Otros Deportes

Cuando pasen los días de la ira, contemplaremos con otra luz a Jorge Masvidal

El efecto del golpe de Kamaru Usman en pleno rostro de Jorge Masvidal todavía provoca dolor. Son muchos los que alzan la voz para criticar al Gamebred por su derrota y le llenan de palabras fuertes, como si en ese fracaso habitara el honor de una ciudad, de una bandera, de un país.

Como un árbol caído al que le llueven hachazos, la imagen pública de Masvidal recibe los embates de la opinión pública. Las expectativas eran enormes, las ilusiones grandes por igual, pero la realidad marchó por un rumbo diferente y el campeón, como predecían expertos, siguió siendo campeón.

No cabe duda de que Masvidal tejió una leyenda muy bien escrita: nacido en las duras calles de Miami, pasando por experiencias difíciles, hasta tocar el cielo de la UFC y pelear dos veces por la faja mundial welter ante uno de los mejores de todos los tiempos en cualquier deportes de combate.

Aunque Masvidal merece algo de crítica, lo que no se puede olvidar aquí es el talento soberbio de Usman se elevó una más en ese octágono sudado y sangriento erigido en la VyStar Veterans Arena de Jacksonvile, de la misma manera que sucedió en julio pasado en Abu Dhabi, de la misma manera en que lo ha hecho en todas sus peleas desde que llegó a la UFC.

Usman también ha tejido una historia de respeto: de familia de emigrantes, con un padre que pasó tiempo en prisión, convertido en no solo en un campeón de primera magnitud, sino un ser humano de primera clase, interesado más en el camino para comprar el rolex y el yate que en el rolex y el yate mismos.

Quizá ni con seis días, ni con seis meses o seis años, Masvidal habría sido capaz de superar a Usman, magnífico en la lucha, crecido en el boxeo, acorazado en el espíritu. Sencillamente, el cubanoamericano chocó contra un talento superior, uno de esos que llegan de generación en generación.

¿Es el fin de Masvidal? No lo creo. Su estatura profesional ha sufrido un daño, seguro, pero con el paso de los días vendrán nuevas proposiciones, con el olvido gradual del fracaso llegarán potenciales oponentes, como, para poner un ejemplo, el perdedor entre Leon Edwards y Nate Díaz. ¿Imaginan una revancha contra este “ganster’’ de la costa Oeste por el cinturón BMF?

Ahora afloran la rabia y la decepción, pero cuando el tiempo sedimente las polvaredas de malestar, se podrá ver mejor lo logrado por Masvidal, quien de la nada llegó a ser protagonista de tres carteleras de Pago Por Ver, una en el Madison Square Garden, la otra en Abu Dhabi y esta de Jacksonville. No estamos hablando de poca cosa. Tal vez fue mucho más de lo que el mismo pudo imaginar.

Y quizá lleven razón quienes dicen que el empresario -por ahí viene su circuito de combate a mano limpia- se tragó al peleador, que la figura pública opacó al guerrero. Le toca a Masvidal sostener ese debate interior y decidir si desea seguir combatiendo al máximo de sus habilidades o mantenerse en busca de un cheque, pero al final no debe perderse el sentido principal de su travesía: los sueños son posibles, aunque el principal se le haya escapado ante un monstruo como Usman.

Para un muchacho de Miami, que peleaba por un puñado de dólares al inicio de su incipiente carrera y que ahora lo hace por millones en la UFC, esa luz no debe perderse, ni para él ni para la inspiración de esos otros que hoy se ilusionan con estar en su lugar. No todo está perdido.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de abril de 2021, 7:54 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA