Airbnb en Cuba, los problemas con el acceso a internet no garantizan el alojamiento
Los primeros viajeros extranjeros que se quedaron en casa de Raissa Acevedo y su mamá eran europeos. Habían ido a la isla a trabajar, y también en busca de un poco de amor. Pero desde que Acevedo se inscribió en Airbnb, ha acogido a más estadounidenses, gente curiosa sobre la vida en Cuba.
“Lo que los viajeros quieren experimentar no es un centro turístico, porque pueden ir a cualquiera en Punta Cana, en Cancún”, dijo Acevedo mientras preparaba café. “Lo que quieren es esto... la realidad de los cubanos. No tienen la menor idea de cómo viven los cubanos”.
Yo no debía haberme quedado en casa de Acevedo. Pero me alojé en su pequeño apartamento de dos habitaciones en un suburbio de La Habana después de enterarme que la habitación que había reservado también se la habían asignado a otra persona, un problema sistemático que muchas casas particulares inscritas en Airbnb enfrentan debido a la falta de servicio de Internet en la isla.
Desde el acercamiento en las relaciones con Cuba hace 15 meses, el gobierno del presidente Barack Obama ha eliminado fuertes restricciones a los viajes y al comercio, lo que ha ampliado las oportunidades para que los estadounidenses viajen a la isla.
Durante la visita de Obama a la isla el mes pasado, alabó la popularidad de Airbnb como un ejemplo de los beneficios diplomáticos que generan los estadounidenses que pasan tiempo con los cubanos de a pie. A Obama le gusta decir que nadie representa mejor los valores estadounidenses que los propios norteamericanos.
“Por eso alentamos los viajes, que pueden construir puentes entre nuestros pueblos”, dijo Obama durante su discurso en el Gran Teatro de La Habana el 22 de marzo.
Alquilar una habitación en una casa familiar también puede ser más barato que quedarse en un hotel del gobierno, y a algunos estadounidenses les gusta la idea de que su dinero no vaya directamente al régimen de Castro.
No cabe duda de que las familias se benefician, porque de otra manera no abandonarían sus empleos. Pero los que están impulsando una nueva economía más allá del control del gobierno pudieran decepcionarse de saber que el gobierno recibe su parte del pastel en forma de impuestos y otros cobros. Los dueños de las casas particulares también deben reportar a la oficina local de inmigración el número de pasaporte de cualquier extranjero que se hospede en su propiedad.
El gobierno cubano cobra 10 por ciento de los ingresos de las casas particulares. En dependencia del tipo de propiedad alquilada y vecindario, el gobierno también cobra una cuota mensual, que en el caso de Acevedo es de unos $70 mensuales.
Para Yisel Clavero Pérez, quien administra Casa Amada Malecón en su residencia colonial de 1926 de su familia en La Habana Vieja, son $200 al mes, 40 por cada una de las cinco habitaciones, no importa si tiene clientes o no.
A Clavero no le molesta pagar las cuotas extra, dijo, pero la cifra es significativa, teniendo en cuenta que el salario promedio en Cuba es de unos $20 al mes.
“Trabajamos duro para tener las habitaciones ocupadas”, dijo Clavero.
La decoración de la habitación que alquilé por $40 la noche era luminosa. A pesar de las sábanas rojas, la cama parecía cómoda. El baño parecía limpio. Las dos opiniones publicadas sobre el lugar mencionaban la ducha caliente y desayunos con frutas. En su perfil en Airbnb, la mujer que publicó la opinión, Martica, dijo que quedarse en su casa, donde viven su esposo y sus padres, era “como quedarse con la familia en Cuba”.
Cuando llegué, Martica no estaba. Su padre pareció confundido cuando le dije que tenía una reservación. Llamó a su esposa, la madre de Martica, quien se disculpó. La habitación estaba ocupada, dijo.
Después de unos minutos en el teléfono, el padre de Martica agarró mi maleta y me dijo que lo siguiera calle abajo hasta la casa de un vecino.
Me preparé mentalmente para una ducha fría mientras lo miraba pasar trabajo con las llaves que no conocía.
Martica llegó más tarde. Se disculpó y me explicó que se demoró un día en entrar en Internet. Para el momento en que vio mi reservación, ya la había asignado por teléfono a otra persona. No quería que me preocupara por la cancelación de la reservación, dijo.
En Cuba es imposible conectarse con Internet cuando uno quiere. La mayoría de los dueños de casas particulares de alquiler deben salir de sus viviendas para encontrar hoteles o puntos de acceso WiFi para conectarse. Y con un costo de $2 la hora, es caro.
Pero todo se solucionó, y la casa de Acevedo estaba limpia y tenía agua caliente.
Acevedo, de 52 años, ahora vive sola. Su madre falleció y su padre vive en la misma calle con su esposa. Los hijos de Acevedo ya son adultos y viven en Miami y Tallahassee.
Acevedo me dio consejos sobre cómo desplazarme, cómo escoger un almendrón, como les dicen en la isla a los autos clásicos estadounidenses que hacen las veces de taxis colectivos en que viajan varias personas a la vez por menos de $1.
Brian Chesky, el fundador de Airbnb, calcula que entre 10 y 20 por ciento de los estadounidenses que viajan a Cuba se quedan en propiedades registradas con Airbnb. Más de 4,000 cubanos se han inscrito en el servicio.
Y tiene sentido, porque más de 3.5 millones de personas visitaron Cuba el año pasado, pero la isla sólo tiene 63,000 habitaciones de hotel.
“Uno de nuestros anfitriones dijo que hay muchas ideas equivocadas sobre los estadounidenses, pero cuando viven un año con uno, las opiniones cambian mucho”, dijo Chesky en Cuba durante una charla con emprendedores.
Clavero, parte del primero grupo que se inscribió en Airbnb, ve las nuevas relaciones con Estados Unidos y la ampliación de Airbnb como pasos importantes para los cubanos.
Por unos $40 la noche, los viajeros alquilan la antigua habitación de Clavero, que da a un patio interior. Por $250 diarios, pueden alquilar toda la ca. Y se les permite fumar puros en el patio que tiene en la azotea, que da a La Habana Vieja.
“Si tenemos la oportunidad de crecer económicamente, será mucho mejor”, dijo Clavero. “Los cubanos, a pesar de los problemas, somos felices. ¿Puede imaginarse usted cómo sería sin esos problemas?”
El último día de mi estancia en Cuba, Acevedo sacó una caja vieja de su closet y me mostró una copia de una constitución de 1869 que ayudó a lanzar la independencia de la isla. Tenía recortes de noticias sobre un “joven rebelde”. Las fotos mostraban tomas glamorosas de una adolescente, la madre de Acevedo, a quien habían escogido reina del Carnaval de La Habana en 1962 después del triunfo de la revolución. En una de las fotos, la madre de Acevedo tiene puesto un traje de fiestas mientras observa el desfile. Junto a ella se ve sentado al “comandante Fidel Castro”.
“Mire aquí, mire aquí”, dijo Acevedo riendo, mientras miraba la vieja foto. “Aquí está sentada al lado de Fidel”.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de abril de 2016, 6:22 p. m. with the headline "Airbnb en Cuba, los problemas con el acceso a internet no garantizan el alojamiento."