Un Ortega asediado arremete contra la Iglesia para destruir el diálogo
En un arriesgado cambio de estrategia, el asediado presidente Daniel Ortega se ha retractado de un diálogo con la oposición mediado por la Iglesia y lanzó un ataque brutal contra los obispos católicos en un lenguaje fustigante que muchos dicen que da tácita aprobación a sus seguidores para profanar iglesias y agredir al clero.
Algunos sacerdotes se han ido temporalmente de sus parroquias.
Al principal prelado de Nicaragua, cardenal Leopoldo Brenes, lo empujaron, golpearon y hostigaron a principios de este mes. A otro líder de la Iglesia lo cortaron con un cuchillo en el antebrazo en una ciudad donde los partidarios encapuchados de Ortega, algunos de ellos armados, hostigaron a los clérigos.
Al menos siete iglesias han sufrido actos de vandalismo, incluida una capilla en Jinotega, en el centro de una región norteña donde se cultiva café, que fue atacada la noche del viernes. Aún peor, hombres armados y encapuchados ametrallaron una iglesia en Managua a principios de este mes en un asedio prolongado contra manifestantes estudiantiles desarmados que buscaron refugio en su interior.
El papa Francisco y los obispos de América Latina ven los ataques con creciente preocupación.
El domingo, en respuesta a un pedido del Consejo Episcopal Latinoamericano, sacerdotes de todo el hemisferio llevaron a cabo un día de oración para expresar su solidaridad con los católicos en Nicaragua. El consejo de obispos solicitó acción “frente a la dramática y dolorosa crisis social y política que allí se experimenta actualmente”.
En un inicio Ortega deseaba que los obispos católicos actuaran como mediadores en el levantamiento civil que estalló en su contra a fines de abril, y que ahora entra en su cuarto mes. Los disturbios han dejado al menos 280 muertos, la mayoría de ellos a manos de policías o pistoleros con capuchas y máscaras respaldados por el gobierno.
Pero a medida que los obispos condenaron con más fuerza la violencia por parte de las milicias armadas, Ortega ha intentado socavar a la Iglesia católica, al verla como una amenaza para la continuidad de su gobierno.
“El gobierno interpretó esto como que la Iglesia se puso a favor de las protestas”, dijo Óscar René Vargas, analista político y otrora cofundador del gobernante Frente Sandinista que ahora critica al gobierno de Ortega.
Ortega, un ex líder guerrillero de izquierda, arremetió contra la jerarquía de la Iglesia en un discurso durante el aniversario de la Revolución el pasado 19 de julio ante decenas de miles de sus seguidores, diciendo que los obispos estaban ayudando a planificar su derrocamiento.
Ortega: en las iglesias se almacenan “armas y bombas”
“Pensé que eran mediadores, pero no, están comprometidos con los golpistas. Son parte del plan de los golpistas “, dijo Ortega.
“Como cristianos, estamos obligados a... pedirle a los obispos que cambien, por el amor de Dios, y no alimentar a la secta satánica, asesina y golpista”, dijo Ortega.
Dijo que “muchos templos” estaban siendo utilizados “para almacenar armas, almacenar bombas”, sin ofrecer pruebas y haciendo un claro intento de aumentar la presión sobre la Iglesia, que ha declarado que los nicaragüenses tienen derecho a protestar pacíficamente.
Ortega juega una arriesgada estrategia para enfrentar a la Iglesia, dijo Carlos Tünnermann, un ex diplomático que es parte del equipo de negociación de la oposición en un estancado diálogo nacional.
“La institución más respetada y creíble en este país es la Conferencia Episcopal, que está compuesta por los obispos. Es la única institución en el país que puede asumir el papel de mediador “, dijo Tünnermann.
Tal vez el mayor símbolo de la ofensiva de Ortega contra el catolicismo es la Iglesia de la Divina Misericordia, en Managua, contra la que hombres enmascarados dispararon durante toda la noche del 13 de julio hasta la madrugada del 14 de julio, mientras más de 100 estudiantes buscaban refugio dentro del complejo, muchos tirados en el suelo. Dos personas murieron.
“Tendría que contar todos los impactos para ver cuántas balas dispararon. Es algo incalculable “, dijo Erick Alvarado Cole, vicario de la iglesia, mientras mostraba a un visitante las ventanas rotas y las paredes acribilladas de la iglesia.
La conferencia episcopal nicaragüense se reunirá a fines de esta semana para decidir si continúa su papel de mediador tras el fuerte giro de Ortega contra la Iglesia.
“Un ataque frontal a la Iglesia”
Un analista dijo que Ortega está instigando una ruptura para descarrilar el diálogo político.
“Este es un ataque frontal a la Iglesia, y si atacas de esta manera es porque no quieres continuar el diálogo”, dijo José Luis Rocha, sociólogo y frecuente colaborador de Envío, una publicación dirigida por jesuitas.
Los ataques recientes incluyen el saqueo del 16 de julio en las oficinas de la caridad católica Caritas en la ciudad de Sébaco, 60 millas al norte de Managua. Testigos dijeron a los periodistas locales que atacantes enmascarados llegaron en motocicletas, incendiaron el edificio y se fueron a toda velocidad.
El viernes por la noche, vándalos irrumpieron en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen en Jinotega, defecaron en el piso, robaron una vasija sacramental y equipos de sonido y volcaron los muebles, según un tuit del obispo auxiliar de Managua, una declaración de la diócesis local y un informe de prensa en La Prensa.
El malestar entre algunos sacerdotes de las parroquias ha ido en aumento en la medida en que Ortega amplía sus ataques contra la Iglesia, incitando a la agresión contra los clérigos.
“El fanatismo es muy peligroso”, dijo un sacerdote veterano, quien pidió que no se usara su nombre por temor a represalias. Por el momento permanece en Managua en vez de regresar a su parroquia provincial.
“Creo que es más intimidación que otra cosa. Podría ser un grupo de fanáticos que tiran piedras contra ti, que te amenazan “, dijo. “¿Están buscando matarme? No lo creo. Pero intimidarme, darme una paliza, sabotear mi automóvil para que tenga un accidente; ese tipo de cosas podría pasar”.
Las relaciones de Ortega con la iglesia nicaragüense han zigzagueado a lo largo de los años. Como líder durante el gobierno del Frente Sandinista entre 1979 y 1990, Ortega toleró a la Iglesia y dio la bienvenida a los sacerdotes activistas que siguieron la Teología de la Liberación, un movimiento que enfatiza la preocupación por los pobres.
Al volver a tomar posesión en el 2007, Ortega buscó incorporar a los católicos tradicionales y evitar cualquier confrontación con el liderazgo de la Iglesia. El lema de su partido era “Cristianismo, Socialismo, Solidaridad”. Prohibió el aborto y distribuyó ayuda generosa a los sacerdotes.
Su esposa, Rosario Murillo, quien se convirtió en su vicepresidenta el año pasado, usa terminología religiosa frecuente en transmisiones televisivas casi diarias.
“Tienen a ‘Dios’ en los labios todo el tiempo”, dijo Rocha.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de julio de 2018, 5:34 p. m. with the headline "Un Ortega asediado arremete contra la Iglesia para destruir el diálogo."