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Este gladiador cubano se juega la vida todos los días por cumplir una promesa

YOEL ROMERO y Jorge Romero (d) durante una entrevista en el programa de Facebook El Vikingo y Ebro Live el 19 de marzo en Miami.
YOEL ROMERO y Jorge Romero (d) durante una entrevista en el programa de Facebook El Vikingo y Ebro Live el 19 de marzo en Miami.

Cada vez que va a entrenar, Yoel Romero sale de su casa sin saber si regresará como el mismo guerrero formidable que asombra al mundo por su durabilidad y coraje. El Soldado de Dios lleva consigo, y sin que nadie lo vea, un desafío cruel donde se juega la vida todos los días.

Romero besa a sus hijos antes de partir al gimnasio y todavía recuerda las palabras de los doctores del Hospital Jackson, cuando en el 2012 le dijeron de manera tajante: “tu carrera como deportista ha terminado, si es que quieres salvar tu vida’’.

“Yo llevaba poco tiempo en este país y ya me veía como un gran campeón y me parecía que todo me sonreía, hasta que sufrí una lesión en el cuello durante un entrenamiento’’, recordó Romero. “El dictamen médico fue un golpe muy duro, más duro que todos los que había recibido encima de un colchón de lucha o en la caja de MMA’’.

Tras quedarse en Alemania, Romero había reanudado su competencia en la Bundesliga de Lucha y luego comenzó un ascenso meteórico en Artes Marciales Mixtas que atrajo la atención de la UFC.

La lesión en el cuello se produjo después de su debut estadounidense en la difunta asociación de MMA Strikeforce, cuando cayó en septiembre del 2011 frente al brasileño Rafael Cavalcante.

De no operarse de inmediato, el medallisa olímpico de Sidney 2000 y multiganador de Copas del Mundo en la lucha libre, habría quedado parapléjico e incluso podría perder su vida por la degeneración de los músculos en la zona afectada.

Varias horas después y luego de 14 tornillos que le insertaron para fijarle las vértebras quebradas en el cuello, Romero solo pensaba en su regreso al octágono, en nadar contra la corriente de la realidad y la recomendación médica.

Todavía se puede ver la profunda cicatriz que llevará como trofeo por el resto de su vida y cada vez que debe mover el cuello tiene que hacerlo con el tronco completo, porque perdió la capacidad de girarlo de manera independiente.

“Me dijeron que no podría correr hasta por lo menos un año, pero yo estaba tirando golpes a los cuatro meses’’, agregó Romero. “Sencillamente, no acepté lo que dijeron los médicos, sabiendo todo lo que eso significaba. Salí de Cuba para convertirme en campeón del mundo, para darles un futuro mejor a mis hijos. No iba a romper esa promesa’’.

Cuando regresó a la acción el 20 de abril del 2013 en el evento UFC on FOX 7, Romero no solo derrotó por la vía rápida a Clifford Starks, sino que ganó el premio de Nocaut de la Noche. Entonces lloró como nunca antes.

Fue el inicio de un nuevo capítulo que le ha llevado a convertirse en uno de los más aclamados guerreros de las Artes Marciales Mixtas, una leyenda que, a los 41 años, acaba de firmar una extensión de contrato con la UFC.

Pero el peligro sigue ahí. Romero sabe que un golpe mal dado –en el circuito más brutal de las disciplinas de combate- en el cuello podría desajustar los tornillos y colapsar el cuello con consecuencias terribles.

“Dicen que uno da la vida por sus hijos y Dios me da la oportunidad de demostrarlo todos los días’’, expresa Romero, quien el 27 de abril pelea en el BB&T Center, en Sunrise, contra Jacaré Souza. “Salgo a buscarme el pan todos los días, pero no sé si volveré sano o simplemente si volveré. Pero no tengo miedo y estoy dispuesto a pasar esta prueba constante. Uno debe estar dispuesto a correr riesgos y no tener miedo’’.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de marzo de 2019, 8:08 a. m..

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