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Hace décadas suspendía todo para admirar a Yoel Romero. Ahora se ha convertido en su entrenador en la UFC

YOEL ROMERO junto al entrenador Pedro Lay en el gimnasio donde tuvieron su campamento para el choque del 17 de agosto.
YOEL ROMERO junto al entrenador Pedro Lay en el gimnasio donde tuvieron su campamento para el choque del 17 de agosto.

Cada vez que Yoel Romero peleaba en el gimnasio de lucha, el de taekwondo se vaciaba. Pedro Lay no tenía más remedio que darles permisos a sus 24 pupilos para que fueran a ver al prodigio de Cuba sin pensar que muchos años más tarde sería una figura fundamental en la prolongación de su leyenda.

Pero en aquella década del 90, Lay era el principal entrenador del equipo olímpico de taekwondo y solo miraba a Romero con la admiración lejana de quien contempla otra disciplina, aunque siempre los unió ese respeto de aquellos que viven y conviven en los deportes de combate.

“A mí siempre me llamó la atención Romero, cuando peleaba era un espectáculo, era como si el mundo se detuviera’’, comentó Lay, actualmente coach principal del guerrero de la UFC. “No podía decirles que no a mis muchachos. Romero era una inspiración para ellos, un ídolo. Yo les decía a mis alumnos: quiero que cuando peleen, se entreguen como Romero’’.

Por aquel entonces, el centro de alto rendimiento de la lucha olímpica quedaba a cuatro metros del gimnasio de taekwondo en el Cerro Pelado y existía una familiaridad entre los deportistas que iba más allá de la actvidad muscular. Lay llevaba más de 15 años de jefe de entrenadores del arte marcial coreana y se le consideraba una eminencia en la transmisión de conocimientos.

“Llegó un momento en que Yoel no tenía rivales en Cuba y luego dominó en el mundo’’, recordó Lay, nacido en La Habana. “La gente gravitaba hacia él y nunca imaginé que la vida nos iba a reunir tanto tiempo después y en una disciplina muy distinta a lo que él practicaba y yo enseñaba’’.

Después de su plata olímpica en Sydney, Romero comenzó una carrera profesional en Alemania que le abrió las puertas de la UFC y de los Estados Unidos como mercado, donde se ha convertido en una figura de culto por sus tremendas batallas en el octágono y su longevidad para mantenerse en la élite.

Lay, por su parte, llegó a principios de la década a Estados Unidos y abrió una academia de taekwondo, sin dejar de seguir la carrera de Romero y sin saber que la hija del gladiador comenzaría a practicar con él esa especialidad.

“Romero llevaba a su hija a las clases y nuestra relación creció’’, apuntó Ley. “Un día me dijo que quería hacer algo conmigo, sin compromiso...pero ese compromiso fue afianzándose y ya llevamos un buen tiempo juntos’’.


Si Romero tuvo que empezar de cero y sumarle a la base de su lucha porciones de otros deportes como el boxeo y el jiu jitsu, Lay también diversificó sus conocimientos y hoy es una figura respetada en el mundo de las artes marciales mixtas, afincado en el área de Eureka, al sur de Miami.

“Por más de 10 años fui parte del equipo nacional de karate, practiqué judo, algo de boxeo, y por supuesto el taekwondo’’, explicó Ley. “Las MMA las veía como una barbaridad y no se las recomendaba a nadie. Pero al entrar a este mundo me doy cuenta de que nada está por encima de esto. Cuando tú dominas todo para brillar en la UFC, te conviertes en un atleta complejo’’.

En el caso de Romero, todo le viene de familia. Su padre, hermanos, sus tíos, sus primos forman parte de una tradición de guerreros donde han surgido campeones mundiales y olímpicos. No por gusto sus mejores acciones en la jaula han surgido de sus puños.


Por estos días, Lay y Romero han puesto punto final a una preparación -quizá la mejor de su carrera- para un choque el 17 de agosto contra Paulo Costa, un joven guerrero brasileño que busca poner punto final a la leyenda del cubano de 42 años. Un triunfo le abriría las puertas de un combate contra el campeón del mundo mediano.

“Yoel es un caso único, todas las pruebas que se le hacen indican que aumenta sus niveles de fuerza’’, recalcó Lay. “Ya a su edad era para que todo fuera estable, pero no es así, su capacida de reacción se mantiene, su velocidad, su explosividad. A Yoel le pudieran quedar 10 años más, porque se mantiene como si tuviera 20. Quizá también le ayuda que es un hombre espiritual, de fe religiosa y familiar. Cada vez que le desean suerte antes de un combate, él suele decir que la suerte se la deseen al otro’’.

Recién salido del programa Exatlon, el cubano Yoel Romero vive con ilusión su pelea del 27 de abril en el sur de la Florida contra Jacare. Habla sobre su carrera y lo que le motiva a seguir en el octágono más allá de los 40 años.

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