Legendaria ‘vedette’ cubana cumple 95 años y sigue al pie del cañón
En Cuba nadie sabe quién es Neris Amelia Martínez Salazar, pero si alguien le pregunta a cualquier hijo de vecino si conoce a Juana Bacallao es muy probable que responda con el santo y seña de la artista sin equivocarse.
El sobrenombre se lo regaló el compositor y director de orquesta Obdulio Morales, su descubridor, quien la llevó al Teatro Martí a batirse de tú a tú con los grandes del género bufo, a principio de la década de 1950, luego de escucharla cantando en una casa mientras hacía sus labores como empleada doméstica.
El nombre pegó enseguida no solo por su sonoridad. El hecho de que el maestro le escribiera el tema Yo soy Juana Bacallao contribuyó a que esta mujer menuda, y poco agraciada, quedara en la memoria con solo verla una vez.
Este martes 26 de mayo la vedette cubana arribó a los 95 años de edad, un buen pretexto para recordar a una artista inclasificable, conocida también como “Juana la Cubana” y “La Diosa de Ébano de Cuba”, que se convirtió en leyenda de las noches habaneras gracias a su sentido de la improvisación, su carisma, sus atuendos abigarrados, su irreverencia y a su interminable anecdotario.
“Mi estilo es disfrazar las canciones. Todo sale de mi cabeza. No sé lo que hago en el escenario. Pero la gente goza”, explicó a el Nuevo Herald durante una visita a Miami, en el 2011, donde se presentó en varios programas de la televisión local y esperó el día de San Lázaro en el centro nocturno The Place.
En aquella ocasión la vedette recordó que Olga Guillot se escandalizó con su versión de Miénteme, que Nat King Cole le regaló varias muñecas cuando alternaron en el Tropicana de los años 50, sus imitaciones de Josephine Baker durante su visita a La Habana y “los platos de comida” que le dio Rita Montaner en los comienzos de su carrera.
Bacallao también afirmó orgullosa que fue “la primera mujer cubana que vio al Papa Juan Pablo II” durante uno de sus viajes a México. “¡Aquello fue muy grande! Venía jorobaíto y le pregunté por qué estaba así y me dijo: ‘un tiro que me dieron’”, rememoró.
En la entrevista la vedette recordó que se educó en el Colegio de Las Hermanas Oblatas y que, a partir de 1962, amadrinó el Leprosorio de San Lázaro, ubicado en El Rincón, un pueblo cercano a La Habana, junto con Rosita Fornés.
En cuanto a las historias que se le atribuyen, sobresale aquella que protagonizó frente al embajador de China comunista en La Habana de los años 60, cuando en su afán de elogiar a Mao Tse-tung, terminó dándole vivas a su enemigo político Chiang Kai-shek; o el momento en que después de una actuación dijo estar encantada de haberse presentado ante Fidel Castro y a sus secuaces.
Pese a que no reveló muchos detalles sobre su vida privada, la artista dijo que vivía sola en su apartamento del Municipio Playa y que sobrevivió a un fibroma que le impidió tener hijos.
Entre sus actuaciones memorables figura su participación en los espectáculos de cabaré Me voy pa’ l Brasil, La cuevas de Luis Candela y La caperucita se divierte. Sin contar sus giras por Europa, Estados Unidos y varios países latinoamericanos con el elenco de Tropicana.
Bacallao también hizo historia con sus descargas de El Gato Tuerto, un famoso club habanero ubicado en el barrio de El Vedado, donde solía acompañarse por su banda Tiembla Tierra.
En la actualidad la artista aparece como invitada especial en algún que otro programa de la televisión de la Isla, donde testigos aseveran que luce bien y sigue tan ocurrente como en sus buenos tiempos.
“Mientras tenga salud no pienso retirarme. Voy a morirme en el escenario”, afirma Juana cada vez que le preguntan sobre el tema.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de mayo de 2020, 7:27 p. m..