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El nuevo ‘cementerio de los elefantes’

El médico venezolano Diego Padrón toma las manos de un residente aislado en un hogar de ancianos para ancianos en Madrid el 24 de abril de 2020.
El médico venezolano Diego Padrón toma las manos de un residente aislado en un hogar de ancianos para ancianos en Madrid el 24 de abril de 2020. AFP/Getty Images

Es hora de que recordemos que originalmente a Miami le llamábamos el “cementerio de los elefantes”, debido al alto índice de personas jubiladas que venían a envejecer y morir a nuestras playas.

Recuerdo que aún a principios de los 80, acompañada de algunos amigos, nos íbamos a recorrer Ocean Drive, cuando estaban reconvirtiéndose los hoteles que habían sido refugios económicos de ancianos, para atraer a turistas provenientes del norte frío y brutal en invierno.

La imagen original del “cementerio de los elefantes” viene de una mitología africana: de un cierto lugar adonde iban estos animales a morir. Ese mítico lugar en África se buscó durante el siglo XIX para encontrar la acumulación del marfil. Y fue el tema de la película Tarzán de los monos, de 1932, que hizo famoso a Johnny Weissmuller como protagonista. Es además cierto que los elefantes mueren cerca de lugares acuáticos donde se han encontrado sus restos y se ha visto que acompañan o velan extrañamente a sus cadáveres.

Bajo la corona del COVID-19, los seres humanos no podemos acercarnos hoy a nuestros familiares enfermos. Si en aquella época de los 80 relegamos a los ancianos a lugares lejanos, que poco a poco fueron perdiendo la posibilidad de vivir frente al mar, ahora los estamos eliminando, prácticamente abandonándolos, en todo el estado de la Florida y en el resto del mundo, por una pandemia para la cual nadie ha estado preparado.

Mucho menos lo han estado los asilos y residencias de personas mayores. Hay unos 177,000 residentes en 700 asilos (nursing homes) y alrededor de 3,100 viviendas de asistencia (assisted living facilities) en la Florida, informó Carol Marbin Miller en un reportaje de el Miami Herald.

Ha habido relatos de todas partes que hielan la sangre de cómo el coronavirus se ha impuesto para tronchar nuestras emociones, nuestro sentido del deber y del amor. En Castilla, España, brota esta semana un grito de dolor de un hijo, que no pudo acercarse a su madre en el hospital para despedirla a la hora de morir. Es lo que informa Marco Alonso en el periódico El Norte de Castilla: “Las residencias de ancianos están siendo los lugares más vulnerables durante esta pandemia y Pilar González Martínez residía en una de las que más ha sufrido por el coronavirus en Palencia: la residencia San Bernabé y San Antolín”.

“ ‘Nadie esperaba que pudiera haber habido tantos contagios y fallecidos’, explica Humberto Caballero [su hijo], que tiene dudas sobre la gestión que realizó el centro en los momentos más complicados de la crisis”.

En la Florida se ha demostrado nuestro abandono, nuestra falta de compasión con respecto a los familiares de la tercera o cuarta edad que habitan en estos asilos. Sobre todo, se subraya la indiferencia de gobernantes y administradores, teniendo en cuenta que se sabe que cuanto mayor es la persona más posibilidades tiene de fallecer si se contagia.

El 7 de mayo hubo un informe de 13 páginas que mostró lo que hay detrás de uno de estos asilos para mayores, el Blountstown Health and Rehabilitation Center, que admitió y forzó a trabajar a sus empleados aunque estos estuvieran enfermos con los síntomas del coronavirus. Como consecuencia, sus asilados morían, por tener un sistema de inmunodeficiencia menor que el de sus cuidadores.

El resultado ha sido que muchas de estas dependencias han producido el 43% de los muertos de coronavirus en la Florida, según Marbin Miller. En Canadá ha sido casi el doble: 81% de las muertes del país, según The Washington Post. Además, muchos centros de cuidados ocultan la verdad. Este jueves en España, RTVE informó que los fallecidos en residencias de ancianos equivaldrían hasta ahora a 68% del total de muertes por coronavirus o síntomas similares notificado oficialmente por el Ministerio de Sanidad.

Es un escándalo mayor y es universal. Estamos siendo agentes de la eutanasia pasiva. Es decir, dejando que terminen de vivir los mayores que nosotros, por no atender a la falta de recursos médicos.

Es absolutamente necesario mejorar los protocolos para que se protejan los residentes de centros de cuidados permanentes. Algunos se han ido a hospedar con sus hijos o familiares. Pero no siempre es posible. A veces también la familia es vulnerable al virus. O no hay familia.

Eso deja a los habitantes del estado y a los políticos que nos representan absolutamente responsables de esta iniquidad si no se le pone coto de inmediato.

Escritora cubana. Correo:

olconnor@bellsouth.net.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de mayo de 2020, 6:11 p. m. with the headline "El nuevo ‘cementerio de los elefantes’."

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