La seguridad en los aeropuertos de EEUU se ha convertido en una rutina
Año tras año, más estadounidenses tratan de subir a los aviones con armas de fuego escondidas en su equipaje de mano. También traen escondidas espadas, hachuelas, estrellas de ninja con las puntas afiladas y hasta pólvora.
Invariablemente, la respuesta de los pasajeros cuando agentes de la Administración de Seguridad del Trasporte (TSA) les confiscan las armas es la misma: Ay, se me olvidó que la llevaba conmigo.
“A mi siempre me deja pasmado que a la gente se le pueda olvidar que llevan un arma en su equipaje de mano”, dijo el administrador de TSA Peter V. Neffenger. “No estoy seguro de por qué la gente sigue haciendo eso”.
No todo el mundo se cree la excusa del olvido.
“No olvidaron los pantalones. No lo puedo entender”, dijo David Borer, asesor legal general de la Federación de Empleados del Gobierno de Estados Unidos, sindicato que representa a los aproximadamente 42,000 agentes de seguridad del transporte de la nación.
Ya sea que sufrieron un lapso mental o que querían estar preparados en caso de que terroristas armados trataran de nuevo de secuestrar un avión, la confiscación de un número récord de 2,653 armas de fuego el año pasado en los puntos de control de los aeropuertos es sólo un aspecto de un panorama de seguridad en evolución ahora que el país llega al aniversario 15 de los ataques del 11 de Septiembre.
El ritual de seguridad tiene ahora un ritmo familiar: quitarse los zapatos, sacar la laptop, pasarlo todo por la máquina de rayos X. Casi 2 millones de pasajeros atraviesan esta rutina a diario. A muchos no les gusta ni un poquito. Algunos se rebelan.
Las herramientas que usan los agentes de seguridad –incluyendo escáneres a cuerpo completo– se hacen más sofisticadas cada día, mientras que las preguntas más simples siguen sin tener una respuesta satisfactoria: ¿funcionan todas las medidas de seguridad? ¿sirven realmente de freno a los terroristas? ¿estamos protegidos?
Los expertos sólo están de acuerdo en una cosa: la seguridad extrema en los aeropuertos es una medida permanente.
“Va a pasar mucho tiempo antes de que ya no tengamos que quitarnos los zapatos”, dijo Bruce Schneier, técnico de seguridad y acerbo crítico de la TSA.
Es difícil analizar los procedimientos de seguridad que ha adoptado el gobierno federal y no llegar a la conclusión de Schneier, que gran parte de ellas no son más que “teatro de seguridad”.
Abundan los fallos aparentes. Una auditoría hecha el año pasado concluyó que los agentes de TSA sólo descubrieron armas tres veces cuando investigadores encubiertos pasaron 70 veces por puntos de control de aeropuertos con armas o explosivos falsos, un índice de fallo del 95 por ciento. El entonces administrador perdió su puesto.
“No estamos más seguros que antes del 9-11, más allá del dinero y la energía que se han invertido en cambiar la seguridad de los aeropuertos”, dijo Michael Boyd, consultor de aviación y ex veterano ejecutivo de aerolíneas radicado en Evergreen, Colorado.
Sucesos ocurridos el último mes subrayan cómo se comportan los agentes de TSA, que están desarmados, frente a un posible ataque terrorista. En la noche del 14 de agosto, cuando circularon reportes falsos de disparos en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy de Nueva York, tanto los agentes de la TSA como los guardias civiles de seguridad abandonaron sus puestos y se unieron a la estampida de cientos de pasajeros. Eso provocó cuestionamientos sobre la preparación existente en caso de un verdadero ataque terrorista.
Dos semanas más tarde, cundió el pánico en el Aeropuerto Internacional de Los Angeles cuando ruidos explosivos desencadenaron rumores de que alguien estaba disparando. Varias terminales fueron evacuadas, y lo mismo pasajeros que agentes de TSA violaron las puertas de seguridad en su fuga hacia la pista del aeropuerto.
Gente aterrorizada, dijo Boyd, “corría en todas direcciones como una manada de gacelas huyendo de los truenos. La TSA no tenía ningún plan establecido en caso de un incidente así, excepto decir a la gente que huyera en dirección contraria al ruido o soltarlas a la calle en una multitud apiñada, el blanco perfecto para un terrorista”.
La molestia de tener que quitarse los zapatos, sacar las laptops de las bolsas y vaciar las monedas de los bolsillos ha provocado solicitudes de acelerar el chequeo de seguridad. El programa, conocido como TSA PreCheck, permite a los pasajeros de bajo riesgo pasar por los puntos de control sin quitarse los zapatos.
Unos 12,000 solicitantes diariamente pagan los $85 que cuesta la membresía de cinco años, tras esperar seis semanas por una cita, y el total ya pasa de los 3.5 millones. De acuerdo con el secretario Jeh Johnson del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), el 96 por ciento de los pasajeros de PreCheck pasan un promedio de cinco minutos o menos en los puntos de control de seguridad.
“Hemos convertido la seguridad en cosa de ricos y pobres”, dijo Schneier: los pasajeros de PreCheck que pagaron el dinero y el resto del público que viaja.
Incluso los famosos policías federales aéreos, cuyas cifras subieron estratosféricamente después del 11 de Septiembre, están siendo criticados. El programa, que pone agentes armados en los vuelos domésticos de alto riesgo, cuesta más de $820 millones al año., en teoría, los agentes son la última línea de defensa frente a un secuestro terrorista. En la práctica, más policías federales aéreos parecen haber sido arrestados por haber cometido delitos de mayor cuantía que arrestos han hecho.
El legislador federal republicano de Tennessee John J. Duncan dijo en el 2010 que el servicio de policía federal aérea había hecho un promedio de 4.2 arrestos por año del 2001 al 2010, y agregó que “estamos gastando $200 millones por cada arresto”.
Aun con los tropiezos de la TSA y la policía federal aérea, hay un hecho cierto después del 11 de Septiembre que puede alegrar a cualquier viajero.
“No ha habido un solo ataque terrorista (que haya tenido éxito) desde el 9-11, toco madera”, dijo David Borer, asesor legal general del sindicato de la TSA.
Eso podría hacer sentirse mejor a los pasajeros, pero no a los expertos que ven las fallas.
Algunos pronostican que los aeropuertos presentarán anillos concéntricos camino a las terminales, con software de reconocimiento facial en uso activo y un perímetro de seguridad fuera de los edificios de las terminales.
“Las puertas traseras de nuestros aeropuertos están abiertas de par en par”, dijo Boyd. “La seguridad en tierra de los aviones es muy débil: cosas como los carritos de servicio, los contenedores de carga, etc., carecen de seguridad”.
“Ciertos aeropuertos son un mejor blanco ideológico para los terroristas: JFK, LaGuardia, LAX, San Francisco, Atlanta”, dijo Anthony C. Roman, ex piloto que es ahora consultor de seguridad. “Tenemos que mantenernos súper vigilantes; no asustados, pero tampoco con la mente en las nubes”.
“Si algún ataque a un aeropuerto de Estados Unidos tuviera éxito, creo que veríamos procedimientos de seguridad más intensos”, dijo.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de septiembre de 2016, 3:44 p. m. with the headline "La seguridad en los aeropuertos de EEUU se ha convertido en una rutina ."