La Habana ya reparó los daños dejados por Irma para recibir turistas, pero persisten algunos problemas
Varios tramos del conocido Malecón habanero siguen cerrados por reparaciones y los negocios de la zona muestran los daños de las olas de 30 pies que se estrellaron contra el muro de contención durante el huracán Irma.
Pero los turistas han regresado a la capital, incluso mientras zonas duramente golpeadas por la tormenta siguen intentando volver a la normalidad.
En el poblado costero de Jaimanitas, al oeste de La Habana, tres convertibles clásicos estadounidenses rojos dejan a un grupo de turistas en la vivienda del artista José Fuster, llena de mosaicos incrustados en las paredes, mientras y los comerciantes de la cuadra venden agua de coco, imágenes de madera y otros recuerdos.
A pocas cuadras de distancia, Alberto Sánchez Borges, de 53 años, estaba parado en lo que queda de su vivienda. Irma destruyó una pared de retención y se llevó el frente de su casa frente al mar.
“Llevo aquí casi 40 años y nunca he visto nada igual”, dijo. “La casa no está habitable. En un momento el agua daba al pecho”.
Los escombros del huracán cubren la playa cercana, donde se ven pequeñas embarcaciones de pesca que fueron lanzadas a tierra como si fueran juguetes contra algunas casas, y otras tienen grandes huecos en el techo. Los vecinos, muchos de ellos pescadores, hacen lo posible por volver a cierto grado de normalidad, lanzan redes al mar y cuelgan ropa a secar en las ruinas de sus viviendas.
Más cerca de La Habana, en Cojímar, donde Ernest Hemingway tenía su embarcación de pesca y donde vivía el pescador que se cree lo inspiró a escribir El viejo y el mar, docenas de de viviendas junto al mar quedaron dañadas.
“El agua entró a la habitación, destruyó el colchón y se llevó la puerta del frente al retirarse”, dijo Tamara Valdés, quien vive en el poblado costero.
Ella y su esposo regresaron al día siguiente. Lo que les preocupa ahora son las paredes y techo, todavía humedecidos. Desde el paso de la tormenta, el techo debilitado ha sido reforzado con maderas.
Mirando hacia arriba, Valdés dijo: “Tengo miedo de que se caiga”.
En La Habana, muchos vecinos describieron una semana de horror tras el paso de Irma. Los vientos de la tormenta no se sintieron con mucha fuerza en la capital, pero el agua comenzó a subir el 9 de septiembre y llegó casi 600 metros tierra adentro en vecindarios bajos y poblados cercanos.
No había electricidad, el gas para cocinar y el agua escaseaba, y numerosos negocios presentaban daños severos. El túnel de la Quinta Avenida quedó completamente inundado, las calles adyacentes quedaron cubiertas por una mezcla de lodo y arena, y muchos edificios tenían marcas donde las aguas se llevaron las capas de pintura.
Las aguas demoraron dos días en retirarse, y entonces las autoridades del gobierno, junto con vecinos y dueños de negocios, se lanzaron a las calles a limpiar y pintura. La entrada al túnel, que los vecinos usaron como piscina, fue drenada y la vía reabrió al tráfico.
Soldados y efectivos del Ministerio del Interior usaron equipos pesados para sacar el lodo de la zona del Vedado, duramente afectada por las inundaciones. Y los vecinos también se sumaron a las labores de limpieza.
Mientras tanto, en Centro Habana, la gente se sentaba a las puertas de sus viviendas para reparar muebles dañados por las aguas y sacaban a secar colchones mojados. Algunas de las viviendas estaban en tan mal estado que tres semanas después era difícil decir si fueron dañadas por Irma o estaban así antes de la tormenta.
“Va a costar mucho trabajo recuperarse. Si perdieron el televisor y tienen que comprar otro en la tiendas, es muy caro. La gente ha perdido muebles, equipos de sonido”, dijo un trabajador que reparaba líneas eléctricas. “Ya tenemos electricidad y teléfono, pero creo que otros países, como Puerto Rico, están peor. Nosotros estamos más o menos”.
Una semana después del paso de la tormenta, en La Habana ya estaba restaurado el servicio eléctrico y telefónico. Y los turistas han comenzado a regresar. Las pruebas de un regreso potencial a la normalidad en el sector turístico era aparente días atrás.
El crucero Norwegian Sky, de Norwegian Cruise Lines, estaba en el puerto, un grupo de turistas europeos que recorrían la isla en bicicleta pedaleaban por un Malecón sin tráfico de automóviles y el vestíbulo del Hotel Meliá Cohiba, frente al mar, estaba lleno de huéspedes. El agua nunca alcanzó al hotel Gran Hotel Manzana Kempinski, de cinco estrellas, cerca de La Habana Vieja, ni las tiendas de lujos en la planta baja, que venden bolígrafos Mont Blanc y ropa de diseñador.
Excepto algunas interrupciones en el transporte debido a los cierres a la circulación de vehículos en el Malecón, llegar del Aeropuerto José Martí a La Habana a las áreas turísticas de la ciudad es fácil.
Antes del paso de Irma, el Ministerio de Turismo esperaba recibir a un récord de 4.7 millones de visitantes extranjeros para finales de año. Como el turismo es una fuente clave de divisas para el gobierno, las autoridades anunciaron rápidamente que la recuperación de las instalaciones de turismo era una prioridad.
El Ministerio incluso hizo un Facebook Live para comunicar que la playa de Varadero estaba abierta. A pesar de algunas dificultades técnicas, en las imágenes se vio un joven que iba en un autobús abierto de turismo señalando hacia la playa y sus instalaciones abiertas.
Pero la Habana y Varadero no sintieron los peores embates de los vientos. El huracán tocó tierra a lo largo de costa de la región central norte de la isla, en Cayo Romano, como huracán categoría 5, y devastó la región de Cayo Coco y los Jardines del Rey, importantes zonas para el turismo extranjero.
Aproximadamente 5,000 turistas, así como delfines de una atracción local, fueron evacuados de esa cayería del norte. En total, unos 1.7 millones de cubanos fueron evacuados y se han reportado 10 muertos relacionados con la tormenta.
A pesar de los extensos daños en los cayos del norte, el gobierno tiene el objetivo ambicioso de completar las reparaciones en la mayoría de los hoteles para el 1 de noviembre, y los restantes para el 15 de noviembre.
Pero la recuperación de los otros daños demorará más. Un informe de las Naciones Unidas indica que entre 210,000 y 220,000 viviendas quedaron fuertemente dañadas, que los sembradíos y el ganado resultaron fuertemente afectados y que 14 municipalidades en la costa norte de la provincia de Villa Clara sufrieron daños críticos.
Pero los que se ganan la vida en el sector del turismo, desde los taxistas hasta los dueños de restaurantes, esperaban con ansiedad que la situación se normalizara.
A lo largo del Malecón, tanto vecinos como trabajadores estaban ocupado sacando agua de las viviendas y reparando grandes socavones que se han abierto en la vía. partes del Malecón mismo y piedras grandes estaban dispersos dentro de una heladería con el profético nombre de Hola Ola.
“Una señora llamada Irma vino y esto se acabó. Se llevó las ventanas y las paredes”, dijo Dulce María Corujo mientras pasaba junto a una heladería en el vecindario de Cayo Hueso. Pero a menos de una cuadra de distancia, un mercado agrícola estaba abierto, y aprovechó para comprar lo que necesitaba para una ensalada.
Muchas cosechas se recogieron como precaución antes del paso de Irma, así que ahora hay abundancia de plátanos, piñas, aguacates y otras frutas y vegetales, pero la gente dice que teme que la situación degenere en escasez en unas semanas. Irma devastó la industria avícola y ahora los huevos están racionados a solamente cinco al mes por persona.
En el Vedado, donde hay numerosas casas particulares que ofrecen albergue a los extranjeros, los dueños están ansiosos por ver el regreso de la electricidad, el agua y la comida.
Aunque los negocios en el Malecón sufrieron fuertes daños a causa de la ola de tormenta, las reparaciones en muchos otros a pocas cuadras se se han completado.
El restaurante privado Camino del Sol, cerca del Hotel Meliá Cohiba estuvo cerrado por reparaciones durante dos semanas después del paso de la tormenta, la semana pasada ya estaba abierto otra vez y ofrecía a los huéspedes pasta hecha en casa y platos vegetarianos. Las paredes estaban recién pintadas y las mesas y sillas eran nuevas.
“Aviso: pueden venir a visitarnos”, dijo Niuris Higueras Martínez, propietaria del Atelier, un restaurante privado en el Vedado donde la entonces primera dama Michelle Obama almorzó en el 2016.
El restaurante no tuvo gas para cocinar durante seis días, ni electricidad durante tres. El patio del frente estaba cubierto de lodo. “Fue una semana terrible, pero todos los vecinos salieron a ayudarnos a limpiar”, dijo Higueras. “Mire, tengo las manos llenas de callos de tanto limpiar”.
Lo que falta ahora en el Atelier son los visitantes extranjeros, como los norteamericanos, que son aproximadamente el 15 por ciento de sus clientes. Incluso antes del huracán, dijo Higueras, las nuevas regulaciones a los viajes anunciadas por el gobierno de Trump, que todavía no han entrado en vigor, tuvieron un efecto negativo sobre los viajes de los estadounidenses.
Lo mismo ha sucedido con una advertencia de viaje emitida por el Departamento de Estado, que alerta a los visitantes a “estudiar cuidadosamente los riesgos de viajar a Cuba” tras el paso de Irma.
“Esta es la temporada baja, pero hace unos años no había temporada baja, siempre era temporada alta”, dijo Higueras.
Nora Pocquet y Eduardo Altubé, una pareja de provincia argentina de Rio Negro, llegaron a La Habana la semana pasada de vacaciones. El itinerario original del paquete incluía cuatro días en Cayo Santa María, frente a la costa norte de la provincia de Sancti Spíritus, y cuatro días en Varadero.
“El turoperador nos dijo que Santa María no estaba en condiciones de recibir visitantes”, dijo Altubé. Así que cambiaron el itinerario a dos días en La Habana y seis en Varadero.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de octubre de 2017, 7:40 p. m. with the headline "La Habana ya reparó los daños dejados por Irma para recibir turistas, pero persisten algunos problemas."