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Yelsy Heredia lidera concierto a beneficio de la casa de todos los cubanos, el Instituto San Carlos

El actual edificio del Instituto San Carlos en Key West, inaugurado el 10 de octubre de 1924, celebra su centenario con un concierto dedicado a la música de Israel López “Cachao” el sábado 26 de abril en Sanctuary of the Arts, en Coral Gables, y al día siguiente otro en su sede de la Calle Duval.

Todavía sigue vigente el sueño de libertad para Cuba de sus fundadores, los humildes tabaqueros –partidarios y muchas veces partícipes de las guerras por la independencia de España–, que unieron recursos para fundar el Instituto San Carlos en 1871, en una pequeña casita de la calle Ann.

Si una institución puede contar la accidentada historia de Cuba es el San Carlos. Ha vivido los momentos de mayor gloria, como el discurso de José Martí que unió a las distintas vertientes del exilio en 1892, o el establecimiento de una escuela bilingüe e integrada un siglo antes de que las escuelas públicas de la Florida lo hicieran.

También ha experimentado grandes desventuras: un fuego, un huracán, el abandono tras la llegada del castrismo, un intento de partidarios del régimen cubano de arrebatárselo a los cubanos de Miami y Cayo Hueso que con tanto esfuerzo lo restauraron entre 1985 y 1992, y ahora está en el centro de un litigio en las cortes de Estados Unidos por una reclamación de una víctima cuyo padre fue fusilado por el castrismo.

Después que el huracán de 1919 destruyó el San Carlos, para construir el actual edificio de la Calle Duval, que destaca entre bares y tiendas en la arteria más turística de Key West, los cubanos del Cayo –los “concos” como se han dado en llamar– contrataron a uno de los mejores arquitectos de Cuba entonces, Francisco Centurión.

Su sobrino nieto, el doctor José Centurión, estará presente en el concierto de recaudación este fin de semana. Durante la velada, también se presentará un documental del cineasta cubanoamericano Joe Cardona sobre el San Carlos, que a su vez se proyecta constantemente en el museo.

Al estilo de una casa cubana, de puntal alto y azulejos españoles, el edificio puede visitarse todos los días de 12 a 6 p.m. sin pagar entrada.

“Es como un templo, los padres llevan a sus hijos y a sus nietos para que conozcan de la historia de Cuba y salgan más orgullos de ser cubanos”, dijo el abogado Rafael A. Peñalver, presidente de la junta directiva del San Carlos y artífice de su restauración desde que, en 1985, cuando era presidente de la Comisión Hispana de la Florida, un grupo de exiliados se le acercó para alertarlo sobre la necesidad de salvar el edificio.

Peñalver indicó que el Instituto San Carlos siempre ha sido de los cubanos de diferentes épocas que han donado tiempo y esfuerzo para su mantenimiento, nunca del gobierno cubano, que se convirtió en su fideicomisario a partir de que donó $80,000 para la construcción del actual edificio. Luego, cuando el régimen de Fidel Castro lo abandonó, fue ocupado por desamparados y quedó en estado deplorable.

El proceso de restauración, que contó con fondos del estado de la Florida, culminó con la reapertura del edificio el 3 de enero de 1992, exactamente el día y la hora que Martí llegó por primera vez al San Carlos, dijo Peñalver.

El abogado Rafael A. Peñalver, presidente de la junta directiva del Instituto San Carlos, habla en su oficina sobre los dos conciertos a beneficio del San Carlos, que se celebran el 26 de abril en Coral Gables, y el 27 en su sede de Key West en la calle Duval.
El abogado Rafael A. Peñalver, presidente de la junta directiva del Instituto San Carlos, habla en su oficina sobre los dos conciertos a beneficio del San Carlos, que se celebran el 26 de abril en Coral Gables, y el 27 en su sede de Key West en la calle Duval. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

“El San Carlos es patrimonio sagrado de los cubanos, por eso no se cobra la entrada, no es una atracción turística”, dijo el abogado y líder comunitario, indicando que la junta del San Carlos y las personas que contribuyen a que se conserve, “mantienen la esperanza de que sea el punto de reconciliación de todos los cubanos”.

Yelsy Heredia, el músico guantanamero que lidera el concierto de este fin de semana, ¡Cachao Vive!, confesó su sueño de “caminar esos pasillos, mirar las paredes y sentir que me hablan bajito, como lo hacen las abuelas cuando cuentan historias sagradas.

“Allí caminaron patriotas, pensadores, artistas. Allí se incubó parte del alma cubana. Estar en ese lugar será como estrecharle la mano a la historia”, dijo Heredia, que respondió este cuestionario para el Nuevo Herald.

¿Qué nos traes para el concierto en apoyo al San Carlos y por qué elegiste esta causa?

En Cachao Vive verán a Yelsy 360: toco, canto y bailo… Abrazo todas las posibilidades tímbricas del contrabajo. Saliendo del rol de instrumento acompañante, el contrabajo se erige como la voz cantante, recreando temas de nuestra memoria musical como los conocidos ¡Ay, Mamá Inés! (Eliseo Grenet); Cachita (Rafael Hernández), Babalú (Margarita Lecuona), por citar algunos, y temas de autoría propia.

Creo un escenario sonoro donde pareciese que los temas fueron creados originalmente para este instrumento.

Pero no estaré solo en escena: voy en formato trío, y lo completarán el siempre sorprendente Pacho Chibás en el piano y Tany Allende en la percusión, ambos con una solvente carrera y experiencia artística. Así que… ¡Están avisados!

Elegí esta causa porque el Instituto San Carlos no es solo un edificio, es un símbolo. Quise estar presente en su centenario como quien agradece, como quien devuelve un favor antiguo.

Personas que fueron e hicieron para que hoy pudiésemos ser. Personas que pusieron medios y empeño para lograr el sueño de una Cuba libre, y esa es una deuda que se paga con música, con presencia, con corazón.

El actual edificio del Instituto San Carlos en la calle Duval de Key West fue inaugurado el 10 de octubre de 1924. Este fin de semana se celebran dos conciertos a beneficio del Instituto, en Coral Gables y en Cayo Hueso.
El actual edificio del Instituto San Carlos en la calle Duval de Key West fue inaugurado el 10 de octubre de 1924. Este fin de semana se celebran dos conciertos a beneficio del Instituto, en Coral Gables y en Cayo Hueso. Roberto Koltun El Nuevo Herald

¿Cómo llegaste al contrabajo y qué te llevó a preferirlo como instrumento?

Te lo cuento como pasó, con sinceridad de patio y pupitre. Entré en la escuela vocacional de arte de Guantánamo en piano a los 8 años. A esa edad solo había dos opciones: piano o violín.

Yo quería presumir de músico y tener unas baquetas de percusión para que me vieran en el barrio, pero eso no podía ser hasta los 10 años, cuando podía hacer un cambio de especialidad.

Entre el tira y jala, como había déficit de contrabajistas, el profesor de contrabajo, Rolando Brown, no me veía muy esmerado en el piano y me convenció para hacer el cambio.

Como ya tenía base musical, me enseñó la técnica del instrumento y me preparó una pieza muy sencilla, que practiqué durante todo el año. Cerré el curso como solista en el salón de actos, acompañado de la que fue mi profesora de piano clásico.

Ese debut fue muy celebrado por los profesores, me motivé, y ese gigante de cuatro cuerdas, a partir de entonces, formó parte indisoluble de Yelsy.

Si tuvieras que escoger un género y una canción, ¿cuáles serían y por qué?

Género: el changüí, sin pestañear. Hay que mostrar al mundo de qué estás hecho, y Yelsy es guantanamería por todos los costados; es la cadencia que me corre por las venas desde chiquito.

Y si me dan una canción para representar esa esencia, digo con humildad pero sin dudas: Lo nuestro, de mi autoría, pero es de todos también, porque su mensaje es claro como el agua: “Vamos a cuidar lo nuestro, que lo de afuera es prestao’ ”.

No es un regaño, es un recordatorio con música que entra mejor, porque lo cubano, cuando se toca con respeto, brilla sin pedir permiso.

¿Quiénes son los artistas que te han inspirado siempre y cuáles lo hacen ahora?

Los de siempre son como faros que no se apagan: el Grupo Changüí de Guantánamo, el dúo Los Compadres, Bola de Nieve, Juan Formell, Cachao –por supuesto, el patriarca del contrabajo cubano– y toda esa estirpe de músicos que crearon escuela sin proponérselo.

Pero también me inspira lo que se está haciendo hoy: gente con hambre de decir, de romper moldes, de mezclar sin miedo.

Porque la tradición no es un museo, es un río. Y yo sigo el cauce, escuchando lo viejo con oídos nuevos y lo nuevo con respeto a lo viejo.

¿Cuáles son las mejores memorias de Guantánamo y cómo influye en tu arte ser guantanamero? ¿Hay algo que los habaneros no sabemos?

Ser guantanamero me dio el ritmo antes que la palabra. Recuerdo con mucho cariño que yo acompañaba a mi abuela, a los 5 años, a la panadería donde ella era dependienta. Una hora antes de abrir al público, mientras los trabajadores hacían el pan, yo cogía un cubo de plástico, le daba la vuelta, y empezaba a tocar y a tirar mi pasillo.

Años más tarde, cuando me fui a la Escuela Nacional de Artes de La Habana, a terminar mis estudios de música, le preguntaban por mí a mi abuela: “Pilar, ¿qué tal el bailarín?, hace tiempo que no lo vemos”. Y ella respondía: “Está en La Habana estudiando música”. “¡Al final ha sido artista!”, decían.

Y sí, hay cosas que los habaneros tal vez no saben: en cada habanero hay un oriental, jajaja. Son 70% guantanameros y 30% habaneros.

Somos el resultado de la mezcla de varias generaciones, y desde siempre ha existido la emigración del oriente del país hacia el occidente. Así que… revísate, jajaja.

Has defendido la música tradicional cubana, ¿está ahora en peligro la música de Cuba?

Más que en peligro, está en metamorfosis. Lo que desde hace decenios llamamos música tradicional fue la música de moda de su época, artistas que conectaron con su público.

Siempre, cuando se es joven, tienes intrínseco el hambre de lo nuevo, y ese atractivo lo encuentras en las músicas foráneas porque entiendes que lo de tu patio es algo vetusto.

Cada vez que acudo al km 0, que es la música tradicional, le impregno rasgos de actualidad, porque la raíz, cuando se seca, ya no hay árbol que se mantenga firme.

¿Cómo ha influido tu residencia en España en tu música y en tu visión como artista?

Toda experiencia va añadiendo capas a la conformación de tu yo. El ser humano es un ser de encuentro, y cada persona que coincide en nuestras vidas deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros.

En España, sin buscarlo, he sido referente en el flamenco, ya que he tenido la venia de acompañar a grandes del género, por citar algunos: Diego el Cigala, Estrella Morente, Tomatito, Miguel Poveda, Israel Fernández…

Y más que eso: me dio amigos, hogar y un espacio donde mi música puede ser puente y abrazo.

Viene un disco nuevo en camino, ¿qué nos puedes adelantar?

Este diario merece la primicia, y ahí les va: el 22 de mayo sale Cachao Vive, un homenaje al contrabajo cubano, y por ende, a su paradigma: el gran Israel López “Cachao”.

En este disco me acompaña un dream team: el profe Gonzalo Rubalcaba al piano –es el pianista que más admiro, y conté con un sí sincero y una entrega que ha sido más que generosa; Roberto Vizcaíno Jr. en la percusión, que dejó un registro excelso; y Daniel Palacio, sobrino de Cachao, quien fue su voz en la última década.

Este disco es mi manera de decir: gracias, maestrísimo, por allanar e ilustrar mi senda y la de tantos.

¡Cachao Vive!, sábado 26 de abril, 7 p.m., Sanctuary of the Arts, 410 Andalusia Ave, Coral Gables, (786) 362-5132. Para comprar entradas, $33, sitio web www.sanctuaryofthearts.org, en la sección box office. El domingo 27, a las 7 p.m., en Instituto San Carlos, 516 Duval Street, Key West, FL, 33040. Para entradas, keystix.com/calendar/cachaovive

Para hacer una donación, puede enviar un cheque a nombre del Instituto San Carlos a 516 Duval Street, Key West, 33040.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de abril de 2025, 7:00 a. m..

Sarah Moreno
el Nuevo Herald
Sarah Moreno cubre temas de negocios, entretenimiento y tendencias en el sur de la Florida. Se graduó de la Universidad de La Habana y de Florida International University. @SarahMoreno1585
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