La suspensión de licencias propinará duro golpe al régimen de Caracas. ¿Sobrevivirá Maduro?
La decisión del gobierno de Trump de revocar las licencias que permiten a Chevron y otras empresas internacionales producir petróleo en Venezuela probablemente tendrá un fuerte impacto perturbador en las finanzas del régimen de Caracas que limitaría la capacidad del gobernante Nicolás Maduro de mantener contenta a su coalición gobernante.
Pero no esperen ver un cambio de régimen en el corto plazo. Maduro y su círculo íntimo ya han sobrevivido a la ronda de sanciones de la política de “máxima presión” adoptada durante el primer gobierno de Trump, y están bien versados en la práctica del contrabando de petróleo, oro ilícito y cocaína que le ayudarían a compensar el déficit en las ventas tradicionales de petróleo, dicen los analistas.
Acusando a Maduro de no retomar el proceso de deportación de migrantes venezolanos de Estados Unidos con la rapidez que había prometido, Trump anunció el miércoles a través de su cuenta Truth Social que Estados Unidos revocará a partir del 1 de marzo la licencia otorgada a Chevron por el expresidente Joe Biden.
La producción de Chevron en el país sudamericano actualmente promedia unos 220,000 barriles por día, lo que equivale a aproximadamente una cuarta parte de la producción actual del país de 900,000 barriles por día.
Pero el secretario de Estado Marco Rubio señaló el miércoles por la noche que Estados Unidos suspenderá otras licencias petroleras.
“Hoy, conforme a la orden de @POTUS (Presidente de los Estados Unidos), estoy proveyendo orientación en nuestra política exterior para terminar todo respaldo del Departamento de Estado a las licencias de petróleo y gas aprobadas bajo la administración Biden las cuales han servido para financiar de manera vergonzosa al régimen ilegítimo de Maduro”, Rubio escribió tarde en la noche del miércoles en su cuenta de X.
Si la medida, que debe ser anunciada formalmente en cuestión de pocos días, incluye también las licencias otorgadas a la española Repsol, la italiana Eni, la francesa Maurel & Prom y la india Reliance Industries, el impacto global en la producción venezolana podría superar los 450,000 barriles diarios.
Al igual que en el caso de Chevron, estas empresas extranjeras han recibido licencias del Departamento del Tesoro de Estados Unidos que les permiten operar en Venezuela sin el riesgo de ser declaradas en violación a las sanciones impuestas al régimen de Maduro y correr el riesgo de ser sancionadas ellas mismas.
Chevron y las demás empresas han jugado un papel clave en los esfuerzos de Venezuela por recuperar su producción petrolera, que había caído a niveles cercanos a los 400,000 barriles diarios en 2020, desde los 3.2 millones de barriles diarios el país llegó a producir antes de que el fallecido presidente Hugo Chávez lanzara su revolución socialista hace 25 años.
El aporte de todas las compañías petroleras extranjeras al gobierno de Maduro asciende a unos $700 a $800 millones mensuales, dijo Antonio De La Cruz, director del centro de estudios Inter American Trends, con sede en Washington.
“Ese dinero se utiliza para financiar la corrupción que mantiene contentos a los militares”, agregó. “También se necesita para financiar la represión que mantiene a la población bajo control, pero lo más valioso para Maduro, es que es dinero limpio que se puede utilizar para blanquear parte del dinero que viene de fuentes ilícitas”.
Maduro y el número dos del régimen, el ministro del Interior Diosdado Cabello, tienen cada uno sobre sus cabezas una recompensa de $25 millones ofrecida por el gobierno de Estados Unidos. Ambos enfrentan cargos federales por presuntamente ser los jefes de la organización de droga conocida como el Cartel de Los Soles.
El dinero del narcotráfico ha tenido una importancia cada vez mayor en las finanzas del régimen, creciendo sustancialmente en los últimos años, lo que le ha permitido al régimen resistir el impacto de las sanciones impuestas por la primera administración de Trump a la industria petrolera venezolana en enero de 2019.
Según las investigaciones realizadas por las autoridades de Estados Unidos, el cártel venezolano exporta entre 250 y 350 toneladas de cocaína por año con un valor en la calle estimado entre los $6,250 millones y los $8,750 millones. Gran parte de esa droga es enviada a Estados Unidos.
Si bien la suspensión de las licencias en esencia cerrará el acceso del petróleo venezolano a los mercados internacionales, y en particular a las refinerías a las que suministra crudo Estados Unidos, esto no significa que el flujo de crudo del país sudamericano se detendrá por completo.
En un intento por evadir las sanciones impuestas a la estatal Petróleos de Venezuela, el régimen utilizó a pequeños intermediarios para enviar cargamentos de crudo a China a través de Indonesia y otros países asiáticos.
Estas empresas adquirían el crudo venezolano con grandes descuentos que generaban las elevadas ganancias necesarias para asumir los riesgos inherentes a esas operaciones. Eso descuentos reducen significativamente los ingresos petroleros disponibles para el régimen, pero aún así proporcionaría una cantidad considerable de efectivo.
Los analistas dijeron al Herald que uno de las principales consideraciones a ser definidas en los próximos días es la velocidad con la que se implementarán las suspensiones de las licencias.
Dado a que la licencia de Chevron fue renovada el 1 de febrero por seis meses, la empresa estadounidense tendría en teoría cinco meses más para detener sus operaciones en Venezuela.
Sin embargo, los mercados petroleros mundiales estaban llenos de especulaciones el jueves por la mañana sobre si la administración podría decidir darle a Chevron un período mucho más corto en vista a los comentarios hechos por Trump de que los compromisos adquiridos por Maduro y los objetivos relacionados con la licencia no fueron cumplidos.
Los analistas creen que la otorgación de un período prolongado para que las empresas extranjeras dejen de operar en Venezuela otorgaría a las partes tiempo suficiente para tratar de negociar algún tipo de acuerdo para superar el impasse actual.
Pero el largo historial de Maduro de no cumplir con su palabra hace que sea muy poco probable que cualquier acuerdo alcanzado pueda tener un efecto duradero. Un ejemplo reciente fue el acuerdo que el régimen alcanzó con la administración Biden en 2023 en el que el hombre fuerte venezolano se comprometió a celebrar elecciones libres y justas y a dejar el poder si perdía.
Las elecciones se celebraron en julio del año pasado y Estados Unidos y un gran número de otros países concluyeron que Maduro perdió por un margen de 2 a 1 frente al candidato de la oposición Edmundo González. Pese a ello, el régimen declaró que Maduro había ganado la reelección para un tercer mandato presidencial.
En reacción al anuncio de Trump el miércoles por la noche, un desafiante Maduro afirmó que ninguna “amenaza” podrá quebrar “la voluntad del pueblo de Venezuela de avanzar hacia su independencia, hacia su libertad y hacia su máxima felicidad”.
“No se equivoquen... Venezuela no será atacada, Venezuela no será tocada”, dijo. “Venezuela será respetada”.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de febrero de 2025, 6:39 p. m..