Imágenes tras huracán Melissa muestran la extrema pobreza a la que ha llegado Cuba
Tras el paso del huracán Melissa por el este de Cuba, que dejó a miles de personas sin hogar, miembros de diversas iglesias, empresarios, activistas, artistas e influencers de redes sociales han viajado a algunas de las zonas más afectadas, documentando conmovedores testimonios del abandono y la miseria que caracterizan la vida cotidiana en las remotas áreas rurales del país.
Una tras otra, las imágenes y videos que llegan del oriente de Cuba tras el huracán Melissa muestran a hombres, mujeres y niños desnutridos, mal vestidos, a menudo descalzos, viviendo en bohíos y viviendas improvisadas, reflejando no solo la destrucción causada por la poderosa tormenta, sino también los calamitosos efectos de la crisis que azota al país.
“No tengo nada que darle [de comer] a mi hijo, con anemia, enfermo”, dice Rosa del Carmen López, vecina de Chavaleta, una comunidad rural de Mayarí, en la provincia de Holguín, en un video compartido por el periodista cubano José Luis Tan Estrada. Mientras se lamenta de los estragos que el huracán causó en su vivienda, la cámara muestra una choza de una sola habitación, sin baño ni cocina, sin ventanas, por donde se filtra la luz del sol a través de las grietas del techo y las paredes de madera. La ropa estaba amontonada en el suelo y sobre una cama que, según ella, pidió prestada. Mientras su pequeño llora, cuenta que tiene sarna porque no tiene agua ni jabón para lavarlo. Pronto tendrán que abandonar la choza, que, según ella, no es suya.
“¿Qué tengo que hacer?”, pregunta. “¿Dormir con este niño en el camino? No tengo nada porque no me quieren ayudar”, dice, refiriéndose a las autoridades locales y a una trabajadora social a la que, según afirma, había pedido ayuda sin éxito.
Un video difundido por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), una organización no gubernamental con sede en España, muestra a una familia con un niño discapacitado viviendo en condiciones precarias similares, en un bohío que perdió todo su techo tras el huracán. La madre del niño declaró que recibe 2500 pesos cubanos mensuales, equivalentes a 5 dólares, en ayuda gubernamental, insuficiente para cubrir sus medicamentos.
“Durante la entrega de ayuda en las provincias afectadas por el huracán hemos encontrado familias viviendo en una situación realmente inhumana,” afirmó el Observatorio, “No se trata de los efectos del huracán, sino de décadas de empobrecimiento y abandono por parte del Estado”.
La organización publicó recientemente una encuesta que estima que el 89% de la población cubana vive en condiciones de extrema pobreza.
“Cuando decimos que el 89% de los hogares cubanos viven en la extrema pobreza no es un simple titular o una estadística más, es la realidad vital de millones de cubanos”, señaló el Observatorio.
Mucho antes de que Melissa azotara la isla, en una especie de llamada de auxilio colectiva, cubanos de todo el país han estado compartiendo videos que evidencian el deterioro de sus condiciones de vida.
Hay imágenes de residentes de la ciudad de Matanzas recogiendo agua de un agujero en la calle porque, según dicen, carecen de suministro regular de agua. Muchas otras muestran las calles de La Habana cubiertas de basura.
Están las fotos de un grupo de niños durmiendo en la calle cerca de un hotel de lujo en La Habana, que causaron tal indignación que las autoridades respondieron, no abordando los crecientes niveles de indigencia y mendicidad, como muchos sugirieron en las redes sociales, sino acusando a los padres de negligencia.
Y ahí está Bárbara García Jiménez mostrando en un video los tumores que cubren su cuerpo y cómo vive con sus dos hijos en una casa ruinosa con el techo a punto de derrumbarse. En voz baja, sin mirar a la cámara, pide ayuda a los espectadores “en la medida de sus posibilidades”. Dos enormes tumores que cuelgan de sus glúteos indican que no ha recibido atención médica.
En una videollamada desde La Habana, García Jiménez, de 36 años, contó que lleva 12 años sin tratamiento para su enfermedad, la neurofibromatosis.
“Aquí, si no tienes dinero, no tienes nada”, dijo. “Aquí no corre nada si no conoces a alguien. En los buenos hospitales, si no tienes a alguien que te pueda guiar, no puedes hacer nada. He ido y te dicen que no te pueden tratar porque no tienen los recursos. Todo es ‘no hay’”. Ella vive con sus dos hijos y su abuela, quienes también padecen la misma enfermedad. Dijo que recibe 2600 pesos (6 dólares) de ayuda social.
“Eso no me alcanza ni para comprar un paquete de pollo o las medicinas que necesito”, dijo. “Hice el video porque tengo dolor, me siento mal y no tengo ayuda”.
Niveles de pobreza alarmantes
Los autores del reciente libro “¿Cuál es el impacto real de las sanciones sobre Cuba y Venezuela?”, publicado por la Universidad Sergio Arboleda de Colombia, señalan que las políticas gubernamentales que comenzaron después de que Fidel Castro entregara el poder a su hermano Raúl en 2006, como la reducción de subsidios, la consolidación del sistema de atención primaria de salud y la reducción de inversiones en salud y educación, han incrementado la desigualdad, la mortalidad y la pobreza en la isla.
Bajo el gobierno de Miguel Díaz-Canel, las condiciones de vida en la isla se han deteriorado drásticamente, como resultado de una combinación de factores externos —entre ellos la pandemia de Covid, la disminución de los subsidios venezolanos y el endurecimiento de las sanciones estadounidenses—, con la ineficiencia crónica del modelo de economía planificada socialista “que ha fracasado en todo el mundo” y políticas monetarias mal diseñadas que han alimentado una inflación descontrolada, escribió el prominente economista cubano Carmelo Mesa-Lago en el libro.
Un problema fundamental es “la incapacidad de la economía cubana de financiar sus importaciones de bienes con sus propias exportaciones debido a la caída en la producción interna”, añadió.
Mesa-Lago, profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh, aportó una cifra asombrosa en su libro: desde que Estados Unidos inició el embargo en 1961, Cuba ha recibido cerca de $238 mil millones en subsidios soviéticos y venezolanos, condonación de deuda y remesas enviadas desde el extranjero a familias cubanas.
Esa cantidad es casi 1.8 veces la ayuda que Estados Unidos brindó a Europa Occidental tras la Segunda Guerra Mundial como parte del Plan Marshall, escribió, y es muchísima mayor que los $20 mil millones que Estados Unidos destinó a América Latina durante las dos décadas de vigencia de la Alianza para el Progreso, impulsada por el presidente John F. Kennedy.
Y aun así, añadió, “Cuba atraviesa actualmente la peor crisis económica, política y social de su historia”.
El conglomerado militar cubano GAESA también ha desempeñado un papel significativo en el empobrecimiento de la población, ocultando hasta $18 mil millones en cuentas bancarias secretas y desviando los ingresos en divisas del país del gasto social y las inversiones en agricultura y otros sectores clave para construir hoteles para turistas, según reveló el Miami Herald.
Como resultado, la infraestructura del país, en pésimo estado, se está derrumbando, y las autoridades tienen dificultades para brindar servicios públicos básicos. La red eléctrica ha colapsado varias veces desde el año pasado, y los apagones diarios de varias horas son la nueva normalidad.
“No contamos con combustible suficiente para la generación eléctrica, el abasto de agua y hasta para el control de la higiene y la distribución oportuna de alimentos,” reconoció Díaz-Canel en octubre, culpando a “la guerra sin bombas que enfrentamos”.
Recientemente, ha insistido en que su gobierno no ha llevado al país a convertirse en un estado fallido. La prueba, según él, es que nadie murió a causa del huracán, gracias a las órdenes de evacuación del gobierno. Sin embargo, en un momento espontáneo durante su recorrido por algunas de las zonas afectadas, él mismo reveló la incapacidad de su gobierno para brindar ayuda inmediata a quienes la necesitaban.
Una mujer en el pueblo de Cauto Embarcadero, donde muchos perdieron sus casas y pertenencias a causa de las inundaciones, le dijo: “No tenemos camas ni colchones”. Un Díaz-Canel visiblemente molesto le espetó: “Y yo tampoco tengo pa’ dártela ahora”.
Luego añadió que ella debía esperar por las donaciones.
Pero el gobierno ha tardado en entregar las donaciones de gobiernos extranjeros y de las Naciones Unidas, especialmente a las zonas más remotas del oriente cubano, donde miembros del colectivo artístico La Familia Cubana y otros han estado entregando ayuda donada por cubanos en La Habana y Miami.
Videos publicados por quienes brindan ayuda desde la iglesia, el sector privado o ciudadanos preocupados muestran que algunas de las personas más pobres afectadas por la tormenta han estado durmiendo entre los escombros, en las mismas casas destruidas, sin tener adónde ir. Las tiendas de campaña que suelen proporcionarse en las labores de socorro tras desastres naturales en otros países brillan por su ausencia en las imágenes.
En la serie de videos publicados por el sacerdote católico Leandro Naung Hung, de Santiago de Cuba, que documenta sus visitas a pequeños asentamientos rurales para distribuir ayuda y conocer las necesidades más urgentes de su congregación tras la tormenta, también se observa poca ayuda externa, más allá de lo que él mismo puede proporcionar: espaguetis, conservas e incluso algunos clavos para un residente cuya choza fue alcanzada por un árbol durante la tormenta.
En efecto, sus videos muestran pocos signos de modernidad o de la presencia del Estado, ya que los residentes de esas pequeñas comunidades de Santiago de Cuba —El Desierto, San José, Gran Piedra— viven sin agua corriente, cocinas modernas ni inodoros, en casas improvisadas y bohíos que no han cambiado mucho desde aquellos que el difunto Fidel Castro denunció hace varias décadas como una de las razones de su revolución.
Una anciana raquítica en una choza que perdió su techo en la comunidad de San José, le contó al sacerdote que el huracán la sorprendió “durmiendo”.
“Comimos temprano y nos acostamos a esperar a que llegara” la tormenta, dijo. Le contó que el gobierno le dio algunas tejas en 2008 para el techo, pero luego el huracán Sandy “destruyó todo”. Desde entonces, no ha podido reconstruir su vivienda.
“No es fácil”, dijo.
Cuba está “en bancarrota”
Apenas unos días antes de que el huracán Melissa devastara el este de Cuba, dañando más de 90.000 viviendas, destruyendo carreteras y dejando sin telecomunicaciones a la población, un grupo de economistas reunidos en Miami advirtió que la economía cubana había tocado fondo.
Los expertos reunidos en la conferencia anual de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana en la Universidad Internacional de Florida presentaron cifras basadas en datos oficiales que ilustran el colapso económico: entre 2019 y 2024, el producto interno bruto disminuyó un 11%, la agricultura un 57% y el comercio casi un 30%.
“La economía cubana está en bancarrota, es decir, en su peor momento económico, y las autoridades cubanas toman medidas que no favorecen el cambio de esas tendencias”, afirmó Omar Everleny Pérez, economista radicado en Cuba.
El colapso económico de la isla se ilustra mejor con las cifras de producción de azúcar. Cuba, otrora conocida por ser la principal productora de azúcar del mundo, ahora se ve forzada a importarla.
La última cosecha de caña de azúcar, que comenzó en 2024, produjo menos de 150.000 toneladas, la peor en más de 100 años, incluso menor que cuando los independentistas cubanos peleando contra los españoles quemaron los cañaverales durante la última guerra de independencia en el siglo XIX. Desde 2019, la producción de azúcar se ha desplomado un 87%, según cifras basadas en datos oficiales recopilados por Pérez.
Los cultivos de alimentos básicos de la gastronomía cubana, como el arroz, se encuentran en su nivel mínimo. En 2023, último año del que se dispone de datos, Cuba produjo apenas 57.766 toneladas de arroz, una cifra muy inferior a las más de 700.000 de 2003. Las empresas estatales produjeron solo 42.000 toneladas de leche en 2023, menos que durante el Período Especial, la crisis económica de la década de 1990.
El colapso de la producción agrícola ha supuesto la desaparición de uno de los símbolos de la revolución de Castro: la libreta de racionamiento. “No han quitado la libreta pero quitaron los productos”, afirmó Pérez.
La eliminación de los subsidios alimentarios ha afectado con mayor dureza a los jubilados y a quienes dependen del sistema de asistencia social. El gobierno elevó recientemente las pensiones estatales mensuales hasta un máximo de 4.000 pesos (8,6 dólares), pero un cartón con 30 huevos se vende hasta por 3.000 pesos en La Habana, según el Instituto Nacional de Estadística de Cuba.
En 2021, el precio de un cartón de huevos era 400 pesos, uno de los signos de una inflación por las nubes.
El índice de precios al consumidor, un indicador de la inflación, ha aumentado un 487% con respecto a su valor de 2010. Esto significa, por ejemplo, que una familia de dos personas necesitaría 51,798 pesos (105 dólares) para cubrir los gastos de alimentación, transporte, vestimenta, cuidado personal e internet, según una estimación muy conservadora presentada por Pérez. El salario mensual promedio de un empleado estatal es de 6,685 pesos (14 dólares), informó el Instituto Nacional de Estadística de Cuba la semana pasada.
La crisis se ha estado gestando durante años, pero el gobierno se ha resistido a implementar reformas significativas por temor a perder el control político.
Los economistas reunidos en la FIU coincidieron en que el gobierno necesita implementar con urgencia las reformas de mercado, tan necesarias y postergadas, aunque discrepan sobre el alcance de la transición al capitalismo. Sin embargo, las palabras “reforma” o “cambio” no aparecen en las 92 páginas del “Programa de gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía”, un voluminoso plan con más de 700 objetivos que las autoridades cubanas publicaron antes del paso del huracán Melissa por el oriente de Cuba.
Un verbo como “proponer” —más planes, nuevas medidas, políticas actualizadas— aparece 55 veces en el documento, que por momentos se lee como una lista de tareas escrita apresuradamente por un burócrata. Aun así, hay poco de nuevo en dichas propuestas, muchas de las cuales ya habían sido planteadas por el primer ministro Manuel Marrero, incluyendo más medidas de austeridad y la reducción del sistema de bienestar social. El plan no incluye una reforma de las leyes del país para expandir el sector privado y atraer inversión extranjera, ni transpira un sentido de urgencia para atender algunas de las necesidades más apremiantes de la población.
Como es habitual, el plan se someterá ahora a varias rondas de debate.
Sin embargo, quienes se han visto afectados por Melissa necesitan ayuda de inmediato.
Mientras entregaba donaciones enviadas por sus seguidores a personas necesitadas en Holguín, Norge Ernesto Díaz Blak, influencer conocido como Noly Blak, quien lleva años documentando la extrema pobreza en esa provincia, se detuvo a hablar con una joven madre angustiada y demacrada con cuatro hijos que encontró en la calle en Cacocún. Ella le dijo que su casa fue destruida por el huracán Melissa, según en video que Blak publicó en sus redes sociales.
“¿Qué necesitas?”, le preguntó Blak.
“Yo no quiero nada”, respondió ella. “Comida es lo que yo necesito para los niños”.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de noviembre de 2025, 5:30 a. m..