Cuba

Aniversario de la reanudación de lazos diplomáticos de Cuba y EEUU: entre la continuidad y los cambios

El 20 de julio del 2015 se izó la bandera en la embajada de Cuba en Washington.
El 20 de julio del 2015 se izó la bandera en la embajada de Cuba en Washington. TNS

Cuando el reloj pasó de la medianoche hace dos años, Estados Unidos y Cuba reanudaron oficialmente sus relaciones diplomáticas, y más tarde ese mismo 20 de julio, las misiones diplomáticas en Washington y La Habana volvieron a ser embajadas.

Durante la ceremonia en que se izó la bandera en la embajada cubana en Washington D.C., el canciller cubano, Bruno Rodríguez, elogió el acercamiento al decir: “Hoy se abre la oportunidad de empezar a trabajar para fundar unas relaciones bilaterales nuevas y distintas a todo lo anterior”.

Tres semanas más tarde, Estados Unidos celebró su ceremonia oficial al izar la bandera estadounidense en la embajada en La Habana. El entonces secretario de Estado, John Kerry –la primera persona en su cargo en pisar suelo cubano desde 1945– dijo que el momento era el adecuado para “sacar nuestras banderas, izarlas y decir al mundo que nuestros países se desean el bien”.

Pero dos años después, y con un nuevo presidente, la diferencia en la situación es significativa.

Durante el discurso que el presidente Donald Trump pronunció en Miami para anunciar su nueva política hacia Cuba, dijo: “Ahora que soy el presidente de ustedes, Estados Unidos sacará a la luz los crímenes del régimen de Castro y estará con el pueblo cubano en su lucha por la libertad”.

Trump calificó de un “acuerdo terrible y equivocado” el acercamiento que el entonces presidente Barack Obama comenzó con Cuba el 17 de diciembre del 2014, después de 18 meses de negociaciones secretas. Sus planes, dijo Trump, eran evitar que el dinero de los viajeros estadounidenses y el comercio llegara a manos del gobierno cubano mediante la eliminación de los viajes individuales pueblo a pueblo a la isla, y con leyes que prohibieran transacciones de negocios de empresas norteamericanas con compañías operadas o de propiedad de los militares y los servicios de inteligencia cubanos, que incluye una amplia gama de los mejores hoteles y servicios de viajes en la isla.

Al mismo tiempo, Trump dijo que quiere apoyar a los nuevos emprendedores en la isla. También se espera que los viajeros estadounidenses sean sometidos a un mayor escrutinio para asegurar que viajan a Cuba legalmente y no como turistas.

Para algunos en Miami, fue un muy necesario cambio en la política hacia Cuba.

“Estoy contenta de que Trump haya dicho que eso tiene que cambiar”, dijo la comentarista radial Ninoska Pérez. “Creo que él sabe, como empresario, que no tiene sentido invertir en Cuba en las condiciones actuales. ¿Qué sentido tiene impulsar los viajes a una dictadura militar si se sabe que el dinero va a parar a las manos de la dictadura?”

Pero Carlos Saladrigas, un ejecutivo empresarial del sur de la Florida y presidente del grupo Cuba Study Group, dijo que la postura de Trump es de la era de confrontación entre los dos países y “le da un tremendo impulso a los de línea dura en la isla que se oponen a las reformas. Si él [Trump] termina haciendo daño a los progresistas en Cuba y alentando a los de línea dura, ¿qué sentido tiene todo esto?

“No creo que esta sea una atmósfera en que Cuba crea que puede ceder”, dijo Saladrigas. “Creo que la economía empeorará y la represión aumentará”.

La Ley Helms-Burton

Aunque Obama trató de restar fuerza al embargo mediante varias órdenes ejecutivas y cambios normativos que facilitaron a los norteamericanos viajar a la isla y realizar actividades empresariales y de comercio, el gobierno de Trump ha dejado en claro que quiere que las relaciones con la isla se ajusten estrictamente a las leyes norteamericanas.

Eso significa precisamente la Ley Helms-Burton, aprobada en 1996 cuando el gobierno cubano derribó dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate, que resultó en la muerte de cuatro pilotos del sur de la Florida. Antes de esa ley, el levantamiento del embargo era una decisión presidencial, pero Helms-Burton fija una serie de condiciones a cumplir para ellos, como la liberación de todos los presos políticos, la legalización de toda la actividad política y un compromiso público del gobierno de la isla de organizar elecciones justas y libres para formar un nuevo gobierno en 18 meses.

En Miami, Trump dejó en claro su postura: Cuba tiene que cumplir las condiciones fijadas por la Ley Helms-Burton, además de devolver a fugitivos de la justicia estadounidense, como Joanne Chesimard, una ex Pantera Negra que huyó a la isla tras escapar de una prisión en Nueva Jersey donde cumplía una condena de cadena perpetua por el asesinato de un policía estatal.

El futuro de las negociaciones con La Habana, dijo Trump, dependerá del avance “real” hacia estas y otras metas. “Cuando Cuba esté lista para dar pasos concretos con ese fin, nosotros estaremos dispuestos a negociar un mejor acuerdo para los cubanos y para los estadounidenses”, dijo.

Mientras tanto, el gobernante cubano Raúl Castro ha dicho repetidas veces que quiere seguir negociando con Estados Unidos en temas de interés común, siempre que tales reuniones se realicen en una atmósfera de respeto mutuo e igualdad.

Durante el gobierno de Obama, delegaciones cubanas y norteamericanas viajaron entre las dos capitales para negociar acuerdos y firmar memorandos de entendimiento sobre muchas cosas, desde investigaciones sobre el cáncer y asuntos migratorios, hasta la cooperación en asuntos ambientales y actividades antinarcóticos. Se reanudaron los vuelos comerciales regulares de Estados Unidos a Cuba, al igual que el servicio directo de correos. Y barcos de crucero comenzaron a llegar a la isla desde puertos norteamericanos.

Desde que Trump asumió la presidencia, no ha habido conversaciones bilaterales entre Washington y La Habana, aunque la cooperación en las áreas negociadas no se ha detenido. Los intercambios educativos y culturales que han llevado a peloteros de las Grandes Ligas y a la icónica bailarina Misty Copeland a Cuba siguen floreciendo.

Docenas de delegaciones comerciales y políticas de Estados Unidos han visitado la isla desde la reanudación de relaciones, aunque La Habana ha mostrado lentitud en aprobar acuerdos comerciales con empresas estadounidenses que se aprobaron como parte de la apertura de Obama.

Una de las últimas medidas de Obama sobre Cuba fue eliminar la controversial política de “pies secos, pies mojados”, que permitía a los cubanos que llegaban a territorio de Estados Unidos, aunque hubieran llegado a través de traficantes de personas, quedarse, y devolvía a la isla a los capturados en el mar. Trump no planea reanudar esa política, y tampoco ha mencionado volver a incluir a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo.

Aunque los viajes individuales pueblo a pueblo se eliminarán, seguirán vigentes otras categorías de viajes ya autorizadas, y Trump no ha tocado la política más liberal de remesas a la isla.

“A pesar del discurso de Trump en Miami, en la política hacia Cuba hay mucha más continuidad [de las políticas de Obama] que cambios”, dijo Richard Feinberg, profesor de la Universidad de California en San Diego y director de la Oficina de Asuntos Interamericanos del Consejo Nacional de Seguridad durante la presidencia de Bill Clinton.

“Durante los últimos dos años, los gobiernos de Estados Unidos y Cuba lograron crear un fuerte apoyo a la normalización en los dos países –entre gobiernos, empresas y la opinión pública–, al punto que el gobierno de Trump se sintió obligado a abandonar cualquier plan de echar atrás muchos cambios, y a final de cuentas decidió mantener la mayoría de las medidas de acercamiento”, dijo Feinberg.

Aunque Saladrigas concuerda en que, nominalmente, los cambios de Trump en la política estadounidense hacia la isla parecen ser menores, “las implicaciones de lo que ha hecho pudieran tener resultados peligrosos y de gran alcance”. Saladrigas está especialmente preocupado por cómo los cambios afectarán al naciente sector privado cubano, en el que ahora trabajan más de medio millón de personas.

“Cuando las regulaciones se implementen y restrinjan los viajes de los estadounidenses a Cuba, eso debe tener pésimas consecuencias para la clase empresarial”, afirmó Saladrigas, y agregando que algunos negocios, que dependen de los viajeros estadounidenses, pudieran tener que cerrar.

“Tenemos que esperar a ver las nuevas normas, pero la confusión que ya rodea la directiva recientemente anunciada pudiera tener consecuencias negativas de gran alcance”, dijo James Williams, presidente de Engage Cuba, un grupo de política pública que apoya la normalización. “El sector privado cubano ha sido afectado por una ola de cancelaciones de visitantes estadounidenses que no tienen claro incluso si pueden viajar legalmente a Cuba”.

Siga a Mimi Whitefield en Twitter: @HeraldMimi

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de julio de 2017, 6:00 a. m. with the headline "Aniversario de la reanudación de lazos diplomáticos de Cuba y EEUU: entre la continuidad y los cambios."

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