Fidel Castro y la ‘guerra secreta’ de la CIA
Fue conocida como la “guerra secreta”, pero la campaña encubierta que la administración de Kennedy llevó a cabo contra Fidel Castro en los años que siguieron a la Bahía de Cochinos rivalizaron con una guerra abierta en cuanto al tiempo, el dinero y los esfuerzos invertidos en la misma.
Fue una guerra llevada a cabo en gran medida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) a partir de un puesto de mando informal en lo que era entonces el recinto sur de la Universidad de Miami, y que servía de sede a JMWAVE, nombre cifrado de la mayor estación de la CIA en todo el mundo fuera de Langley, Virginia.
Desde allí trabajaban incansablemente más de 400 agentes de la CIA a tiempo completo, planeando la campaña encubierta contra Cuba, cuyos recursos iban desde el sabotaje al magnicidio. El terreno es ahora la sede del Zoo Miami.
El jefe de la estación de 1962 a 1965, el período que abarcó su actividad más intensa, fue Ted Shackley, quien fuera más tarde jefe de la estación de la CIA en Vietnam. Pero Shackley no fue el verdadero comandante de la guerra encubierta. Ese papel le correspondió a Robert F. Kennedy, secretario de Justicia de EEUU y hermano del presidente.
En un memorándum al presidente fechado el 19 de abril de 1961, el día que la invasión de la Bahía de Cochinos fracasó, Robert Kennedy dijo a su hermano que el desastre de la misión “no nos permite… regresar al statu quo, y nuestra política hacia Cuba no debe ser esperar y tener la esperanza de que la suerte nos sonría. Los sucesos de los últimos días hacen esto inconcebible”.
Para el otoño de 1961, bajo intensas presiones por parte de Robert Kennedy, la política de EEUU hacia Cuba había evolucionado hasta convertirse en la Operación Mangosta (Operation Mongoose), nombre cifrado de un plan de acción encubierta de múltiples agencias diseñado para derrocar a Castro.
OPERACIÓN MANGOSTA
Como reflejo de la desconfianza de los Kennedy hacia la CIA después de la derrota de Bahía de Cochinos, el general de brigada Edward Lansdale, quien trabajaba entonces para el Pentágono, se convirtió en el jefe de operaciones de Mangosta. Su trabajo consistía en coordinar la campaña entre la CIA, los departamentos de Estado y de Defensa y otras entidades gubernamentales que formaban parte del plan, entre ellos la Agencia de Información de Estados Unidos.
El concepto básico de la operación era “conseguir la rebelión del pueblo cubano… e instituir un nuevo gobierno con el cual Estados Unidos pueda vivir en paz”, concluyó Lansdale.
Un calendario de seis pasos con ese fin debía culminar durante la primera mitad de octubre de 1962 con el establecimiento de un nuevo gobierno en Cuba, lo cual caería –no por casualidad– justo dos semanas antes de las elecciones congresuales de mitad de mandato.
La Operación Mangosta concluyó con un compromiso secreto entre el presidente Kennedy y Moscú en 1962 de no invadir a Cuba. También este acuerdo concluyó la crisis de los misiles en Cuba. Pero no había restricción alguna de ese tipo que impidiera continuar la campaña encubierta.
Comenzó una nueva fase, la cual era estrictamente una operación de la CIA, encabezada a nivel operacional por Desmond FitzGerald. Lansdale fue prácticamente expulsado, pero Robert Kennedy conservó el verdadero control de la misma.
De acuerdo con el nuevo programa, la CIA brindaba el trabajo de inteligencia, el apoyo logístico y los fondos, mientras que Robert Kennedy se ocupó de la dirección de las organizaciones del exilio que planeaban sus propias operaciones anticastristas, sujetas a la aprobación de la Casa Blanca.
GRUPOS DEL EXILIO
Los beneficiarios de esta política fueron los llamados “grupos autónomos”, encabezados por los líderes exiliados Manuel Artime y Manuel Ray, de los cuales Artime operaba desde Centroamérica y Ray, sobre todo, desde Puerto Rico y los Cayos de la Florida.
El grupo de Artime llevó a cabo varias redadas en Cuba antes del asesinato del presidente Kennedy en noviembre de 1963. Ray, de quien se creía que contaba con un extenso movimiento clandestino en Cuba, prometió mucho pero cumplió poco.
Otro grupo clandestino de exiliado fue Comandos Mambises, cuyo nombre se refería a los luchadores de la guerra por la independencia de Cuba. El mismo, que era un pequeño grupo de élite –un par de docenas de personas– especializado en la demolición subacuática. Fue una creación de Shackley y Dave Morales, su jefe paramilitar en JMWAVE.
Los Mambises llevaron a cabo al menos media docena de operaciones desde mediados a finales de 1963 y se atribuyeron otra en septiembre de 1964, aunque al parecer esta última se llevó a cabo sin la aprobación de Estados Unidos.
El asesinato de Kennedy presagió el principio del fin para las operaciones de Ray y Artime. El presidente Johnson mostró escaso entusiasmo por este tipo de actividades, y, con la escalada de la Guerra de Vietnam, tenía aún menos interés en el programa encubierto en contra de Cuba.
Otro duro golpe tuvo lugar en septiembre de 1964, cuando el grupo de Artime atacó por error el carguero español Sierra Aranzazu en el Paso de Barlovento cuando el mismo traía juguetes, ajo y corcho a La Habana. Los miembros del grupo creían que se trataba del Sierra Maestra, un carguero cubano. En la redada murieron el capitán, el contramaestre y el tercer ingeniero del navío, y resultaron heridos otros 17 marineros españoles.
$50 MILLONES DE PRESUPUESTO
El presupuesto de la estación de Miami ha sido estimado en unos $50 millones al año durante sus años pico. En su período de mayor actividad –aproximadamente de 1962 a 1964– varios miles de cubanos figuraban en su nómina y cubrían toda una variedad de actividades que iban desde viajes de sabotaje e infiltración a Cuba hasta actividades de propaganda.
Casas refugio y compañías fachada se extendían desde Palm Beach a Cayo Hueso, alcanzando una cifra de entre 350 y 400, con nombres y ubicaciones que cambiaban constantemente. Zenith Corp. servía de frente a JMWAVE, y Gibraltar Steamship operaba el servicio de radio clandestino a Cuba de la CIA desde las Islas del Cisne en el Caribe.
Había agencias de viaje, servicios aéreos, firmas de investigaciones, astilleros de reparaciones, marinas, corredores de bienes raíces y hasta moteles, entre ellos uno en Cayo Marathon. La unidad marítima contaba con una flota de casi 200 embarcaciones, desde “buques madre” de gran tamaño a lanchas pequeñas usadas para misiones clandestinas, algunas para recogida de inteligencia y otras de sabotaje.
El último pistoletazo de la “guerra secreta” fue dado en marzo de 1965, cuando los últimos fondos de la operación de Artime resultaron eliminados. Para junio de ese año, las actividades encubiertas auspiciadas por Estados Unidos en contra de Cuba habían exhalado su último suspiro.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de diciembre de 2016, 11:26 a. m. with the headline "Fidel Castro y la ‘guerra secreta’ de la CIA."