Columnistas & Blogs

Un rostro palpable de la pandemia, Emma de Salgueiro

De izquierda a derecha, el artista cubano Gilberto Marino, la artista española Emma de Salgueiro y el escritor Daniel Fernández, en la tertulia que se celebró en la casa de Gloria Lau, viuda de Roblán. Imagen de archivo: 2015.
De izquierda a derecha, el artista cubano Gilberto Marino, la artista española Emma de Salgueiro y el escritor Daniel Fernández, en la tertulia que se celebró en la casa de Gloria Lau, viuda de Roblán. Imagen de archivo: 2015. Olga Connor

Como todos ustedes, veo una sucesión de números todos los días en las noticias. Se refieren al índice de enfermos y de muertos por América, Europa, Asia y el resto del globo terráqueo.

Pero hace unos días recibí un mensaje por WhatsApp de un grupo de “amigas en el mundo” que se reunieron el lunes 3 de febrero en el Casino de Madrid, para celebrar conmigo el cumpleaños de la pintora gallega Emma López de Salgueiro.

Había en el mensaje unas fotos de aquella tarde, alrededor de ella. Pedían reunirse de nuevo, en el futuro, “para recordar a Emma”. Prontamente le escribí, preocupada y esperando que se hubieran equivocado. Pero ella no contestó. Fue su hijo Fernando, informándome que Emma había fallecido del coronavirus hacía solo unos días.

Llorando, le escuché lo que era inconcebible para mí, que la persona que me despidió la víspera de mi regreso a Miami, muriera así de repente. Emma se convirtió en el rostro palpable de la pandemia.

Desde entonces todo ha cambiado, no son porcentajes, es una persona en particular, alguien querido. Llamo a mis amigos y familiares, les escribo. Me preocupa el que mueran así, de repente. Quiero saber más allá de los números que explotan en las pantallas como fuegos en una selva desprotegida.

Es más, me provocan una ira incontrolable, un sufrimiento profundo en todos los sentidos. E imagino que así estarán todos los que sufren de cerca ese dolor. Me pregunto cómo será para los cinco hijos de Emma, sus nietos, sus amigas y amigos.

El 7 de marzo, un día antes en que hubo una gran manifestación en Madrid por el Día de la Mujer, y otra del grupo Vox, no se emitió ninguna alarma, aunque el ECDC sugirió “evitar actos multitudinarios innecesarios”. Y Emma salió ese fin de semana, como hacía a menudo, a visitar exposiciones de arte. Esa era su pasión, andar de paseo por Madrid y a tertulias de arte y poéticas. Estaba llena de vida, enérgica, pero según las cifras, su edad la pondría en el mayor peligro, había nacido en 1933.

Ya el 18 de marzo se sintió mal, sin apetito, sin sabor, sin olor, con gran malestar estomacal. El 19 de marzo la llevó la ambulancia al hospital. Necesitó un respirador, pero no le fue suficiente, tenía pulmonía bilateral. Ella mismo pidió que la dejaran irse, era muy fuerte y decidida, demasiado atrevida y aventurera para su bien. Murió el 25 de marzo.

A Emma la recordamos varios amigos y familiares en Miami, pues venía a su apartamento en Brickell a pasar meses de invierno. Y conoció aquí al artista Gilberto Marino y su grupo de discípulos y amigos. Compartió en tertulias. Y expuso en 2007 en la Galería Cremata, de la Calle Ocho, con una serie de sus “Meninas”, unas pinturas de impactante colorido: magenta, verde, azul.

Original de Ribadeo, en la provincia de Lugo, vivía parte del año en el Puerto Santa Cruz, en A Coruña, donde había hecho construir un pequeño castillo frente al puerto. Expuso su obra en Lugo, Gijón, Madrid, Altea y París, que al principio fue figurativa, de las hortensias, que son flores de su región, paisajes marinos y campestres, todos típicos de Galicia. Dibujaba y pintaba desde los 16 años de edad, y expuso cerámica en 1956, en el Ateneo Jovellanos de Gijón.

Pero quiso ir a París en la década del 60, a perfeccionar su arte y aprender más de sí misma, y de un experto: el artista ruso Serge Poliakoff. Y eso que ya habían nacido dos de sus hijos. Se convenció en ese viaje de que era artista de verdad, una feminista antes de que empezara ese movimiento, coordinando el hogar con la vocación. Y para irse a pintar a los campos, pintó también el coche de amarillo para que el esposo, el abogado Manolo Salgueiro, en Lugo, la pudiera encontrar. Esto dice mucho de su carácter, que exultaba simpatía y buen humor a su alrededor.

He visto en su piso de Madrid un fabuloso retrato de tamaño natural de la Duquesa de Alba. Y también abstractos en blanco y negro y rojo más recientes. Además muchas mujeres de España habrán usado trajes con diseños textiles de Emma, que expuso en Cibeles y también en la Mostra Catalana, representada por Carmen Valiño, de LOEWE.

Siempre estaba creando arte y relacionando amistades entre sí. Esa socialización que está prohibida en tiempos de pandemia. Irónicamente, por eso la hemos perdido. Ha sido una trágica lección. Emma, muchos te extrañaremos.

Escritora cubana. Correo:

olconnor@bellsouth.net.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de abril de 2020, 1:11 p. m. with the headline "Un rostro palpable de la pandemia, Emma de Salgueiro."

Sigue más reportes de Noticias sobre coronavirus

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA