MMA

Máxima tensión entre Khamzat Chimaev y Sean Strickland obliga a medidas extremas de seguridad

La UFC refuerza protocolos, separa a los peleadores en hoteles distintos y evita careo entre Khamzat Chimaev (izq.) y Sean Strickland ante una rivalidad que amenaza con desbordarse antes de la pelea.
La UFC refuerza protocolos, separa a los peleadores en hoteles distintos y evita careo entre Khamzat Chimaev (izq.) y Sean Strickland ante una rivalidad que amenaza con desbordarse antes de la pelea.

La UFC ha visto de todo en sus más de tres décadas de historia, pero lo que se vive en la antesala del UFC 328 en Newark, Nueva Jersey, entra en una categoría aparte: esto no es solo promoción, es pólvora real regada en un escenario donde cualquier chispa puede provocar un incendio.

El próximo sábado, en el Prudential Center, el invicto campeón de peso medio Khamzat Chimaev pondrá en juego su corona ante el exrey Sean Strickland, pero la verdadera pelea parece haber comenzado hace semanas, lejos del octágono, en declaraciones que han cruzado la línea de lo deportivo hacia lo peligrosamente personal.

No es casualidad que el presidente de la UFC, Dana White, haya ordenado un despliegue de seguridad pocas veces visto.

La organización ha decidido aumentar la presencia policial, cancelar ciertos actos promocionales e incluso alojar a los peleadores en hoteles separados para evitar cualquier encuentro fortuito.

El motivo no es menor. Strickland ha lanzado amenazas explícitas que han estremecido al entorno de las MMA, llegando a sugerir que respondería con violencia extrema si se cruzara con Chimaev antes del combate.

Y en la otra esquina, el campeón no ha bajado el tono, respondiendo con frases igual de escalofriantes que dejan claro que aquí no hay espacio para la cordialidad.

En ese contexto, la UFC ha optado por eliminar incluso el tradicional careo promocional previo, una medida inédita para una pelea de este calibre.

La prioridad es una sola: que ambos lleguen al sábado sin que la rivalidad explote antes de tiempo.

Y es que esta no es una enemistad fabricada. Durante meses, ambos han intercambiado insultos, acusaciones y relatos de viejas cuentas pendientes, elevando la narrativa a un punto donde, como el propio Strickland ha dicho, “morirán enemigos”.

El combate, además, tiene un peso deportivo enorme. Chimaev, invicto y dominante, busca consolidar su reinado en las 185 libras, mientras Strickland llega con la misión de recuperar el cinturón y, de paso, ajustar cuentas personales.

Es la combinación perfecta para un choque que promete ser tan intenso como impredecible.

Pero más allá de títulos y récords, lo que hace especial a este UFC 328 es esa sensación de que todo pende de un hilo. La empresa de artes marciales mixtas no solo está organizando una cartelera; está conteniendo una tormenta, una turbulencia en el horizonte.

Porque cuando una entidad de deportes de combate decide duplicar seguridad, separar hoteles y cancelar careos, no es por precaución… es porque sabe exactamente con qué está lidiando.

El sábado, cuando la jaula se cierre en Newark, no solo se enfrentan dos peleadores de élite. Se enfrentan dos hombres que han llevado la rivalidad a un terreno donde el odio es tan protagonista como el talento. Y en ese tipo de escenarios, cualquier cosa -absolutamente cualquier cosa- puede pasar.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de mayo de 2026, 11:30 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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