Bad Bunny monta una gran fiesta latina en su show del medio tiempo en el Super Bowl
El reguetonero puertorriqueño Bad Bunny prendió una fiesta en su muy esperada presentación del medio tiempo en el Super Bowl de la NFL, este domingo en Santa Clara, California.
Benito Antonio Martínez Ocasio derrochó español y latinidad, desde vendimias hasta una boda, y cerró con un mensaje de unidad, del Norte al Sur de América, en momentos de tensión por la campaña antimigración de Donald Trump, que consideró su actuación “una afrenta a la grandeza de Estados Unidos”.
El Conejo Malo alborotó con su éxito “Tití me preguntó” el estadio Levi’s, con espacio para unos 75,000 espectadores, que cambió su grama por una plantación de caña, con carritos de comida, al más puro estilo y sabor latinos
Vestido de blanco, con una camiseta estilo football con el número 64 y OCASIO (el apellido de su mamá) en la espalda, repasó megaéxitos de otros íconos del reguetón, como Tego Calderón, Don Omar y Daddy Yankee, con el propósito de recordarle a la audiencia que estaba escuchando “música de los barrios y los caseríos”.
Mientras recitaba y danzaba, estrellas como Cardi B, Jessica Alba, Young Miko y Pedro Pascal bailaban en la casita que se ha vuelto el escenario de su gira de “DeBÍ TiRAR MáS FOToS”.
Lady Gaga y Ricky Martin entran en acción
Siguió con versiones cortas de “EoO” y “Mónaco”, que intercaló con un mensaje empoderador al público: “Mi nombre es Benito, y si hoy estoy en el Super Bowl 60 es porque nunca deje de creer en mí, y tú también deberías creer en ti, vales más de lo que piensas”.
Acto seguido, emergió como gran sorpresa la estrella pop estadounidense Lady Gaga, con un vestido azul claro, cantando una versión tropical de su éxito “Die with a Smile”, para dar paso a “Un baile inolvidable” y “Nueva”.
El momento político de la presentación vino de la mano de otro puertorriqueño, Ricky Martin, quien entonó “Lo que le pasó a Hawái”, considerado un himno independentista de Puerto Rico, seguida de “El apagón”, una canción de resistencia de la llamada isla del encanto, que protesta contra los constantes cortes de electricidad, y para la cual Bad Bunny se encaramó en postes eléctricos.
Tras entonar su agitado “Café con Ron”, el Conejo Malo enumeró a todos los países de sur y norte del continente americano, para luego lanzar un balón inscrito con “Juntos somos América” y despedirse con “DTMF”, el éxito que da título a su más reciente álbum.
Al fondo del estadio, donde los Patriots de New England y los Seahawks de Seattle luchaban por la corona de la NFL, la leyenda “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.
Reivindicación
Benito, quien ya había saboreado el Super Bowl como artista invitado junto a Shakira y Jennifer López en 2020, llegó al evento cumbre del deporte estadounidense tras conquistar hace una semana un histórico Grammy al Álbum del año por su aclamado “DeBÍ TiRAR MáS FOToS”, el primer trabajo en español en llevarse ese gramófono.
La presentación, vista por más de 120 millones de espectadores, generó mucha expectativa tanto entre los críticos como en los fans del reguetonero que, con 89 millones de oyentes mensuales en Spotify, ha sido proclamado por la plataforma como el más reproducido en cuatro años, superando a titanes con legiones de seguidores como Taylor Swift.
De un lado están quienes cuestionaron la elección de un artista que solo canta en español en momentos en que Estados Unidos es territorio de una arremetida antinmigración, impulsada por su presidente Donald Trump, que ha hecho de la comunidad latina un blanco.
Del otro, los latinos que, reguetoneros o no, abrazaron como una reivindicación al puertorriqueño de 31 años, quien ha conquistado el mundo manteniéndose fiel a sus raíces y a su idioma, y cuyo más reciente trabajo musical es una oda musical y temática a su Puerto Rico natal.
Su gira en Estados Unidos
Nacido en Vega Baja, Bad Bunny es hijo de un camionero y una maestra. De un coro infantil, Benito saltó a componer en su computadora canciones que se volvieron virales en la plataforma Soundcloud y lo pusieron en la mira de los cazatalentos.
Trabajaba empacando compras en un supermercado cuando recibió la primera llamada de una disquera. Desde entonces, el músico inició una racha que parece imparable.
Su parada en el Super Bowl es una pausa en su gira internacional, que no contempla fechas en Estados Unidos por temor a que sus conciertos fuesen blanco de la policía migratoria.
El tour fue antecedido por una taquillera residencia de tres meses en Puerto Rico.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de febrero de 2026, 9:11 p. m..