Cuba

Un tubo de pasta cada tres meses y ‘masa cárnica’ de comida: así está la economía de Cuba

Una mujer se ha despertado temprano tres días seguidos para mantener su posición en la cola para comprar pollo en una tienda en La Timba, un barrio deteriorado en La Habana. Ella tiene el número 40. La comida prometida aún no ha llegado, pero seguirá intentándolo.

Otra mujer trató de comprar alimentos en una de las tiendas en línea que el gobierno creó en medio de la pandemia de coronavirus. El concepto de comercio en línea es casi nuevo en Cuba, y el servicio de internet es malo y costoso. Pero eso no fue lo que más le molestó. Lo que provocó su enojo es que no había casi nada que comprar, ni siquiera con la moneda fuerte de Cuba.

“Es una vergüenza, no hay nada para hacer la compra virtual”, dijo la mujer, que vive en La Habana y pidió no ser identificada por temor a represalias del gobierno. “Solo hay calditos [de sopa de pollo], ron, espagueti, chícharos. No hay nada de cárnicos ni de aseo, solo desodorante Rexona, y no hay detergente.”

Los cubanos han estado publicando en las redes sociales imágenes de sus hallazgos en las tiendas en línea como si fueran trofeos. Pero el servicio es tan malo que CIMEX, la corporación comercial estatal más grande de Cuba, tuvo que cerrarlo la semana pasada para actualizar el sistema de pago.

El fallido experimento de comercio electrónico no ha podido evitar las colas que crecen a las puertas de casi todas las tiendas que venden algo de comida. A menudo se forman peleas y algunas ocupaciones olvidadas han resurgido, como la del revendedor de turnos en las colas.

Con su larga experiencia en el racionamiento, el gobierno ahora está diseñando un sistema de modo que las personas solo puedan comprar en las tiendas del área en la que viven. Pese a que el transporte público está casi paralizado, los cubanos siguen dispuestos a viajar largas distancias, a pie o en bicicleta, para encontrar comida.

Hace solo unos años, los cubanos con dólares enviados por familiares en el extranjero o ganados en negocios privados podían comprar muchos artículos en tiendas del gobierno que vendían en CUC, la moneda fuerte de la isla. Pero la escasez se ha hecho más frecuente en la medida en que ha ido quedando claro que la reforma económica propuesta por Raúl Castro ha sido incapaz de mejorar la ineficiente economía de la isla.

Los recientes esfuerzos para entregar alimentos a las personas mayores, las mujeres embarazadas y los trabajadores de la salud han resaltado lo poco que el gobierno socialista puede proporcionar en un momento de crisis. Y ya pasaron los días en que la ayuda era gratuita.

Los medios estatales informaron que el gobierno comenzó a vender “módulos de alimentos” a los residentes de La Habana mayores de 65 años. Los paquetes incluyen una proteína, un kilogramo de harina de maíz, otro de pasta y siete libras de viandas y hortalizas.

Los afortunados que viven en Playa, un barrio de La Habana donde viven muchos funcionarios del gobierno, pueden obtener cuatro huevos como “proteína”. En otros municipios, las personas recibirán 10 croquetas o un kilo de “masa cárnica”, que parece un diagnóstico médico pero es el nombre de una pasta gris con ingredientes no especificados que llegó a las mesas cubanas por primera vez durante el Período Especial— como se conoce a la crisis que sobrevino en Cuba tras el colapso de la Unión Soviética.

Captura de pantalla de un artículo del periódico Sierra Maestra que muestra una imagen de los “módulos” de comida vendidos por el gobierno a personas mayores y embarazadas en Santiago de Cuba.
Captura de pantalla de un artículo del periódico Sierra Maestra que muestra una imagen de los “módulos” de comida vendidos por el gobierno a personas mayores y embarazadas en Santiago de Cuba.

En Santiago de Cuba, el Ministerio de Salud de Cuba también está vendiendo “módulos” de alimentos a personas vulnerables como mujeres embarazadas o residentes mayores que viven solos.

“Los módulos traen cinco maltas, un paquete de espaguetis, masa de croqueta, picadillo, croquetas, refresco instantáneo, chocolate, galleta, natilla y otros productos”, informó el periódico local Sierra Maestra.

Para las personas mayores que viven solas, la ayuda viene con un alto precio: 153 pesos cubanos, más de la mitad de la pensión estatal mínima de 250 pesos cubanos, el equivalente a unos $10.

El gobierno no ha dicho si seguirá vendiendo estas raciones de alimentos en el futuro. Hasta el momento, solo se pueden adquirir una vez, y toca a una por persona.

Si bien la comida es la preocupación número uno para muchos cubanos, no es la única escasez con la que tienen que luchar durante esta pandemia. Tampoco tienen jabón para lavarse las manos, una medida crucial para evitar contraer el COVID-19.

El gobierno anunció recientemente que no venderá jabón en las tiendas, sino que distribuirá sus existencias actuales a través de las tarjetas de racionamiento que todos los hogares cubanos tienen desde 1962. La pasta de dientes y el detergente líquido llegarán cada tres meses. Una familia de cuatro recibirá un tubo de pasta de dientes.

La economía cubana antes de la pandemia

La pandemia de coronavirus ha demostrado ser un desafío para todos los gobiernos, pero ¿por qué están las cosas tan mal en Cuba?

La fallida economía planificada tiene mucho que ver, dicen los economistas.

Casi todos los indicadores económicos, incluida la producción agrícola, la minería, las inversiones, las importaciones y las exportaciones, han decepcionado en la última década y continúan disminuyendo en el presente, dijo el profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh Carmelo Mesa-Lago, experto en la economía cubana, en un reciente seminario web organizado por la Universidad de Harvard.

La agricultura ha sido particularmente afectada. Las exportaciones agrícolas disminuyeron un 48% desde 2012, y Cuba ha estado importando alrededor de $2,000 millones en alimentos anualmente, el 60 por ciento de los cuales podrían producirse en la isla, dijo el profesor retirado, quien ha estudiado la economía cubana por varias décadas.

Cuando la pandemia azotó la isla, la disminución de la ayuda de Venezuela y el endurecimiento del embargo por parte del presidente Donald Trump tenían a Cuba sumida en las deudas y sin efectivo, debido a restricciones adicionales a las remesas y los viajes desde Estados Unidos.

El presupuesto estatal estaba tan ajustado en el 2019 que el gobierno no pagó $80 millones de su deuda reestructurada con el Club de París. Y el ministro de Economía, Alejandro Gil, advirtió en abril del año pasado que el país no podía pagar a los proveedores extranjeros de alimentos y otros bienes, como ya era evidente por la falta de pollo, huevos, papel higiénico y medicamentos.

En el mejor momento de la relación, el comercio de Cuba con Venezuela, que incluye un acuerdo para intercambiar servicios médicos por petróleo a precios subsidiados, representaba casi el 22 por ciento del Producto Interno Bruto de la isla. Esa cifra cayó al ocho por ciento en 2017, dijo Mesa-Lago.

La reducción adicional de los envíos de petróleo venezolano a Cuba debido a las sanciones de Estados Unidos ha causado recientemente escasez de combustible y gas licuado, recortes en la producción en fábricas y otras empresas estatales, y el congelamiento en muchos proyectos de construcción.

El turismo, la tercera fuente de divisas de Cuba después de las exportaciones de servicios médicos y las remesas, también se vio muy afectado después de que el presidente Trump prohibiera los viajes en crucero y redujera los vuelos el año pasado.

Y entonces un virus desconocido se convirtió en una pandemia global.

Pese a resistir la medida durante varias semanas, las autoridades cubanas finalmente suspendieron el turismo internacional el 20 de marzo, cuando los datos oficiales del principal instituto de epidemiología del país mostraron un marcado aumento en los casos de enfermedades respiratorias agudas.

Cuba tiene pocas posibilidades de pedir préstamos pues el país no es miembro de la mayoría de las organizaciones financieras internacionales, así que el gobierno está apostando a vender los servicios de sus trabajadores médicos. También está comercializando agresivamente productos biotecnológicos como el interferón, que se han utilizado con resultados mixtos para tratar la COVID-19.

Pero eso podría no ser suficiente para contrarrestar las pérdidas que afectan a casi todos los sectores de la economía, dijo Mesa-Lago al Herald. Él cree que la contracción económica de este año será mayor que el 3.7 por ciento estimado para Cuba por la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe.

El economista Pavel Vidal, que enseña en la Universidad Javeriana en Colombia, cree que el sistema de salud de Cuba y los esfuerzos del gobierno para concentrar los recursos que quedan en la producción agrícola y otras áreas vitales podrían reducir un tanto el impacto de la pandemia de coronavirus. Pero no evitarán un colapso económico.

“Lo que más afecta es la vulnerabilidad de la economía al cierre del turismo internacional y al desplome de los flujos de remesas. Yo creo que ya la economía está cerca de un ´Período Especial sin apagones´”, opinó.

El gobierno aún no ha publicado ninguna cifra, pero la tensión dentro del liderazgo, que rara vez se muestra en público, se reflejó brevemente en el periódico del Partido Comunista, Granma.

Un reporte de una reunión de emergencia del Consejo de Ministros a inicios de mayo, en la que el ministro Gil dijo que no habría inversiones en nuevos proyectos este año, en infraestructura y otros renglones de la economía, se retiró del sitio web del periódico y se volvió a publicar sin esa y otras declaraciones del ministro.

En otra reunión, el líder cubano Miguel Díaz-Canel señaló que algunas reformas económicas acordadas en el congreso del Partido en 2016 deberían implementarse sin demora para “liberar definitivamente las fuerzas productivas en el país”, informó Granma.

El mensaje parece destinado a la vieja guardia en la cúpula del Partido, que sigue abogando por la economía planificada centralizada para responder a la crisis del coronavirus.

“Hay que tener valentía y tenemos que hacer las cosas diferente,” dijo Díaz-Canel. “Haciendo lo mismo no vamos a resolverlo, ni vamos a avanzar más”.

Sigue a Nora Gámez en Twitter: @ngameztorres

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de mayo de 2020, 0:40 p. m. with the headline "Un tubo de pasta cada tres meses y ‘masa cárnica’ de comida: así está la economía de Cuba."

Nora Gámez Torres
el Nuevo Herald
Nora Gámez Torres is the Cuba/U.S.-Latin American policy reporter for el Nuevo Herald and the Miami Herald. She studied journalism and media and communications in Havana and London. She holds a Ph.D. in sociology from City, University of London. Her work has won awards by the Florida Society of News Editors and the Society for Professional Journalists. For her “fair, accurate and groundbreaking journalism,” she was awarded the Maria Moors Cabot Prize in 2025 — the most prestigious award for coverage of the Americas.//Nora Gámez Torres estudió periodismo y comunicación en La Habana y Londres. Tiene un doctorado en sociología y desde el 2014 cubre temas cubanos para el Nuevo Herald y el Miami Herald. También reporta sobre la política de Estados Unidos hacia América Latina. Su trabajo ha sido reconocido con premios de Florida Society of News Editors y Society for Profesional Journalists. Por su “periodismo justo, certero e innovador”, fue galardonada con el Premio Maria Moors Cabot en 2025 —el premio más prestigioso a la cobertura de las Américas.
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