invicto, pero ¿lo quiere más que yo? ¿Tiene más hambre, más sed que yo?’’.

Cuando Oliveira debutó en el octágono en 2010, lo hizo como una tormenta tropical.

Rápido, creativo, explosivo en el suelo. Pero también como una promesa frágil. Subidas y bajadas marcaron sus primeros años en la empresa. Perdía peleas que debía ganar. Se le acusaba de “quebrarse’’ en los momentos grandes. Y como suele pasar, la narrativa se impuso sobre la realidad: no era confiable. No era de los que se levantan después de caer.

Pero algo cambió en 2018. Fue como si la madurez, la serenidad y la fe en su técnica finalmente se alinearan. En su nuevo peso de 155 libras, Oliveira encadenó victoria tras victoria, perfeccionó su striking, dejó de buscar la sumisión desesperada y se convirtió en un peleador más paciente, más cruel, más letal. De pronto, lo que antes era caos desordenado se volvió cálculo clínico. Nació “Do Bronx’’ versión 2.0, y con él, el campeón.

La cima llegó en mayo de 2021. Noqueó a Michael Chandler en Houston y se convirtió en rey de peso ligero. Una imagen poderosa: el muchacho que había sido subestimado tantas veces, llorando con el cinturón en la cintura. Pero si algo ha definido su carrera es que cada ascenso es seguido por un nuevo reto. Defendió con éxito contra Dustin Poirier y Justin Gaethje, pero perdió el título en la báscula antes de enfrentar a Islam Makhachev. El brasileño volvía a estar contra la pared.

Y ahí está lo admirable de Charles. Cuando muchos pensaban que Makhachev había expuesto sus límites, regresó con una actuación sensacional contra Beneil Dariush. No fue solo una victoria, sino una declaración: sigo aquí y quiero volver a lo más alto.

Ahora, en UFC 317, se mide a un hombre que se convirtió en campeón pluma venciendo a leyendas como Alexander Volkanovski y Max Holloway - por la vía del nocaut, ni más ni menos- y que quiere hacer historia inmediata.

Oliveira, sin embargo, es el guardián del peso ligero. Y no piensa ceder su trono simbólico tan fácilmente.

Su estilo es un poema de violencia técnica. Posee la mayor cantidad de sumisiones en la historia de la UFC, pero ya no depende solo del jiu-jitsu.

Su striking ha evolucionado con ganchos afilados, rodillazos sorpresivos y un clinch que hace daño. Te lleva al infierno, y si sobrevives, lo hace de nuevo. Su capacidad de absorber castigo y volver más fuerte parece sacada de un cómic de superhéroes.

Pero no es solo su técnica lo que ha enamorado al público. Es su transparencia. Su historia de superación, de pobreza, enfermedad infantil y caídas profesionales, conecta con miles. No es un peleador de frases hechas ni de postureo.

Habla desde el alma, con humildad, con una sonrisa que no esconde cicatrices. Los aficionados lo han adoptado como símbolo de redención, de que nunca es tarde para renacer.

Claro, aún hay dudas. Su defensa sigue siendo un punto vulnerable. Y Topuria no es cualquier rival: es joven, invicto, con dinamita en ambas manos.

Si Oliveira deja huecos, el español los va a explotar. Pero él ya ha estado ahí antes. Ha visto la oscuridad, ha tocado fondo. Y en lugar de romperse, ha aprendido a brillar desde las sombras.

La pelea en UFC 317 no es solo un choque de estilos. Se muestra como un duelo entre generaciones, entre el fuego nuevo y la llama que se niega a apagarse.

Oliveira no solo quiere ganar, quiere demostrar que aún puede escribir capítulos gloriosos. Porque en su libro, cada página viene con sangre, con fe, y con una palabra que lo define mejor que ninguna otra: resiliencia.

‘Cada boxeador tiene diferentes niveles y enfoques de las cosas’’, comentó Oliveira.

“Ilia es muy joven y tiene mucha hambre. También está invicto. Pero aún tiene mucho que demostrar.. En realidad, todo el mundo sabe lo que va a pasar. Es otro tipo que está hablando y que se va a doblegar ante mí’’.

Y cuando la jaula se cierre en Las Vegas, no veremos solo a Oliveira peleando por una victoria más.

Veremos a un hombre que ha vivido mil vidas dentro del octágono. Un peleador que se cayó, se levantó, y ahora está listo para demostrar —una vez más— que no importa cuántas veces te derriben, lo que importa es cómo decides volver.

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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