Cuba

El éxodo del Mariel, tan vivo como hace 45 años, en la voz de una de las marielitas más destacadas

La periodista y escritora Mirta Ojito con su hijo mayor, el actor Juan Arturo Villar-Ojito, quien narra con ella la versión en audiobook de sus memorias sobre Cuba y el éxodo del Mariel, ‘Finding Mañana’.
La periodista y escritora Mirta Ojito con su hijo mayor, el actor Juan Arturo Villar-Ojito, quien narra con ella la versión en audiobook de sus memorias sobre Cuba y el éxodo del Mariel, ‘Finding Mañana’.

Mirta Ojito se despertó en el metal frío del piso del bote con un mareo tremendo. Llevaba cinco días sin bañarse, con la vejiga a punto de explotar. Una mano la sostenía por el tobillo para que el vaivén de El Mañana en las aguas del Estrecho de la Florida no la fuera a tirar por la borda. Era la mano de su mamá, que por primera vez estaba en un bote, a los 40 años, sin saber nadar, sola con sus dos hijas adolescentes, camino a un país al que soñaban llegar desde hacía dos décadas.

Ojito se dio cuenta entonces que era el Día de las Madres. Su mamá no recibiría la tarjeta que le había enviado por correo antes de que la policía cubana viniera a buscar a la familia. Quizás el cartero la había puesto por debajo de la puerta de su apartamento en la calle Enamorados, en Santos Suárez. Solo pudo felicitar entonces a su mamá, también de nombre Mirta, que, afectada por el trance en el bote, acariciaba a sus hijas.

Era el 11 de mayo de 1980, y horas atrás habían salido del Mariel, un puerto a 25 millas de La Habana, que será recordado siempre como el punto de partida del éxodo que le cambiaría la vida a 125,260 cubanos. La estampida demostraría lo poco que apreciaba una gran parte de la población cubana a Fidel Castro y lo mucho que estaba dispuesto a hacer por escapar de su revolución. El éxodo dejaría además secuelas en la política de Estados Unidos, impidiendo la reelección del presidente Jimmy Carter y del entonces gobernador de Arkansas, Bill Clinton.

Pero la huella más profunda sería en Miami, donde muchos marielitos —una etiqueta peyorativa para separarlos de oleadas anteriores de exiliados cubanos— se despojaron del rechazo inicial, y forjaron un hogar, crearon empresas y desarrollaron carreras.

Es el caso de Mirta Ojito que se siente orgullosa de ser marielita. En verdad es una de las más exitosas, y su carrera de escritora, periodista y ganadora de un premio Pulitzer con sus ex colegas del New York Times, una inspiración para cualquier inmigrante.

Memorias de una marielita

Este domingo Día de las Madres cae también 11, como aquel día en que Ojito llegó a Cayo Hueso hace 45 años después de una accidentada travesía que narra en Finding Manana: A Memoir of a Cuban Exodus (Penguin Random House, 2005).

El libro se publicó primero en inglés, la lengua que tuvo que aprender casi desde cero aquella joven de 16 años que desde Cuba quería ser periodista, y que al llegar a la casa de sus tíos en Hialeah, todavía con huellas del salitre, pidió una libreta para anotar lo que había vivido porque sabía que era histórico.

Salió luego en español con el título de El Mañana, porque es precisamente el nombre del bote que la trajo a la Florida el que inspiró la búsqueda de su patrón, Mike Howell, un veterano de guerra que había perdido un brazo en Vietnam y que en su lugar tenía una prótesis.

Mirta Ojito junto a Mañana, el barco que la trajo de Cuba durante el éxodo del Mariel. La búsqueda del patrón del barco, Mike Howell, a quien se propuso agradecerle por haberla traído a ella y su familia, fue el punto de partida del libro de memorias e investigación sobre la flotilla y sus protagonistas, ‘Finding Mañana’.
Mirta Ojito junto a Mañana, el barco que la trajo de Cuba durante el éxodo del Mariel. La búsqueda del patrón del barco, Mike Howell, a quien se propuso agradecerle por haberla traído a ella y su familia, fue el punto de partida del libro de memorias e investigación sobre la flotilla y sus protagonistas, ‘Finding Mañana’. Raúl Rubiera Miami Herald

Hoy Ojito celebra la salida de Finding Manana en audiobook, y uno de los aspectos que más la emociona es que narró el libro con el mayor de sus tres hijos, el actor Juan Arturo Villar-Ojito, que se encarga de las partes históricas del texto, mientras la escritora se ocupa de los fragmentos testimoniales.

“Es muy emocionante porque hay una generación que no conoce el libro, es bueno que esté en todas las maneras que la gente lee hoy. Creo que es una historia importante”, dijo Ojito, que después de un recuento de su regreso a Cuba al cabo de 17 años, publicado en primera plana del New York Times, llamó la atención de agentes literarios que le propusieron escribir un libro.

El punto de partida por donde tiró el hilo de una extensa investigación para escribir Finding Mañana fue el brazo protésico, el único detalle que recordaba del hombre que luego supo había nacido en Atlanta, y que no había oído hablar mucho de Cuba, hasta que unos cubanos de Nueva Orleans fueron a contratarlo para que trajera a sus familiares por la flotilla del Mariel.

La familia de Ojito –su papá, su mamá y su hermana–, no debían venir en el Mañana, sino en el Valley Chief, el bote que su tío Oswaldo había contratado en Miami. Pero el Valley Chief lo cargaron con tantas personas, que corría peligro de hundirse. Cuando perdían las esperanzas de irse, el tío Oswaldo fue a hablar en su inglés cubanizado con Howell, que aceptó llevarse en el Mañana a las mujeres y a los niños, y al mismo tiempo remolcar el Valley Chief hasta agua internacionales.

“El gobierno cubano mandaba gente con tormenta, sin tormenta, con barco roto, sin barco roto, y el gobierno norteamericano llamaba y decía: ‘No salgan hoy que viene una tormenta’, y constantemente los salvaba”, dice Ojito, hoy directora senior de estándar de NBC y Telemundo.

En el éxodo del Mariel perecieron 25 personas, y no murieron más por el trabajo de la Guardia Costera de Estados Unidos, apunta la periodista.

Precisamente fueron los guardacostas los que salvaron a los refugiados que venían en el Valley Chief, al llevarlos a un portaviones desde donde los transportaron a Cayo Hueso en helicópteros. Este detalle de su viaje era una de las bromas del padre de Ojito, Orestes, que solía decir que era el único de la familia que había llegado por aire a Estados Unidos.

La vida en un país comunista

Para Juan Arturo Villar-Ojito, narrar el libro ha sido una herramienta para entender la historia de Cuba, el éxodo y la infancia y juventud de su madre en un país comunista.

“Leí el libro por primera vez cuando salió; tenía 10 años, y lo que más me interesaba era la historia de mi madre. Hice trampa y me salté los capítulos informativos y me leí los de la vida de mi madre y mis abuelos. Ahora fue lo opuesto, leí toda la historia de las personas involucradas en el Mariel”, cuenta el actor, que cuando el Herald lo entrevistó participaba en una puesta en escena de Romeo y Julieta en Hartford Stage, Connecticut.

El libro le “abrió los ojos sobre Cuba”, porque aunque su familia le había hecho muchos cuentos, aun así tenía una percepción idealizada del país de sus antepasados, de sus padres, confiesa.

“Al leer el libro de no ficción escrito por mi madre, entendí por qué pasó el Mariel, por qué mis abuelos querían irse desde antes del Mariel”, dijo.

Es quizás el dolor de una niña y adolescente que es discriminada por ser “gusana” —como el régimen cubano etiquetaba a los desafectos con el proceso revolucionario y a los que querían irse del país— uno de los aspectos más conmovedores del libro. Aunque Ojito lo narra muchos años después, ya con experiencia periodística, retoma con ternura la voz de una niña que crece en los años 1970 en Cuba, la década más cerrada del país al exterior, llena de escasez y de consignas, con maestros y vecinos que se prestaban para vigilar el más mínimo atisbo de postura diferente.

“Me impactó todo lo que tenían que hacer mis abuelos para comer”, dice Juan Arturo, recordando un pasaje del libro en el que los padres de Ojito, Orestes y Mirta, pasan una serie de vicisitudes en un viaje en autobús para llevarle un cake y celebrar los 15 años de Ojito, cuando pasaba la “escuela al campo” trabajando en el cultivo del tabaco.

Mirta Ojito fotografiada en Miami para una entrevista con motivo de la presentación de su libro, en abril del 2005.
Mirta Ojito fotografiada en Miami para una entrevista con motivo de la presentación de su libro, en abril del 2005. Pedro Portal EL Nuevo Herald

Esta era una de las formas en que el régimen cobraba la educación “gratuita” a los cubanos, que luego les sacaba en cara y que a veces, en el caso de algunas profesiones como la de los médicos, los convertía en esclavos, porque les impedía la salida del país.

“En un momento mi abuelo se enfadó tanto con las circunstancias que le dio un piñazo a un árbol, porque entendía que quería darle más a su familia y él tenía la capacidad para hacer eso”, dijo Juan Arturo, contrastando esa reacción con el recuerdo de su abuelo, ya fallecido, un hombre que siempre fue muy cariñoso.

“Pude entender esa diferencia, de que aquí tenemos la libertad para hacer lo que queremos”, señaló el actor, de 30 años.

Se cumple así el objetivo que deseaba Ojito del audiobook, que otras generaciones sepan más sobre esa etapa de la historia de Cuba.

Cubanos entre gobiernos

El libro vincula con maestría lo personal y privado con las entretelas de la política y las posturas del gobierno cubano y estadounidense que propiciaron el éxodo. Para los que no estábamos aquí entonces, es una herramienta para entender ese Miami de 1980 en que los exiliados salen a buscar, desesperados, un bote, pagando $1,000 y $1,500 por persona, un dinero que posiblemente no tenían o habían ganado con mucho esfuerzo, para ir a recoger a sus familiares a Cuba.

Muchos, como el tío de Ojito, habían sido castigados con trabajo forzado durante meses antes de irse de Cuba. Tenían que volver con miedo a un país del que habían sido expulsados, debían codearse con los militares que controlaban el puerto del Mariel y que “ladraban” las órdenes, como refleja Ojito en el libro.

Por otra parte, para los que dan el paso de irse de Cuba significa dejar sus casas, sus trabajos —por malos que fueran— y sus documentos de identidad, para entrar en un albur, porque las autoridades cubanas nunca les explicaron el proceso de salida. Los llevaban para un campo de concentración improvisado, un mar de tiendas de campañas verdes con pocos lugares para ir al baño, lleno de excrementos por todo el camino, y los despojaban de sus nombres. A partir de ese momento los llaman por el nombre del barco que se supone los llevara a Estados Unidos. Lo que tenían por delante eran días de espera para abordar botes repletos, a veces de hombres que Castro sacó de las cárceles y de los hospitales psiquiátricos.

A ellos, las personas de ojos perdidos, desorientados, que habían vestido de imprevisto y que en muchos casos iban sin zapatos, Ojito los trata con compasión. Ella después entrevistaría, cuando era reportera de el Nuevo Herald y el Miami Herald, a muchos. Fueron los más desafortunados y abandonados por todos en un éxodo y un país para el que no estaban preparados.

Mirta Ojito cuando era reportera de el Nuevo Herald y el Miami Herald, donde empezó a trabajar en 1987 al graduarse de Periodismo en Florida Atlantic University.
Mirta Ojito cuando era reportera de el Nuevo Herald y el Miami Herald, donde empezó a trabajar en 1987 al graduarse de Periodismo en Florida Atlantic University. Tim Chapman Miami Herald

Ojito señala que la idea más equivocada que se tiene sobre los marielitos y sobre el éxodo del Mariel en general es que todos eran criminales.

“El Mariel se definió como el momento en que Castro vació las cárceles”, dijo a el Nuevo Herald. “Pero hemos demostrado lo que somos con nuestro trabajo y nuestras vidas. Estoy segura que vinieron personas que cometieron delitos, pero llegaron más de 150,000 y ellos serían solo un 10 por ciento”, calcula.

Ojito apunta que el Mariel se pone como ejemplo de lo que no debe suceder. “Es una herida abierta”, señala, rememorando que cuando Clinton era presidente mandó a la base naval de Guantánamo a los inmigrantes del éxodo de los balseros en 1994, por el que más de 35,000 llegaron en embarcaciones precarias a Estados Unidos. Detrás de esa decisión del entonces presidente de Estados Unidos estaba el costo político que tuvo para él durante la gobernatura de Arkansas el motín de los refugiados del Mariel en Fort Chaffee.

Protagonistas y gestores del éxodo del Mariel

Ojito también hizo un trabajo extraordinario investigando los antecedentes del Mariel, y las personas conocidas y anónimas que lo propiciaron. Están presentes las primeras reuniones de un exiliado cubano, Bernardo Benes, banquero de Miami, con enviados del gobierno cubano en 1977, en Panamá. Uno de esos enviados era Tony de la Guardia, el coronel de la Seguridad del Estado, fusilado en 1989 como resultado del juicio en el que también fue condenado a muerte otro de los hombres de confianza de Castro, el general Arnaldo Ochoa.

Están los viajes de los primeros exiliados a Cuba en 1979, la llamada Comunidad, entre los que estuvo el tío de Ojito, que les reafirmó la promesa de que los sacaría de la isla. Las visitas de 100,000 cubanos a la isla tuvo un gran impacto en la población que vio cómo los “gusanos”, convertidos en mariposa, vivían con holgura en Miami, y en algunos casos con lujos, mientras el gobierno no había cumplido las promesas a la población de la isla. La jugada le demostró a Castro que los exiliados podían ser siempre una fuente de dólares para su régimen, porque no iban a abandonar a su familia en Cuba.

Además del retrato de Benes, Finding Mañana incluye el de Héctor Sanjústiz, el chofer de autobús que organizó la entrada por la fuerza a la Embajada del Perú el 1 de abril. El gobierno cubano quitó la custodia de la embajada y 10,000 personas buscaron refugio en los predios de la sede en el vecindario de Miramar, con el propósito de irse de Cuba. También está presente el diplomático peruano Ernesto Pinto Bazurco Rittler, que no se dejó amedrentar por Castro y protegió a los refugiados, y Napoleón Vilaboa, que inició la flotilla del Mariel desde Miami Beach con la salida del primer bote hacia Cuba, el Oshun, seguido por otros 41 botes, el 19 de abril.

Portada de ‘Finding Mañana’, que salió a la luz en formato de ebook en noviembre.
Portada de ‘Finding Mañana’, que salió a la luz en formato de ebook en noviembre.

Unas semanas después salía de Cuba la joven que contaría mejor, para el mundo anglo sobre todo, la historia y razones del éxodo del Mariel. Solo traía un almanaque con una foto de la playa de Varadero, dos plumas que le había dejado su tío cuando había estado en Cuba, y un creyón de labios marrón que todavía conserva en su botiquín.

En su mesa de noche tiene una foto de la familia en los años 1970, y en la pared el patrón de costura que le dieron a su mamá, ya fallecida, en la factoría en que trabajó por muchos años en Miami. Junto a este, sin proponérselo, Ojito colocó el diploma del premio Pulitzer que obtuvo en el 2000.

“Lastre” escribió uno de los funcionarios cubanos al describir la carga que llevaba el Mañana en el documento de autorización de salida del Mariel. La trayectoria de Ojito y de tantos refugiados del Mariel prueba que Castro se equivocó, aquellos de los que quiso deshacerse eran algunos de los mejores hijos de Cuba.

Al cabo de casi cinco décadas, Ojito, de 61 años, dice que si algo ha aprendido es que, “si decides hacer algo, tienes que hacerlo con todo”.

“El tesón de mis padres, las ganas que le ponían a todo, su integridad como seres humanos y lo bien que manejaron ser gusanos en Cuba”, la inspiraron para ser después marielita en Miami y persona en el mundo, concluyó.

Puede escuchar el audiobook de Finding Mañana, narrado por Mirta Ojito y Juan Arturo en Amazon, https://www.audible.com/pd/Finding-Manana-Audiobook/B0DGYN8JP4?source_code=AUDORWS0718179KY7

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de mayo de 2025, 6:30 a. m..

Sarah Moreno
el Nuevo Herald
Sarah Moreno cubre temas de negocios, entretenimiento y tendencias en el sur de la Florida. Se graduó de la Universidad de La Habana y de Florida International University. @SarahMoreno1585
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