Venezuela

Arepas, compras y nuevos vecindarios, los venezolanos ponen sabor ‘chévere’ al sur de la Florida

Carlos, María Carolina y Alba Tessi en la cafetería European Corner, uno de los primeros negocios que ofrecía comida venezolana en Miami.
Carlos, María Carolina y Alba Tessi en la cafetería European Corner, uno de los primeros negocios que ofrecía comida venezolana en Miami. El Nuevo herald

Cuesta creer que había una época en el sur de la Florida en la que conseguir una arepa, una cachapa, un cachito –y ni hablar de hallacas o el pan de jamón– se podía considerar un viaje de excursión y un completo lujo.

Los primeros inmigrantes venezolanos, como Ernesto Ackerman que llegó a Miami en 1989, recuerdan que los antojos criollos se solían complacer en un solo restaurante cuyo nombre no da pistas a la nación de Simón Bolívar. European Corner abrió en 1993 por Carlos y Alba Tassi en el suroeste de Miami-Dade, y durante la primera década, no tuvo una competencia significativa en todo el condado.

“Había una comunidad venezolana muy chiquita en la zona de Kendall, no existían organizaciones de venezolanos, ni los venezolanos nos conocíamos entre nosotros”, cuenta Ackerman en el tono de quien recuerda un pasado tan remoto que parece ficticio.

Por su parte, Oscar Puig-Corve llegó al sur de la Florida con su familia en 1982 cuando tenía 14 años y recuerda que en su colegio de unos mil alumnos había solamente dos venezolanos: él y otro muchacho.

Gloria al Bravo Pueblo

Es evidente que, desde entonces, los venezolanos se han ido colando poco a poco en el sur de la Florida, transformando el mosaico cultural que define al condado Miami-Dade. Los restaurantes que ofrecen el “pabellón criollo” se han nivelado con los que dan “ropa vieja” y “bandeja paisa” y al mismo tiempo, han surgido dos fuertes comunidades en Doral y Weston, que le han valido a las ciudades los sobrenombres de “Doralzuela” y “Westonzuela”. Todo esto en 15 años.

Como lo resume el profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales del Miami Dade College, Richard Tapia, “los venezolanos traen a Miami lo mismo que traen muchas comunidades hispanoamericanas: su gusto, su música, su cultura, que permite a Miami ser de verdad la capital de las Américas”.

Otro importante aporte de los venezolanos al condado es el tema económico. Esta es la nacionalidad que más ha comprado viviendas durante los últimos años, tendencia que sorprende a algunos ante la crítica crisis económica que vive el país suramericano.

Pero los venezolanos también se han dedicado –por razones migratorias o personales– a abrir todo tipo de empresas en el sur de la Florida. Aunque los restaurantes son los más notorios, la realidad es que los venezolanos han conseguido un nicho en todas las ramas.

Ackerman y Puig recuerdan que las primeras empresas de sus compatriotas eran compañías dedicadas a carga, transporte y exportación. Pero en los últimos años se ha visto incluso sucursales de compañías reconocidas en Venezuela, como es el caso de la farmacia Locatel, de la tienda de construcción Prosein y hasta de la funeraria Vallés.

¡Abajo cadenas!

Para aquellos venezolanos que han sido testigos del cambio, la migración de compatriotas empezó a crecer proporcionalmente con la instauración del “socialismo del siglo XXI” del ex presidente Hugo Chávez. Anteriormente, como recuerda Alba Tassi, la fundadora del restaurante European Corner, los venezolanos no emigraban, sino que viajaban a todos lados con su popular frase: “Está barato, ¡dame dos!”.

La venezolana Karina Fernández porta un gran cartel en contra de la Constituyente, en Doral, el 29 de julio.
La venezolana Karina Fernández porta un gran cartel en contra de la Constituyente, en Doral, el 29 de julio. Roberto Koltun rkoltun@miamiherald.com

La primera ola migratoria vino en el 2003, luego que unos 17,000 empleados de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) fueron despedidos por haber participado en el paro nacional del 2 de diciembre de 2002 al 3 de febrero de 2003. Chávez incluso despidió en cadena nacional a los altos ejecutivos a quienes llamó por nombre y apellido, seguido de un grito de “Pa’ fuera”.

Desde entonces, cada crisis política y económica de Venezuela se ha traducido en una oleada de venezolanos que prefiere explorar nuevos horizontes en busca de una estabilidad económica y de algo tan sencillo como “poder salir a las calles sin que te maten”. Uno de los logros de la revolución es que Venezuela se ha convertido en uno de los países más inseguros del mundo.

“La migración venezolana ha sido muy similar a la cubana”, explica el profesor Tapia que indica que el primer grupo estuvo conformado de personas de un nivel socioeconómico alto, profesionales, con negocios. “Esas son las personas que se pueden escapar temprano, el resto de la población tiene que esperar un tiempo para tener chance de poder salir”.

Los más recientes inmigrantes del sur de la Florida han llegado al borde de la indigencia, sin dinero en el bolsillo, sin una cuenta bancaria con dólares (en Venezuela hay un control de cambio desde 2003) y sin oferta de trabajo o posibilidades de conseguir un estatus legal. Se estima que hay 11,000 venezolanos indocumentados en los condados Miami-Dade y Monroe.

Eso sí, la mayoría llega con mucha fe.

Gritemos con brío

Los venezolanos se reconocen desde lejos por ese humor sarcástico contagioso, una solidaridad profunda, un gusto por el trabajo y un optimismo a veces irracional. “El venezolano siempre piensa que su futuro va a ser mejor”, indicó la investigadora de mercado, Alie Charr en una entrevista en el programa radial del venezolano César Miguel Rondón, y que luego fue incluida en el libro “Armando el rompecabezas de un país”.

Según análisis estudiados por Charr, la felicidad de los venezolanos radica en aspectos altamente emocionales como la satisfacción de “trabajar, comer, llevar los niños al colegio y hacer un sancocho los fines de semana”. Para estos, la familia tiene un aspecto diario muy importante, entendiéndose como familia al “grupo de personas con las que compartimos a visa, el espacio diario de luchas”.

Por su parte, el venezolano Ackerman resalta que, en su opinión, los venezolanos han aportado a Miami lo civilizado y educado que son.

Unida con lazos

El futuro de la comunidad venezolana en el sur de la Florida es impredecible. Así como los cubanos cuando empezaron a llegar, algunos venezolanos indican que volverían cuando el régimen chavista caiga. Sin embargo, con el pasar del tiempo se empiezan a echar y consolidar raíces que serían difícil derrumbar.

Posiblemente su presencia y fortaleza se consolide dentro de Miami. “Como cualquier otra comunidad, han empezado a influir (pero) tienen que ser inteligentes y apoyar a lo que es mejor para ellos, no solamente gente como ellos porque si no, no tenemos los mejores oficiales electos”, dijo el actual alcalde de Doral, Juan Carlos Bermúdez, quien cree que “ha habido mucha más madurez política en la comunidad venezolana que a veces se le reconoce”.

Para Oscar Puig, el primer venezolano en ocupar un cargo político en Miami-Dade al ser concejal para la comunidad de Doral antes de que fuera ciudad, los venezolanos pueden llegar a tener a mediano plazo una presencia política, porque están buscando involucrarse en la política debido a todo lo que han vivido. “Pero primero tenemos que unirnos (...) como grupo migratorio”, advierte.

Periodista venezolana. Ganadora del segundo lugar en News Reporting de FSNE 2017 y tercer lugar en el Mejor Reportaje de Investigación en Print/Online por los Sunshine State Awards 2017. Reconocimientos especiales de la Universidad Arturo Michelena, la escuela de Educación de la Universidad de Carabobo.

Siga a Johanna A. Álvarez en Twitter: @jalvarez8.

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de septiembre de 2017, 8:30 a. m. with the headline "Arepas, compras y nuevos vecindarios, los venezolanos ponen sabor ‘chévere’ al sur de la Florida."

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