Cuba

Candyman, padre del reguetón en Cuba, promueve mensaje contestatario

Considerado como el padre del reguetón cubano, el santiaguero Rubén Cuesta, más conocido como Candyman, es ahora una abierta voz crítica contra el gobierno de Raúl Castro y miembro activo de la opositora Unión Patriótica de Cuba (UNPACU).

La historia de cómo llegó el autor de temas como “El pru” o “El Chinito”—con connotaciones sexuales que generaron una ola de pánico moral entre las élites culturales de la isla—a ser también el pionero del reguetón contestatario, tiene el viso común de quien choca contra el sistema en Cuba.

Tras hacer una versión de la canción del puertorriqueño Eddy D, “Señor oficial”, en la que critica “el asedio policial a la juventud en Santiago de Cuba”, Candyman dijo haber sido censurado durante ocho años, aunque nunca recibió una comunicación oficial.

“No te lo dicen, vas viendo porque ya no te contratan, te van vetando. Me quitaron la censura tras ocho años pero he seguido arrastrando esa cadena”, comentó en entrevista con el Nuevo Herald. A su juicio, el gobierno y las instituciones culturales estatales estarían enfrascados en una lucha contra el género, especialmente en Santiago de Cuba, con instrucciones precisas a los DJs sobre la proporción de reguetón local que pueden difundir en sus espectáculos, un dos por ciento por noche. Un funcionario del Instituto Cubano de la Música habría declarado públicamente que “Santiago de Cuba es la capital del son, no del reguetón”, durante una reunión con artistas locales.

MENSAJE CONTRA EL GOBIERNO

¿Por qué el Estado cubano declararía una lucha encarnizada contra un género musical?

“Porque el reguetón dice lo que quiere, lo que piensa. El reguetón no se calla la boca”, afirma. “Ellos saben que la cultura, el arte, es el arma más peligrosa que pueden tener dentro del patio, porque no pueden coger a un artista y golpearlo por cantar”.

La cruzada moral contra el reguetón, que ha tenido ocupados en los últimos 15 años a los funcionarios que definen las políticas culturales en la isla, (con el apoyo de clases medias profesionales preocupadas por el impacto de esta música en la educación de sus hijos) esconde, a su juicio, intolerancia. “La gente no está preparada para la tolerancia de nada. No estamos acostumbrados a nada, en Cuba hay muchos tabúes”, afirma.

Esta no es la primera vez que el Estado cubano ha enfilado los cañones contra géneros que considera “deformaciones ideológicas”, “proimperialistas”, “vulgares” o incluso en casos como el feeling, “poco entusiastas”. Pero el reguetón ha significado un mayor peligro para el socialismo de la isla, no solo por sus letras calificadas como obscenas sino, sobre todo, por su masiva popularidad y unos discursos que giran alrededor del consumo y la satisfacción de los deseos materiales en el presente, temas muy alejados de los ideales revolucionarios y peligrosamente subversivos en un contexto de escasez como el cubano.

Ahora, Candyman confiesa sentirse indignado y quiere emplear su música para enviar un mensaje radical contra el gobierno, como parte de la estrategia de la UNPACU, organización a la que llegó a través de un familiar que militaba hacía años en ella.

“El objetivo de nosotros es mostrarle a la juventud de Cuba, que está soñando con venir a los Estados Unidos y abandonar su tierra, que no hace falta querer venir a quedarse y olvidarse de los problemas en Cuba, sino que hay que combatirlos allá dentro. Hay que cambiar a Cuba”, enfatizó.

El reguetonero recientemente renunció a la membresía del Centro Provincial de la Música para protestar por lo que considera un trato discriminatorio con raíces políticas. “Te van desmoralizando... Durante los carnavales me dieron un solo concierto por 4,000 pesos” cubanos ($145). Otros artistas del género y con permisos profesionales como él, pueden llegar a cobrar hasta 20,000 pesos ($725) por concierto, aunque todos deben pagar un impuesto del 30 por ciento sobre sus ingresos.

‘FATALISMO GEOGRÁFICO’

Con 24 años de carrera artística, el reguetonero santiaguero de 40 años y padre de dos niñas, resalta haber luchado contra “el fatalismo geográfico”.

“Los artistas de Santiago de Cuba, siempre hemos estado vetados por el regionalismo que alimenta el régimen. Es una estrategia diabólica”, dijo. Según su análisis, el gobierno cubano es más tolerante con la vida nocturna capitalina, pero no ocurre lo mismo en la ciudad que ha bautizado como “la cuna de la revolución”.

“En Santiago de Cuba no es así, porque es la capital del comunismo, el último bastión que ellos tienen y [como sucede con] toda tendencia cultural que sea liberal, ellos tratan de dormir la voluntad de los artistas para que, o se quiten del arte, o se vayan para la capital”, reflexiona.

Con pocos espacios donde actuar o escasa infraestuctura de promoción, a los artistas santiagueros que se definen como “underground” les resulta muy díficil competir con las estrellas del reguetón nacional, en su mayoría concentradas en la capital. En La Habana, el turismo ha generado discotecas y centros nocturnos donde ha proliferado esta música, y allí se encuentran las principales disqueras y estudios de grabación caseros.

Desde el punto de vista musical, Candyman no hace distinciones excluyentes entre el hip hop y el reguetón, pese a que muchos raperos han criticado a este género. “El rap, el reggae y el reguetón son la misma cosa, lo que cambia es el compás pero es la misma esencia”, explica y hace referencia a la influencia de la música jamaicana en el Oriente del país, para explicar el surgimiento del reguetón justo en esa región.

La Unión Patriótica de Cuba ha utilizado la popularidad del reguetón para promover su mensaje opositor, a través de discos que distribuye entre sus simpatizantes. Contar con una de las principales figuras de esta escena musical puede contribuir a hacer del reguetón contestario casi un subgénero dentro del país.

“Cada día hay más jóvenes que se unen para expresar su verdadero sentir; ya están dándose cuenta de que al régimen le queda poco”, comenta la joven cantante Liettys Rachel Reyes, activista de la UNPACU que ha incursionado en la música urbana contestaria con el tema “Hay un pueblo”.

El reguetonero José Manuel Berló, más conocido como “Mucho Manolo” también se ha sumado a esta tendencia.

“Siempre he sido un defensor de las raíces del género. El reguetón y la música urbana surgen en barrios marginales y su esencia es tocar esos temas también, los problemas que están alrededor tuyo. ¿Por qué si yo puedo hacer una canción hablando de amor, no puedo hacer una canción hablando, por ejemplo, de un hombre que está colaborando [con el gobierno]?”, se pregunta el joven de 27 años.

Ambos jóvenes, de visita en Miami junto a Candyman, comentaron que aspiran a que las libertades que han experimentado en Estados Unidos puedan ser disfrutadas en la isla.

Con el desenfado característico de los artistas de este género, Mucho Manolo resume el anacronismo de las políticas culturales cubanas en relación al reguetón: “Estamos en el 2016 y todavía esta gente está diciendo ‘vamos a prohibir el reguetón’. Mira cómo está el mundo que la gente está pensando ir a Marte y ustedes están pensando en prohibir un género musical. Ustedes están quemados”.

El reportero Mario J. Pentón contribuyó a este historia

Nora Gámez Torres: 305-376-2169, @ngameztorres

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de agosto de 2016, 2:38 p. m. with the headline "Candyman, padre del reguetón en Cuba, promueve mensaje contestatario ."

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