MMA

Conor McGregor: el fenómeno que la UFC no ha podido reemplazar

Conor McGregor acumula derrotas, lesiones e inactividad, pero continúa generando una expectativa que ninguna otra estrella de la UFC ha logrado igualar.
Conor McGregor acumula derrotas, lesiones e inactividad, pero continúa generando una expectativa que ninguna otra estrella de la UFC ha logrado igualar. Getty Images para Cantor Fitzgerald

Durante años se ha repetido la misma pregunta cada vez que aparece un rumor sobre el regreso de Conor McGregor: ¿por qué sigue importando tanto?

La respuesta parece desafiar toda lógica deportiva. En cualquier otra disciplina, un atleta que apenas ha competido en el último lustro, que suma más derrotas que triunfos en sus peleas recientes y cuya carrera parece vivir más de anuncios que de combates, habría dejado de ocupar titulares hace tiempo.

Pero McGregor nunca fue un caso normal.

Lo verdaderamente extraordinario no es que todavía despierte interés entre quienes lo vieron conquistar dos cinturones de la UFC.

Lo realmente sorprendente es que también se haya convertido en un ídolo para miles de jóvenes aficionados que jamás experimentaron en directo aquella época en la que el irlandés parecía capaz de convertir cada conferencia de prensa, cada pesaje y cada pelea en un acontecimiento mundial.

El personaje supera al peleador

Eso ocurre porque McGregor dejó de ser únicamente un peleador hace mucho tiempo. Se convirtió en un personaje. Los grandes campeones venden resultados. McGregor vendía historias.

La UFC había tenido figuras enormes antes que él, pero ninguna entendió el entretenimiento como el irlandés. No bastaba con prometer una victoria; había que construir una narrativa alrededor de ella.

El muchacho de los barrios humildes de Dublín que anunciaba exactamente cómo iba a terminar la pelea y después salía a cumplirlo terminó creando una especie de superhéroe imperfecto que atrapó incluso a quienes nunca habían seguido las artes marciales mixtas.

Aquellos 13 segundos frente a José Aldo no solo cambiaron una división. Cambiaron la manera de vender un combate.

Con McGregor, el público no compraba únicamente un evento de pago por visión. Compraba el siguiente capítulo de una serie. Y las series exitosas nunca desaparecen del todo. Las redes sociales se encargaron del resto.

La generación que hoy consume deportes vive a través de videos de treinta segundos. Muchos adolescentes conocen más frases de McGregor que resultados de sus últimas peleas.

El algoritmo de TikTok, Instagram o YouTube sigue alimentando diariamente ese personaje: el nocaut espectacular, el insulto inolvidable, el traje extravagante, la caminata inconfundible hacia el octágono, la seguridad absoluta frente a cualquier rival.

Para ellos, McGregor nunca se fue. Simplemente, aparece cada día en la pantalla como si siguiera siendo el protagonista principal.

También existe un ingrediente que el deporte nunca podrá reemplazar: la polarización. Los grandes negocios del entretenimiento no necesitan que todo el mundo adore a una figura. Necesitan que nadie permanezca indiferente. McGregor domina ese terreno como pocos atletas en la historia reciente.

Su récord se discute, su impacto comercial no

Hay quienes desean verlo recuperar la gloria. Otros pagarían únicamente para presenciar otra derrota. Ambas emociones generan exactamente el mismo resultado para la UFC: millones de espectadores pendientes del mismo evento.

Ese es un talento que no aparece en las estadísticas. Su récord puede discutirse. Su impacto comercial, no.

Además, el legado pesa. Fue el primer campeón simultáneo en dos divisiones de la UFC cuando aquello parecía imposible. Después cruzó al boxeo para enfrentar a Floyd Mayweather y demostró que un peleador de artes marciales mixtas podía convertirse en una superestrella global capaz de mover cifras reservadas para el deporte más grande del planeta.

Desde entonces, muchos han ganado cinturones. Ninguno ha conseguido alterar el modelo de negocio como él. Por eso, cada vez que aparece un rumor sobre su regreso, las redes explotan, los programas deportivos abren con su nombre y la UFC vuelve a girar alrededor de un hombre que hace años dejó de dominar dentro del octágono.

Es una paradoja fascinante. McGregor ya no necesita ganar para seguir siendo noticia. Su victoria más importante ocurrió hace tiempo, cuando dejó de depender de los resultados para mantenerse vigente. Alcanzó ese extraño territorio reservado para muy pocos deportistas, donde el personaje termina siendo más grande que el atleta.

Y mientras ese mito siga alimentándose en internet, habrá millones de personas esperando la próxima vez que la puerta del octágono se cierre detrás de él.

Quizá algunos quieran volver a verlo ganar. Muchos solo estarán allí para comprobar si, esta vez sí, el mito finalmente se derrumba.

En cualquier caso, todos estarán mirando. Ese, después de tantos años, continúa siendo el verdadero poder de McGregor.

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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