Cuba arrecia la represión contra periodistas ante el desafío de la prensa independiente
Cuando el sitio de noticias 14ymedio se adelantó al gobierno de Cuba y publicó los planes para vender comida en dólares en las tiendas, la noticia se difundió como fuego en las redes sociales, provocando oleadas de incredulidad y frustración entre los cubanos.
Y el gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel, enfureció.
“Ellos ayer salieron a las redes a decir: esta gente van a dolarizar la economía, van a cerrar las tiendas en CUC [peso cubano convertible] y todo lo van a vender en divisas. Y el pueblo trabajador —que tanto les “preocupa”— que gana en moneda nacional y que puede con moneda nacional adquirir CUC va a quedar totalmente desamparado,” dijo el gobernante Díaz-Canel en un discurso el 16 de julio en el que —dos días después de la publicación de 14ymedio— anunció oficialmente la venta en dólares y otras medidas para enfrentar la severa crisis económica por la que atraviesa el país.
“Han sacado solo una medida — claro, no conocen las otras — y contra esa han bombardeado con todo su rencor y todo su odio”, dijo Díaz-Canel, visiblemente molesto.
Si bien el periodismo independiente ha existido durante años en la isla, más o menos tolerado por el gobierno, recientemente ha encontrado una audiencia lo suficientemente grande como plantear un desafío al sistema de medios controlado por el estado.
La reacción de Díaz-Canel apunta al desfase entre las aspiraciones del gobierno de controlar los medios y la realidad, opinó la periodista de 14ymedio Luz Escobar. La bloguera y periodista Yoani Sánchez fundó el medio en 2014.
“Ellos no acaban de darse cuenta que los tiempos cambiaron y creen que pueden ocultarnos ese tipo de movimiento’‘, dijo Escobar. “La primera vez que nos llegó esa noticia dijimos, ‘pero cómo es posible’, empezamos a llamar pero a la tercera fuente, seguimos pa’ lante”.
Los medios independientes, el internet y las redes sociales
Por décadas, el gobierno cubano ha acosado a los medios independientes, que no están legalmente reconocidos. Los periodistas empleados en medios privados son tildados de “mercenarios”, frecuentemente son arrestados y obligados a salir del país. En el pasado, pocos podían leer lo que escribían porque el gobierno bloqueaba los sitios digitales y la mayoría de la población no tenía acceso a internet.
Pero en los últimos años, cuando el gobierno no pudo retardar más el uso del internet en pleno siglo XXI, los medios independientes y el intercambio de información en las redes sociales se ha convertido en un verdadero desafío para el gobierno y el Partido Comunista, que supervisa directamente los medios estatales.
La amenaza al monopolio del Partido sobre las noticias se ha vuelto aún más evidente después de que las autoridades finalmente permitieron el acceso a Internet en los teléfonos móviles a fines de 2018.
Actualmente, más de una docena de medios independientes intentan romper el control sobre la información que antes tenían los medios oficiales como Granma y Cubadebate. Algunos se producen desde Cuba, pero otros tienen sede en Estados Unidos, España o México, aunque cuentan con colaboradores en la isla, entre ellos periodistas que dejaron sus trabajos estatales. La mayoría se financia con publicidad, donaciones o ayudas financieras de instituciones, organizaciones no gubernamentales o fundaciones de gobiernos extranjeros.
El gobierno todavía bloquea algunos de estos sitios pero estos han aprendido a burlar la censura a través de servidores espejo o enseñando a sus usuarios a utilizar las redes virtuales privadas, conocidas como VPN, para acceder a sus contenidos.
La reacción del gobierno ante este florecimiento del periodismo en la isla no ha sido sutil.
Aumenta la represión
En agosto del año pasado, Roberto Quiñones, periodista de Cubanet, un sitio de noticias con sede en Miami, intentó cubrir el juicio de una pareja religiosa de Guantánamo que exigió educar a sus hijos en el hogar, lo cual está prohibido en la isla. A Quiñones no se le permitió escribir sobre el proceso judicial y terminó cumpliendo una sentencia de un año acusado de “desobediencia”. Fue puesto en libertad el viernes pasado.
“Nosotros los periodistas vivimos en una situación crítica porque la internet es súper cara, las fuentes no están a la mano, los datos tampoco,” dijo Escobar en una entrevista telefónica desde La Habana. “Trabajamos en un ambiente muy hostil. Nos pueden detener, impedir salir de la casa, sacar de una zona donde estamos reportando en una patrulla.”
Otra periodista de Cubanet, Camila Acosta, publicó en Facebook un breve video que logró hacer de su reciente detención cuando estaba sentada en el Parque Central de La Habana.
“El acoso comenzó cuando inicié mi trabajo con Cubanet. Automáticamente me regularon, es decir no me permiten salir de Cuba”, dijo Acosta a el Nuevo Herald. “Después comenzaron a aplicarme lo que hacen con otros activistas: en fechas específicas no nos permiten salir de las casas sin ninguna orden judicial y lo más reciente han sido los desalojos de apartamentos que rentaba en La Habana”.
Acosta también dijo que fue multada por violar el decreto-ley 370 que regula el uso de la internet en la isla y establece sanciones contra quienes difundan “a través de las redes públicas de transmisión de datos, información contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas”.
Silenciar a la prensa en medio de una pandemia
La ley se ha convertido en una herramienta de censura, cuando el gobierno intenta controlar el mensaje sobre la Covid-19, según denuncias de periodistas y organizaciones internacionales.
En mayo, 47 medios de prensa independientes y organizaciones de derechos humanos se unieron para advertir que el gobierno estaba usando esa ley para perseguir a periodistas y activistas “particularmente a partir de la crisis sanitaria causada por la pandemia del coronavirus”.
“Creemos que el aumento en el acoso se debe a las tensiones y la inseguridad que siente el gobierno debido a la crisis económica y social que han generado el coronavirus y el recrudecimiento de las presiones económicas por parte del gobierno norteamericano,” comentó Hugo Landa, director de Cubanet.
Varios periodistas de El Estornudo, otro medio independiente enfocado en el periodismo literario, y Diario de Cuba, un sitio de noticias con sede en España, también han sido arrestados o multados en los últimos meses. Amnistía Internacional emitió un comunicado en el que condenaba el “empeoramiento” de la censura de periodistas independientes que han sido multados por informar sobre la pandemia de COVID-19 y su impacto en el país.
“El hecho de que la represión ha aumentado da la medida de que también ha aumentado la percepción de riesgo que tienen, de inestabilidad, de que se les puede ir de las manos la situación’‘, opinó Escobar.
En particular, al gobierno le desagrada cualquier cuestionamiento a su respuesta al coronavirus, añadió. Cuando las autoridades comenzaron a reportar los primeros casos, periodistas y activistas criticaron la tardanza del gobierno en cerrar escuelas y aeropuertos.
“Se hizo presión en las redes, desde el periodismo y el activismo para que eso ocurriera porque estaba hasta el Ministerio de Turismo invitando a la gente a venir a Cuba a pasar la cuarentena” dijo.
Al tiempo que una funcionaria de Turismo declaraba que Cuba era un país “seguro” para los turistas a mediados de marzo, una investigación de el Nuevo Herald encontró un inusual aumento de enfermedades respiratorias agudas que varios expertos atribuyeron a casos de coronavirus sin diagnosticar.
En ese momento, el sistema de salud apenas tenía capacidad para realizar pruebas de diagnóstico de COVID-19 y el gobierno nunca dio una explicación pública sobre estos casos. Hasta finales de julio, los números oficiales de infecciones y muertes apuntaban al control de la pandemia. Pero desde inicios de agosto, La Habana, donde el virus sigue multiplicándose, está bajo un férreo toque de queda.
Con escasos recursos y cero acceso a fuentes oficiales, los periodistas independientes han realizado preguntas incómodas y en ocasiones han reportado nuevos brotes antes de que aparezcan en los medios oficiales. Pero su trabajo es muy difícil porque el gobierno es el único emisor de datos sobre el coronavirus en la isla.
“En el contexto de la COVID, ha habido mucha represión en los hospitales, con las fuentes, que pueden ser los pacientes o los doctores. Conozco varios casos de estudiantes de medicina y doctores que han recibido sanciones por dar declaraciones a la prensa,” dijo Escobar. “Eso es terrible porque crea un estado en las fuentes que paraliza el flujo de información y convierte a los funcionarios en los únicos emisores de datos y de información con respecto a esto”.
“No hay muchos testimonios de primera mano porque hay mucha amenaza con este asunto de la COVID, mucha represión para evitar que salga información’‘, agregó.
Y cuando obtienen información, viene a un alto precio para los periodistas.
Escobar no puede salir del país, aunque las autoridades nunca le han comunicado por escrito el por qué de la prohibición. En varias oportunidades, un policía o agente de la Seguridad del Estado apostado en la entrada del edificio donde reside en La Habana le ha impedido salir de su casa. También la han citado a una estación de policía para interrogarla y amenazarla por hacer su trabajo.
Y a eso se suma el costo para las familias.
“Cuando uno tiene hijos es difícil pasar por esto porque uno trata de que ellos no sufran las consecuencias,” dijo Escobar, quien es madre de dos niñas.
La última vez que estuvo bajo arresto domiciliario, dijo Escobar, “me tomó de sorpresa. Yo iba bajando con ellas y vieron todo eso. Uno trata de explicarles que uno hace un trabajo complicado y al gobierno no le gusta pero crea esa sensación de que estás como viviendo una película porque a mí me encantaría tener una vida normal y que ellas vieran mi profesión como algo normal”.
Siga a Nora Gámez Torres en Twitter: @ngameztorres
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de septiembre de 2020, 6:00 a. m. with the headline "Cuba arrecia la represión contra periodistas ante el desafío de la prensa independiente."