Mientras avanzan conversaciones, Trump busca un cambio en el liderazgo de Cuba
El mandato del gobernante cubano Miguel Díaz-Canel como la cara visible del liderazgo comunista de la isla podría estar llegando a su fin, ya que la administración Trump ha señalado la necesidad de un reemplazo como parte de las negociaciones en curso para impulsar cambios económicos y políticos en la isla, según ha podido saber el Miami Herald.
El presidente cubano, Díaz-Canel, de 65 años, ha sido marginado de las conversaciones entre asesores del secretario de Estado, Marco Rubio, el nieto de Raúl Castro y otras personas en Cuba. La administración Trump lo considera “un obstáculo” para los cambios que desea ver en la isla, según declaró al Herald una fuente con conocimiento del asunto, que pidió el anonimato para poder hablar sobre este delicado tema. La fuente añadió que dicha opinión se ha comunicado a los cubanos en las conversaciones extraoficiales en curso.
El presidente Donald Trump ha calificado a Cuba de “nación fallida” y ha ejercido una presión sin precedentes sobre los líderes del país para que negocien un acuerdo. Tomó medidas para detener el suministro de petróleo de Venezuela y México a la isla tras la captura por parte del ejército estadounidense del aliado más cercano de Cuba, el dictador venezolano Nicolás Maduro. Rubio ha declarado que el gobierno estadounidense no espera cambios repentinos en la isla, pero que le gustaría ver a los líderes cubanos implementar cambios económicos “drámáticos” en su economía socialista de planificación centralizada.
La semana pasada, el Herald informó sobre una reunión entre los asesores de Rubio y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto, guardaespaldas y colaborador más cercano de Raúl Castro. La reunión tuvo lugar el miércoles pasado en San Cristóbal, en los márgenes de la conferencia anual de líderes caribeños de CARICOM. Rodríguez Castro también participa en la dirección de GAESA, el conglomerado militar que controla alrededor del 40% de la economía de la isla y activos clave como las gasolineras, el Puerto de Mariel y hoteles turísticos. Varias fuentes informaron al Herald que Estados Unidos discutió la posibilidad de flexibilizar gradualmente las sanciones estadounidenses contra Cuba a cambio de reformas en la isla.
Tras la reunión, Trump afirmó que una “toma amistosa del poder” en Cuba podría ser posible.
Sin embargo, el equipo de Trump considera que Díaz-Canel es demasiado ideológico y, al mismo tiempo, carece de la autoridad para garantizar la posición de Cuba en cualquier posible acuerdo, según la fuente.
La posibilidad de la destitución de Díaz-Canel pondría a prueba el interés de la familia Castro, que sigue en el centro del poder en Cuba, en llegar a un acuerdo con el gobierno de Trump que evite la intervención militar estadounidense y abra la economía de la isla para evitar el colapso total del país. También indicaría el control real que tienen los miembros de la familia sobre las diferentes facciones del liderazgo, que incluye a los militares y la amplia burocracia del Partido Comunista y el gobierno.
Existen obstáculos significativos, según los expertos, principalmente porque Díaz-Canel es también el primer secretario del Partido Comunista de Cuba, y ostenta una influencia simbólica.
“Si lo hacen, tendría que ser el resultado de negociaciones con garantías de ambas partes, porque eso sería un cambio drástico en Cuba”, declaró Ricardo Torres, economista nacido en Cuba y profesor de la American University en Washington, D.C. “Uno de los aspectos en los que siempre han sido cuidadosos es mantener la idea de estabilidad institucional”.
Remover a Díaz-Canel, “no es imposible, pero tendría que ser como parte de un acuerdo integral para una transformación importante porque esa decisión sería un escándalo” en Cuba, agregó.
Que Díaz-Canel pudiera ser sacrificado en las negociaciones con Estados Unidos podría resultar irónico para un hombre que ha hecho de la lealtad al legado de los Castro su sello político. Hizo de la frase “Somos continuidad” su lema personal.
Díaz-Canel es una de las figuras más impopulares del régimen, y se ha ganado como apodo un popular insulto en la isla. Ascendió en la jerarquía gubernamental y fue el último miembro en pie de un grupo de jóvenes incondicionales del partido preparados para suceder a Fidel Castro y posteriormente a Raúl, y ha sobrevivido a varias purgas a lo largo de los años.
Raúl Castro lo eligió para sucederlo, primero como presidente del país en 2018 y en 2021 como líder del Partido Comunista. Las esperanzas de que pudiera ser el Mijaíl Gorbachov de Cuba, el último líder soviético que impulsó las reformas y condujo a la disolución de la Unión Soviética, se desvanecieron rápidamente.
Díaz-Canel ha presidido sobre el mayor éxodo en la historia reciente de Cuba —alrededor de dos millones de cubanos han partido desde 2020— y las manifestaciones más multitudinarias desde que Fidel Castro tomó el poder en 1959. Y aunque Raúl Castro nunca se retiró del todo y sigue siendo la máxima autoridad de Cuba, fue Díaz-Canel quien se convirtió en el rostro de la crisis económica y las fallidas políticas gubernamentales que han hundido al país.
“Perdió la poca legitimidad que le quedaba durante las protestas del 11 de julio” en 2021, dijo un cubanoamericano que lo conoció y pidió no ser identificado para hablar sobre las interacciones. El 11 de julio, durante las protestas antigubernamentales en toda la isla, Díaz-Canel apareció en directo por televisión para instar a los partidarios del gobierno a confrontar a los manifestantes “por todos los medios necesarios”, una declaración que muchos interpretaron como una condonación de la violencia contra los manifestantes.
Cientos de las personas arrestadas ese día siguen encarceladas, y son la mayoría de los más de 1000 presos políticos que se estima hay en Cuba.
La fuente cubanoamericana que habló con el Herald afirmó que se sentía cada vez más desilusionada de que Díaz-Canel pudiera lograr un cambio significativo. El líder cubano parecía tener las manos atadas por la familia Castro y el poderoso ejército cubano, según la fuente.
Durante años, Díaz-Canel ha instado a cambios y ha pedido una mayor productividad en una reunión tras otra, como si la capacidad del gobierno para hacerlo no estuviera directamente ligada a su propia autoridad y capacidad para obtener resultados.
En una reunión del consejo de ministros el domingo, Díaz-Canel instó a “implementar las transformaciones urgentes y más necesarias que deben realizarse en el modelo económico y social”. Para los observadores cubanos y los residentes de la isla, su discurso no contenía nada nuevo ni presagiaba grandes reformas económicas.
Las medidas que mencionó, entre ellas otorgar mayor autonomía a las empresas estatales y los gobiernos locales, se habían anunciado previamente como parte de un plan gubernamental que los economistas cubanos ya consideraban insuficiente para reformar significativamente la debilitada economía de la isla.
“Está repitiendo el mismo mensaje, solo que con mayor frecuencia y al máximo volumen, pero es lo mismo, sin ningún plan ni implementación”, declaró Ricardo Herrero, director ejecutivo del Cuba Study Group, con sede en Washington.
Justificar la destitución de Díaz-Canel, una figura largamente despreciada entre los cubanos de la isla, podría no ser tan difícil, dado el largo historial de La Habana en la eliminación de miembros del gobierno considerados desleales, corruptos o incompetentes. En otros países del bloque comunista, antes de la caída de la Unión Soviética, abundaron los ejemplos de líderes de partidos y gobiernos que fueron destituidos repentinamente de sus cargos.
Pero un cambio de liderazgo en Cuba sería una concesión importante a Estados Unidos, según los expertos, especialmente dado el gran interés de Raúl Castro en dotar al gobierno comunista cubano de una aparente legitimidad en los últimos años impulsando una nueva Constitución y varias leyes para fortalecer el orden institucional.
Destituir a Díaz-Canel “no eliminará realmente los verdaderos cimientos del poder, pero tampoco es un gesto meramente simbólico”, afirmó Armando Chaguaceda, historiador y politólogo cubano, investigador de GAPAC, un centro de estudios mexicano. “En estos sistemas, aunque sabemos que el poder se ejerce con dureza, los símbolos importan, y cierta pátina de legitimidad importa”.
Si hay que sacrificar a alguien para cerrar un acuerdo con Trump, “claramente no van a sacrificar a Raúl Castro”, opinó Chaguaceda.
Un cambio en la cúpula del poder en Cuba probablemente será bien recibido por los exiliados cubanos, pero podría no ser suficiente para muchos que desean que Trump priorice los cambios políticos y la transición a la democracia en las negociaciones con Cuba.
Activistas, abogados, economistas y empresarios cubanoamericanos han compartido con el Herald en los últimos días una sensación de inquietud sobre los objetivos de la administración en su relación con Cuba. A muchos les preocupa que la administración Trump se conforme con dejar a un miembro de la familia Castro al mando del país, o que deje intacto a GAESA, el vasto conglomerado militar que controla la mayor parte de la economía del país.
Organizaciones de exiliados cubanos y los tres congresistas republicanos de Miami han pedido recientemente la imputación de Raúl Castro por el derribo en 1996 de dos aviones civiles pertenecientes al grupo Hermanos al Rescate, con sede en Miami.
El lunes, varias organizaciones de exiliados cubanos y cubanos en la isla que se oponen al gobierno actual dieron a conocer un plan para una transición democrática en Cuba que exige el desmantelamiento del Partido Comunista de Cuba.
A medida que aumentan las expectativas de un cambio de régimen en Cuba, también existe la posibilidad de que Díaz-Canel permanezca en sus cargos actuales.
“Él es un fusible, algo que puede saltar si afecta la supervivencia del sistema”, dijo Chaguaceda, pero lo comparó también con una boya que, de alguna manera, logra mantenerse a flote: “Ha sobrevivido a muchas cosas”.