Los escollos de la paz en Colombia
Aún deben superar una gigantesca muralla de desconfianza y odios erigida durante décadas de guerra, pero los representes del gobierno que negocian un acuerdo de paz con la guerrilla aseguran que Colombia tiene ante si una oportunidad real de ponerle fin al conflicto, dado que por primera vez en 50 años los astros parecen estar alineándose para favorecer el proceso.
Eso no quiere decir que la tarea sea fácil o que en este momento se pueda pronosticar que el proceso de negociaciones con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que se adelanta en La Habana terminará con éxito, insisten los jefes del equipo de negociación que estuvo esta semana por Miami.
“[Pero] creemos con convicción que hay una oportunidad real de ponerle fin al conflicto armado en Colombia a través del diálogo […] tenemos claro que [hoy], como nunca antes, existe la oportunidad”, expresó el jefe de la delegación del gobierno, Humberto de la Calle, en un encuentro con empresarios organizado esta semana en Miami por la Cámara de Comercio Colombo Americana.
Y es precisamente porque la paz através del diálogo en esta ocasión sí luce alcanzable, que el gobierno colombiano siente que tiene una obligación histórica y moral de tratar de alcanzarla, incluso a sabiendas de que se está ingresando en un terreno políticamente explosivo.
“En estas condiciones nosotros sí creemos que estamos moralmente obligados a examinar el diálogo y que lo que sí no sería aceptable, ni histórica, ni moralmente, es que ante la presencia de estas oportunidades, un gobierno diera la espalda a la búsqueda rápida del fin de un conflicto, anticipándose a las víctimas y a los ríos de sangre que durante 50 años han azotado a los colombianos”, expresó.
La “certeza” de que en esta ocasión es posible llegar a un entendimiento con las FARC está sustentada en una serie de factores que están presentes en el proceso de diálogo.
La primera de ella es la convicción entre los sectores de izquierda de que la lucha armada ya no tiene ningún sentido en América Latina, mensaje que viene llegando a las FARC desde hace algún tiempo.
“Hay una convicción en Latinoamérica de que la lucha armada ya ha terminado y que no tiene ningún papel que jugar ya en la subregión. Incluso gobiernos de izquierda envían permanentemente mensaje a las FARC de que no hay espacio para ya para la lucha armada y que lo que hay que hacer es tomar la decisión de incorporarse al ejercicio de la política”, expresó De la Calle.
La izquierda colombiana también lo sabe y ya comienza a ver la lucha armada como un estorbo para la promoción de las ideas de izquierda.
“Ese es el mensaje que están recibiendo permanentemente”, aseguró De La Calle, un ex vicepresidente colombiano.
Adicionalmente, la guerrilla colombiana está siendo presionada a la mesa de negociaciones por los retrocesos que ha recibido en el terreno militar en los últimos años, situación que alejan los prospectos de una eventual victoria militar.
La correlación de fuerza en el plano militar favorece al Estado, ya no es la misma situación que Colombia tenía durante las fracasadas negociaciones que el gobierno sostuvo con la guerrilla a finales de los noventa.
“Hay una situación de carácter militar que genera la certidumbre de que la toma de poder por las armas es imposible”, comentó De la Calle. “Desde el punto de vista estratégico, la guerra ya terminó”, aun cuando las FARC aún puede seguir haciendo mucho daño.
Por otro lado, el Estado y la economía colombiana están mucho más fortalecidos que durante las décadas anteriores, lo que está disminuyendo cualquier arraigo que el movimiento guerrillero pudo haber tenido en la población.
Finalmente, los representantes de las FARC hasta el momento han asumido el proceso de negociaciones con seriedad.
Ahora, todo esto no quiere decir que el proceso tiene el éxito asegurado.
“Estos procesos son complejos, son difíciles. A veces fracasan por problemas internos de la mesa y a veces por situaciones exógenas”, dijo De la Calle.
Uno de los puntos de mayor preocupación para los negociadores es uno precisamente de carácter exógeno, el alto grado de polarización que está mostrando actualmente la política colombiana producto del enfrentamiento entre el gobierno de Juan Manuel Santos y el expresidentes Alvaro Uribe.
Y el camino por delante para llegar a un acuerdo aún tiene los puntos más difíciles a ser superados, y en particular, el espinoso tema de la “justicia de transición” que debería contemplar algún grado de indulto para los guerrilleros, para que estos puedan ser motivados a dejar las armas para regresar a la sociedad, y los mecanismos a ser utilizado para ponerle fin al conflicto, como la desmovilización y la entrega de armas.
Las negociaciones han adquirido una dinámica mucho más dinámica que en su principio, cuando los representantes de las FARC trataban de convencer a los negociadores sobre las justicia de su causa.
Ese proceso dominaba las sesiones hasta que los representantes del gobierno llegaron a convencer a negociadores del otro lado de la mesa que era más conveniente dejar de lado la retórica y las discusiones académicas para las sesiones universitarias, y que lo que más convenía es entrar en la búsqueda pragmática de soluciones.
De allí que las partes, ahora negociando con las “mangas de las camisas remangadas”, pudieran aprobar con éxito los primeros puntos del eventual acuerdo, que una vez terminado, los negociadores aspiran colocarlo a aprobación de la sociedad colombiana en un referendo.
Curiosamente, el mayor temor de los negociadores a un posible acuerdo no proviene de la guerrilla sino del sector político colombiano, y en especial, del ala conservadora encabezada por el ex presidente Uribe.
El ex presidente, a quien se le atribuye la victoria militar sobre las FARC que ahora hace posible el diálogo, ha sido muy crítico del proceso adelantado por Santos, acusándole de olvidarse de las víctimas de los últimos ataques de la guerrilla.
“El Presidente promueve debates y sale a rasgarse las vestiduras [por las críticas al proceso de diálogo] pero no lo desvela el asesinato diario de policías, ni la quema de vehículos en el Ariari, ni el crecimiento de la extorsión en el Llano. Eso no le duele”, expresó recientemente Uribe en declaraciones publicadas por el diario El Espectador.
Y es esa división entre los distintos sectores de la política colombiana los que en este momento representan el mayor peligro para el proceso de diálogo.
“Esta polarización me preocupa más que cualquier cosa; que lleguemos hipotéticamente a un acuerdo en La Habana y se vuelva inviable por la polarización que existe en Colombia” advirtió De la Calle durante el foro realizado en Miami.
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Esta historia fue publicada originalmente el 21 de septiembre de 2014, 7:49 p. m. with the headline "Los escollos de la paz en Colombia."