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Joe Biden y su desafío, la verdad contra las mentiras | Opinión

En Estados Unidos la tradición legal indica que mentir es una culpa muy grande, ni a los policías, ni a los jueces, ni al IRS ni a nadie, jefe, compañero de trabajo, etc., se les puede decir mentiras. Porque todo se basa, hasta en los contratos, no solo en lo que se firma, sino en el “trust”, es decir en la confianza de lo que se dice y lo que se acuerda es la verdad

El nuevo presidente de este país, Joe Biden, no se ha destacado por ser un orador carismático en su larga carrera como representante del pueblo, primero en el Senado, por 36 años, y luego por ocho como vicepresidente. Pero en su discurso inaugural el 20 de enero en el Capitolio suscribió ideas luminosas.

“Hace muchos siglos, San Agustín, santo de mi Iglesia [la católica], escribió que un pueblo era una multitud definida por los objetos comunes de su amor”, dijo Biden. “¿Cuáles son los objetos comunes que amamos, que nos definen como estadounidenses? Creo que lo sé: Oportunidad. Seguridad. Libertad. Dignidad. El respeto. El honor. Y sí, la verdad”.

“Las últimas semanas y meses nos han enseñado una lección dolorosa. Que hay verdad y hay mentiras”, siguió diciendo Biden en su discurso.

Porque su mandato viene amenazado por una gran mentira inventada por su predecesor, Donald Trump, quien les hizo creer a sus seguidores que hubo fraude en las elecciones. Acusó, sin pruebas, a miles de trabajadores y a sus supervisores, de los centros de votaciones, en cientos de condados en varios estados —muchos de los cuales son afiliados al Partido Republicano— de traicionar la función más sagrada de esta nación. Solo para deslegitimar a su sucesor.

Basados en esa gran mentira unas hordas insurrectas de grupos extremistas y anarquistas, todos blancos, atacaron al Congreso reunido el 6 de enero en el Capitolio. El objetivo era detener el conteo de los colegios electorales por los representantes y senadores, incluyendo al vicepresidente Mike Pence, para certificar a Joe Biden como el nuevo presidente. No solo los acosaron, destruyeron y robaron, se jactaron y juraron por Trump, dejando cinco personas muertas.

Y no hay que averiguar cómo sucedió eso, pudimos verlo en las pantallas de televisión como Trump, frente a la Casa Blanca, les decía unos cuentos inventados con cifras y detalles, incitándolos a actuar. “Y luchamos. Luchamos como el demonio (like hell) y si no luchas como el demonio (like hell), ya no vas a tener un país”. Es por eso que un juicio contra el instigador es necesario. Sería injusto que solamente castigaran a los asaltantes y no al que los dirigió.

Si esto hubiera quedado en la historia como pesadilla fulminante y final podríamos lamentarnos. Pero no es así. La visión de una ciudad amurallada con 25,000 guardias nacionales en la inauguración de Biden es un símbolo de lo que le espera.

Ya lo anunció Trump en su despedida por video desde la Casa Blanca: “Quiero que sepan que el movimiento que iniciamos está solo recién empezando. Nunca ha habido nada igual”. Pero es el Senado el que decidirá si puede presentarse a las elecciones del 2024, por haber asaltado a la democracia.

Y aunque Trump no pueda enviar tuits, ya el mismo 20 de enero he recibido un mensaje en el teléfono invocando a Trump, que pide que “se drene el pantano”, refiriéndose al Congreso, la misma frase que repetía él antes de llegar al poder.

El Congreso es el freno inscrito en la Constitución para posibles aspirantes a dictador como Trump. Es una institución que mantiene a regla a los presidentes. Es uno de los dos sistemas de pesos y contrapesos, el otro es el judicial. Lo primero que hacen los autoritarios es “limpiar” el parlamento, y poner en su lugar a gente totalmente leal. Ah y llamar mentirosos a los periodistas también. Es como un manual.

Este país no es perfecto. Aquí ha habido esclavitud, prejuicio contra los negros, los católicos, los campesinos, los últimos inmigrantes que llegan a nuestras costas, las mujeres en el trabajo. Pero con enmiendas a la Constitución, y nuevas leyes, se han ido resolviendo estas injusticias.

De todo eso habló Biden, afirmando que lo importante es que hemos podido vencer muchas de esas lacras a través de una “evolución”.

La verdadera amenaza que tenía que enfrentar Trump como líder era la desgracia del virus, y en eso también nos mintió, no una vez, sino repetidamente, y lo sabemos porque se lo confesó en video al periodista Bob Woodward. Él sabía que se transmitía por el aire y que era mortífero. Solo quiso evitar el pánico, se excusó.

Ahora se ha ido de la Casa Blanca con una corona, pero no la de un héroe, sino la del virus que ha clamado más de 400,000 muertos. Le ha dejado esta dura responsabilidad al nuevo Presidente.

Olga Connor es una escritora cubana. Correo:

olconnor@bellsouth.net.

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de enero de 2021, 1:29 p. m. with the headline "Joe Biden y su desafío, la verdad contra las mentiras | Opinión."

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