‘Con careta o bajo tierra’, la única opción es usar mascarillas
Si no cuidas a tu vecino usando una careta sanitaria, eres un traidor. Un traidor a los negocios, a los hospitales, a los abuelos, a los hermanos, a la ciudad y a ti mismo. Y eso va desde el más humilde recogedor de desperdicios hasta el alcalde, el gobernador y el presidente del país. Porque muchos de ellos pueden morir.
Mi título viene de una traducción libre de Mask it or Casket usado por el editor de la Coral Gables Magazine, J. P. Faber, en su editorial de julio sobre el cuidado de la comunidad donde vivo, y que ya está impreso en camisetas y anuncios aéreos.
¿Y cómo puedes cuidar a tus vecinos y a ti mismo? Cubriéndote la boca para no infectar a los demás.
“Tenemos una manera barata y efectiva de prevenir la infección de COVID-19. Si fuera una vacuna o una medicina abriríamos una botella de champaña. ¿Por qué luchamos contra un tapabocas?”, dijo —en la revista Time— Gavin Yamey, médico y profesor en la Universidad de Duke, director del Centro para el Impacto Político en la Salud Global. “Cuando se usa de modo apropiado, reduce la trasmisión de persona a persona del virus SARS-CoV-2, que produce COVID-19. Según estudios puede reducir la transmisión entre el 50% y el 85% de las personas”.
Y sin embargo, las calles del gran Miami están llenas de gente sin cobertura buco-nasal. En sitios como Corea del Sur la multa por no usarla es de $8,000. ¿Qué les parece? En Francia, me dice el colega William Navarrete, hubo un protocolo en los dos meses y medio de confinamiento, con multas hasta de 300 euros y había que dar razones estrictas para salir de casa.
Directores de hospitales en Miami, como Carlos A. Migoya, presidente y CEO del Jackson Health System, escribe en The Miami Herald el martes 13 de julio rogando: “¿Donde se encuentra el espíritu de la comunidad, para que apropiadamente se use la mascarilla cuando no se está en casa, protegiendo a los vecinos, ya que no sabemos si estamos contagiados?”.
Dueños de negocios, como Nino Pernetti del Caffe Abbracci en Coral Gables, pide en sus anuncios: “Por favor tomen seriamente las precauciones, incluyendo el uso de máscaras, para terminar con esta fase rápida y saludablemente”.
“Para proteger el suministro de comida, tenemos que asegurarnos de que las tiendas de víveres sean seguras y un aspecto crítico en esto es asegurar que los clientes sean más listos”, ha dicho Marc Perrone, presidente internacional del sindicato de United Food and Commercial Workers (UFCW). “No solo debieran los comercios ordenar que se usen máscaras y tengan distancia social, los gobiernos locales y estatales debieran establecer estos estándares de seguridad”, (Sylvan Lane, el 7 de julio en The Hill).
Hasta que no haya salud general no habrá negocios ni trabajos que prosperen, ni educación completa para los niños, ni dinero para gastar en viajes. ¿Quién cree que alguien con un familiar o amistad enferma quiera salir a divertirse o a comprar ropa?
Nuestro “máximo líder”, el señor Donald Trump, nos ha fallado. No se pone de acuerdo con sus propios consejeros ni con los gobernadores. Solo confía en la lealtad personal. Y siempre está cambiando de opinión. Ha politizado el uso de la mascarilla sanitaria como si fuera una opción y no un requisito ineludible.
El Presidente es traidor a su propia población que juró defender, ya que esto es una crisis mayor que la del terrorismo. Se arriesgó a pasar a la historia como el perdedor del siglo XXI con el mayor número de enfermos y de muertos de cualquier país.
Nuestro gobernador, el señor Ron De Santis, graduado de las universidades de Harvard y Yale, ha temido ofender a Trump, y aún no resuelve con autoridad propia el desastre de su estado. ¿Le importa que sus constituyentes sean en estos momentos los más afectados del mundo entero?
Aunque Francis X. Suárez, alcalde de Miami, y el administrador de la ciudad Art Noriega han ordenado multar al que no use mascarillas, con “warnings” o avisos, o $50 y $500 a los reincidentes, no vale nada si no hay policías para hacerlo cumplir. En Coral Gables, el alcalde Raúl Valdés-Fauli ha seguido ese patrón —hasta $50—, pero tampoco se ve acción. Y no se diga del alcalde de Miami-Dade, Carlos A. Giménez, quien ofreció que la policía haría cumplir con esta orden con “tolerancia cero”. Pero, a ver: ¿dónde pasa eso, en la luna?
A nadie en sus cabales se le ocurre cruzar la intersección cuando hay luz roja, porque puede matar a alguien o morir. Pues ir por la calle o entrar en un establecimiento sin cobertura facial es como intentar matar al otro con un auto o una pistola. Así que no lo olvides: ponte la careta o puede ser que tú —o tus vecinos y familia— pronto terminen bajo tierra.
Escritora cubana. Correo:
olconnor@bellsouth.net.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de julio de 2020, 0:30 p. m. with the headline "‘Con careta o bajo tierra’, la única opción es usar mascarillas."