Otros Deportes

El Soldado de Dios ve como su oportunidad de ser rey de la UFC se esfuma en las boletas de los jueces

El Campeón de la Gente, el Soldado de Dios no pudo convertirse en campeón de la UFC. Yoel Romero, una leyenda viva que a los 42 años se convirtió en retador del rey mediano, fue superado por Israel Adesanya, quien realizó la primera defensa de su título.

Y decir que fue superado es un frase hueca, porque cuando anunciaron la decisión unánime la T-Mobile Arena estalló en abucheos. Quedaba claro que Romero había dado los mejores golpes y robado la mayoría de los asaltos, aunque los jueces vieran lo contrario.

“Escuchen, escuchen, esta es mi victoria’’, dijo Romero cuando el público lo ovacionó. “La gente quiere ver a un verdadero campeón, no alguien que corre. Quiere ver un campeón en el medio. Eso es lo que la gente quiere ver aquí’’.

Aunque lo alcanzado por Romero más de 20 años después de haber ganado su primera Copa del Mundo como luchador amateur puede calificarse de hazaña, lo cierto es que se irá de las Artes Marciales Mixtas sin el codiciado cinturón de plata y oro que ofrece la UFC.

Adesanya, quien tenía apenas nueve años cuando Romero ganaba su primera Copa del Mundo en 1998, no mereció llevar la corona, mientras que el Campeón de la Gente, una vez más, quedó con el dolor de haber hecho lo mejor posible.

“La gente paga un PPV porque quiere ver una verdadera pelea’’, agregó Romero. “La gente quiere ver un espectáculo, no ver a la gente corriendo’’.

Romero comenzó estático, como si estuviera en una invitación especial para que Adesanya moviera ficha primero, pero en los primeros minutos apenas hubo acción, hasta que el cubano descargo un volado de izquierda que llamo la atención del campeón.

Para el segundo asalto, Romero volvía a descargar el volado de zurda que estremecía a Adesanya, quien cambiaba de posición en busca de sorprender al retador sin lograrlo, porque el de Pinar del Río se mantenía en guardia y atacaba en racimos de acción.

Sin hacer nada espectacular, Romero siguió apelando al contraataque, mientras Adesanya apelaba al juego de patadas para debilitarlo, pero en ningún momento lograba conectar, ni arriba ni abajo, un golpe de impacto que hiciera valer su calidad de guerrero.

“Estaba muy frustrado, porque mi compañero de baile no quería bailar’’, comentó Adesanya. “Kelvin Gastelum vino a pelear. Robert Whittaker vino a pelear. Se requieren dos para bailar tango. Yo trato de pelear y tú te quedas ahí. Solo creo que perdí el primer round’’.

Adesanya y Romero se combinaron para 88 strikes importantes, el total más chico en una pelea de título mediano desde la UFC 112, cuando Anderson Silva y Demian Maia conectaron 71 golpes significantes.

Ante la poca acción y la impaciencia del público, el árbitro les exigió más a ambos en el cuarto round y ciertamente Romero trato de presionar más, persiguiendo a un Adesanya que se movía fuera del área de impacto y sin evitar un derribo del cubano que seguía sumando con lo mínimo.

Más allá de todo lo mucho o poco que hubiera hecho Romero, quedaba claro que el quinto round iba a ser definitivo en una pelea demasiado cerrada por el escaso volumen de golpes y ambos salieron a dar el todo por el todo.

Una vez más el volado de izquierda llegaba al rostro de Adesanya, quien insistía en patear y para nada recordaba al hombre que había doblegado con sus manos al entonces rey Robert Witthaker.

Y cuando parecía que la corona estaba más cerca que nunca...

“Para mí, Yoel Romero presionó más y debió ganar’’, apuntó Paulo Costa, futuro rival de Adesanya. “Fue una pena de actuación de parte de Israel, le teme a pegadores fuertes como yo y Romero. Lo voy a hacer llorar cuando estamos peleando’’.

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de marzo de 2020, 1:44 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA