Cuba

Las Harley Davidson en Cuba, historia de una pasión

José Angel Pérez Moreno, el “Pipe’, es uno de los ‘harlistas’ que ha traído consigo este hobbie a Miami.
José Angel Pérez Moreno, el “Pipe’, es uno de los ‘harlistas’ que ha traído consigo este hobbie a Miami. Max Cucchi

Aunque las Harley Davidson no vienen a la mente cuando se discuten los daños colaterales de la política cubana, están muy presentes en el pensamiento de los “harlistas” de Cuba.

En su nuevo libro Cuban Harleys, Mi Amor, Max Cucchi, Conner Gorry y Jens Fuge reúnen fotos y testimonios de esos motoristas de Harley Davidson conocidos como “harlistas” y exploran la turbulenta relación entre el gobierno de Cuba y las motos Harley Davidson.

El libro se centra en 50 hombres que resistieron el embargo cubano a las motos Harley Davidson después de una orden de 1967 emitida por el gobierno de la isla para enterrar todas las motos y sus partes en un gran foso cerca de una prisión en Santiago de Cuba.

Algunos dueños de Harley mantuvieron sus motos escondidas en un acto de desafío contra el gobierno cubano, y canibalizaron piezas de repuesto rusas para mantener sus secretas Harleys en funcionamiento

Fuge, escritor y periodista alemán que colaboró en el libro, explica que hay tres tipos de dueños de motocicletas en Cuba. En algunos casos, “las personas han tenido la moto por tres o cuatro generaciones en la familia... entonces esta moto es como un miembro de la familia”, dijo.

En otra instancia, la moto se compró en una época en que no eran muy codiciadas. “Estaban viejas, oxidadas y necesitaban muchas reparaciones y gasolina”, explica Fuge. El que tenía una moto en ese entonces debía ser un experimentado mecánico. Los dueños establecían un vínculo muy fuerte con la moto.

“Las reparaban con partes de autos rusos y cadenas de viejas máquinas de Coca-Cola”, explica Fuge.

El tercer tipo de “harlistas” en Cuba son aquellos que tienen dinero para comprar una de estas costosas motos y las partes para repararlas.

“Pero algo tienen en común todos: adoran a su moto y llevan sangre de motorista”, apunta Fuge.

A pesar de que ser dueño de una Harley Davidson en la Cuba de la década de 1970 era algo único, no hubo una demanda significativa por esas motos. Nadie deseaba las grandes y ruidosas máquinas, particularmente en un momento en que la gasolina era inasequible, lo que hacía poco práctico tener una moto.

Sin embargo, los “harlistas” devotos mantuvieron sus amadas motocicletas. Para ellos, tener una Harley Davidson era una forma de empoderamiento político y de rechazo al régimen de Castro. En vez de ser simplemente un pasatiempo personal, las Harleys armadas con piezas contrabandeadas se convirtieron en un símbolo de libertad política y autonomía bajo un régimen empeñado en el control absoluto.

Este acto subversivo captó la atención de Fuge en el 2012 y lo inspiró a hacer Cuban Harleys, Mi Amor.

“Ese año estuve por primera vez en Cuba y conocí a Luis Enrique [González Sáez]”, cuenta refiriéndose a uno de los más famosos coleccionistas de motos de la isla, y también mecánico que ha reconstruido muchas motos en su casa del Vedado. “En los próximos cuatro años, estuve 10 veces en Cuba y conocí a más ‘harlistas’. Escribí 30 retratos de los amantes de las motos, el resto los escribió Gorry, una norteamericana que vive en La Habana desde hace 10 años”.

Las motos representaban amor, esperanza y nostalgia.

Aunque fue una pérdida significativa, la destrucción forzada de las motos promovió una nueva generación de innovadores mecánicos con la habilidad de readaptar cualquier pieza de repuesto para mejorar una de las contrabandeadas o restantes motos.

Entre los amantes de las Harley en la isla está Ernesto Guevara March, hijo del Che Guevara, cuyo perfil se incluye en el libro. “A [Ernesto] le encanta reparar motos y ahora tiene un negocio para rentarlas y además es guía de turismo... Y no le gusta hablar de su padre”, dice Fuge.

Los fans de las Harley se mudan a Miami

En la medida que Miami se convierte en el hogar de más cubanos, también recibe a más harlistas con mayores oportunidades de desarrollar esta pasión. Aquí no tienen que esconder las motos y tampoco que hacer nada extraordinario ni ilegal para mantenerlas.

Carlos Hernández, incluido en Cuban Harleys, Mi Amor, vive ahora en Miami.

“Los mejores amigos que tengo son del club de la Harley en todo el mundo”, dijo Hernández, nacido en Villa Clara. “De Polonia, Alemania, Noruega, Dinamarca, Canadá, Estados Unidos, y por supuesto, todos mis hermanos motociclistas de Cuba. Creo que las Harley Davidsons permiten que la gente esté conectada”.

Para Hernández, la moto representa “satisfacción, libertad y un estilo de vida diferente”. También le dio la oportunidad de conocer su país de “este a oeste, y los mejores lugares para montar una Harley”.

A pesar de que los “harlistas” cubanos se mantuvieron como una subcultura relativamente pequeña, Cuba y las Harley tienen un vínculo inextricable.

Abel Pez, uno de los motoristas que aparecen en el libro explica: “Aunque estas motos se fabricaron en Estados Unidos, tienen un alma cubana”.

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de julio de 2016, 11:50 a. m. with the headline "Las Harley Davidson en Cuba, historia de una pasión."

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