El destrozador de imposibles quiere ser el mejor gladiador de la historia en deportes de combate
Henry Cejudo sigue desafiando lo imposible. Cuando venció el 19 de enero a TJ Dillashaw para defender su faja de las 125 libras, el gladiador confirmó que de ahora en adelante sería un error apostar en su contra. Dígale que algo no se puede alcanzar y habrá desencadenado en él una reacción indetenible.
Que nadie le diga a Cejudo que no se puede. Él encontrará la manera. Campeón olímpico en Beijing 2008 a los 21 años, una década después sigue siendo una figura relevante, inspirando a millones con su historia de hijo de emigrantes al que nadie le regaló nada.
De visita por Miami, Cejudo visitó las oficinas de el Nuevo Herald y confesó sus sueños de conquistar otra faja mundial, aunque también se ha trazado nuevas metas en un terreno muy diferente al octágono: encontrar una esposa y tener un hijo.
Contra Dillashaw, una vez más te vieron como el que iba a perder.
“Que me vean así, eso me motiva, me ayuda mucho. Me hace tener más fanáticos, porque la gente me ve como el más debil y luego mis victorias me ayudan a llevar un mensaje más poderoso’’.
¿Te alimentan las dudas de los otros?
“Lo importante es que mi posición te dice a ti que algún día puedes estar igual que yo, considerado un posible perdedor, y creas en ti, en que puedes vencer. Y qué bonito se siente mostrarles a todos que lo puedes hacer’’.
¿Cómo ves la revancha con Dillashaw?
“Vamos a chocar en las 135 libras. Yo le di un chance por el cinturón mío y creo que él ahora me dará el chance a mí. Quiero tener dos cinturones, y cuando le gane en su división voy a ser, libra por libra, el mejor peleador del mundo en la UFC’’.
¿Desaparecerá la categoría mosca en la UFC?
“No se sabe. Yo ya hice mi trabajo. Si ellos la quieren eliminar, pues está bien. Yo les gané a los dos mejores del mundo, Demetrius Johnson y Dillashaw. La UFC me quiere y me respeta mucho, pero Johnson era tan dominante que quizá estaban cansados, pero era el mejor, 11 defensas del título’’.
¿Quisieras una tercera pelea contra Johnson?
“Sin duda, después de una victoria de él y otra mía, me gustaría terminar mi carrera con una trilogía. Ese sería el punto culminante. Quiero ganarle, terminar y retirarme’’.
Campeón olímpico de lucha y de la UFC, quieres ser campeón en dos divisiones, ¿qué significaría eso?
“Eso diría que soy el mejor en la historia de los deportistas de combate. Eso es algo que ya me lo creo ahorita, porque nadie ha sido campeón en dos deportes tan difíciles. Nadie ha hecho lo que yo he hecho. Eran metas que yo tenía con 17 años y las estoy logrando ahora’’.
Uno puede ser campeón de boxeo amateur y luego profesional, pero la lucha no es precisamente UFC.
“Respeto mucho a quienes han sido campeones olímpicos y luego profesionales: Lomachenko, Oscar de la Hoya, Sugar Ray Leonard, Muhammad Alí. Ellos te dirán que lo más difícil fue convertirse en campeones olímpicos’’.
En Beijing tampoco nadie te daba como favorito.
“Te puedo contar tantas historias, pero siempre he sido mi fanático número uno. Me critico muy fuerte, pero creo en mí, en lo que puedo hacer. Lo bonito es que mi historia ya está escrita, y todavía se está escribiendo. Tengo 32 años, aunque no quiero pensar para siempre’’.
Entonces, ¿tu mensaje es más poderoso?
“Sí, el mensaje no cambia: tener la clave del éxito en la vida, quiero que la gente vea lo que he sacrificado, lo que he luchado para ganar. Me siento orgulloso, pero tampoco estaría aquí sin mi equipo, mi familia, la gente que te apoya’’.
¿Cómo te ves dentro de 10 años?
“Retirado, con suerte en el Salón de la Fama de la UFC, como ya lo he logrado en la lucha. Con hijos, espero encontrar a mi esposa. Estoy soltero. He sacrificado todo, el tener una familia, para lograr mis metas. Pero ya tengo la fiebre de tener un hijo, mi novia, mi esposa’’.
El mensaje, entonces, también está en el enfoque, en ese sacrificio.
“Tengo 32 años, solotero y no tengo hijos, pero soy campeón mundial y olímpico, y eso nadie me lo puede quitar’’.
RECUERDOS DE BEIJING 2008, UN ORO INOLVIDABLE
Sus compañeros de equipo le llaman Bebé, pero Henry Cejudo se ha convertido en un hombre de tanto batallar con la vida y de recibir golpes que duelen más en el alma que en el cuerpo, de esos que dejan heridas invisibles.
Pero ni toda esa fortaleza pudieron impedir que Cejudo llorase como un niño cuando recibió su medalla de campeón olímpico de lucha libre al vencer al japonés Tomohiro Matsunaga en la división de 55 kilos.
“Fue como si esa medalla resumiera todo lo que he pasado”, expresó Cejudo. “Sé que la frase se ha dicho muchas veces, pero estoy viviendo mi sueño americano en este momento y por qué no, un sueño mexicano”.
En lo más alto del podio, con la medalla apretada entre las manos como si quisiera quebrarla en dos, Cejudo pensó en su madre y en su familia en ese México que siempre lleva cerca, a pesar de no haber nacido en allí.
Sólo de oídos sabe Cejudo cómo su madre, Nelly Rico, cruzó la frontera junto a su padre, como tantos indocumentados, para buscar un mundo mejor, y de sus movimientos constantes, de ciudad en ciudad, guiada a veces por la voluntad y otras por el destino.
“Ella ha hecho mucho por mí y por mis hermanos’‘, explicó Cejudo. “Ojalá pudiera quitarme la medalla y ponerla en su cuello, el oro será para ella. Nosotros le decíamos en casa La Terminator, porque es una señora muy fuerte. Sólo así nos sacó adelante”.
Apenas guarda vagos recuerdos de su padre y le costó trabajo entender por qué un día su madre los vistió en silencio a él y a sus seis hermanos para escapar de Los Angeles en medio de la noche e impedir que Jorge Cejudo --un hombre con largas estancias en prisión-- no pudiera detener la huida.
“Jesucristo es su padre”, solía decirles Rico, que trabajaba lo mismo en la construcción que limpiando casas para poder llevar a la casa el pan, que tampoco era abundante.
Y cuando la situación empeoraba, otra vez al camino, a Nuevo México, a Arizona; nuevas caras, otros horizontes, el mismo sentido de supervivencia; la creencia en un futuro diferente en otra parte.
Cejudo perdió la cuenta de cuántas veces se mudó.
“Henry es uno de los mejores testimonios del espíritu de lucha de Estados Unidos”, afirmó su entrenador, Michael Duroe, sobre su pupilo. “Si uno es fuerte interiormente, puede lograr lo que se proponga, aunque la vida le ponga los retos mayores”.
Fue en este constante forcejeo por la vida que Cejudo vio cómo su hermano Ángel, quien le llevaba 16 meses de edad, se convirtió en un aficionado a la lucha y le metió en el cuerpo el amor por ese deporte.
Todos decían que Ángel sería un fenómeno en la lucha libre, y no por gusto ganó cuatro campeonatos estatales en Phoenix, pero desde las sombras Henry Cejudo se reveló como un atleta superior.
A los 18 años se convirtió en el primer atleta de nivel secundario en ganar un torneo nacional de lucha sin pasar por el tradicional filtro colegial.
Cuando finalmente venció a su hermano, no sabía qué hacer, si correr a abrazarlo o quedarse parado con la mano levantada en señal de victoria. Fueron segundos que parecieron siglos.
“Esta medalla de oro laa he ganado para Estados Unidos, pero también para México, porque la sangre es más fuerte que todo”, explicó Cejudo. “Veo todos los días gente cruzando la frontera. Algunos logran el sueño, otros no. Pero yo les digo que el esfuerzo y la determinación lo pueden todo”.
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de febrero de 2019, 1:04 p. m..