Estados Unidos

Trump, rey Midas de la sorpresa, venció a quienes lo tildaron de payaso

Donald Trump escucha a la derrotada candidata presidencial demócrata Hillary Clinton durante el segundo debate en St. Louis, Missouri, el 9 de octubre.
Donald Trump escucha a la derrotada candidata presidencial demócrata Hillary Clinton durante el segundo debate en St. Louis, Missouri, el 9 de octubre. AP

Poco después de anunciar su candidatura a la presidencia en el verano del 2015, muchos tildaron a Donald Trump de payaso y lo acusaron de carecer del temperamento para ser líder de Estados Unidos. Muchos analistas se burlaron de él y lo descartaron como aberración temporal que en última instancia desaparecería de la campaña.

Pero Trump confirmó el viejo refrán de que el que ríe último, ríe mejor.


El 8 de noviembre, Trump triunfó en las elecciones presidenciales y el 20 de enero será juramentado como el nuevo presidente de Estados Unidos.

¿Cómo pasó esto?

De una manera sin precedentes, los votantes eligieron al candidato menos ortodoxo, el que prometió derribar el sistema existente que, según él, permite la inmigración ilegal, a los musulmanes y otros visitantes extranjeros de áreas de alto riesgo entrar al país, y a terroristas del Estado Islámico realizar ataques dentro de Estados Unidos.

El mensaje de los votantes fue claro: no queremos más inmigrantes indocumentados, no queremos más ataques por terroristas islámicos ni más globalización que se lleva nuestros empleos a otros países.


Ese mensaje de nacionalismo fue el que dio a Trump la presidencia y aplastó las esperanzas de Hillary Clinton de convertirse en la primera presidenta de la nación, a pesar de haber ganado el voto popular con 65.9 millones de sufragios contra 62.9 millones para Trump.

En total, dicen los analistas políticos, la victoria de Trump se hizo eco de un sentimiento similar en el Reino Unido, donde prevaleció el Brexit contra la adhesión a la Unión Europea, en Italia y en Francia, donde la derecha sigue avanzando.

Trump, el Brexit y tendencias similares en otros lugares parecen reflejar un aumento en los sentimientos nacionalistas y populistas contra la globalización.


“La globalización”, escribió el inversionista chino de Shanghai, Eric X. Li, en un reciente artículo en la revista Foreign Affairs, “percibía un mundo que se movía inextricablemente hacia la adopción de un conjunto unificado de reglas y estándares en economía, política y relaciones internacionales. En ese mundo, gradualmente pierden relevancia, e incluso, desaparecen las distinciones culturales y esto daría paso a los valores universales. La democracia electoral y el capitalismo de mercado se extenderían por todo el mundo. Por último, todos los países serían gobernados de una manera más o menos igual”.

A pesar de la sorpresa que el triunfo de Trump provocó entre los liberales, los indicios del gran cambio político empezaron a ser evidentes en el 2007 cuando fracasaron intentos bipartidistas de aprobar en el Congreso una versión previa de la reforma migratoria, un proyecto de ley que habría legalizado a más de 12 millones de indocumentados.

Promovido por el presidente George W. Bush y respaldado por legisladores republicanos y demócratas en el Congreso, el proyecto de ley –no obstante– no logró avanzar debido a una férrea oposición por parte de activistas conservadores e incluso de algunos activistas liberales que atacaron la medida como “mala” para los indocumentados a pesar de que era similar a una versión que respaldaron años más tarde, en el 2013, cuando el presidente Obama también la respaldó.


Más semillas de descontento electoral fueron plantadas cuando se desató la Gran Recesión y millones perdieron sus hogares y empleos en la crisis económica del 2007-2008.

Más evidencia de que los votantes estaban hartos de los políticos regulares, en particular los demócratas, surgió en la elección a gobernador de la Florida en el 2014.

Inicialmente favorecido por las encuestas, el republicano convertido en demócrata Charlie Crist, un ex gobernador de la Florida, perdió ante el gobernador republicano Rick Scott, quien luego le dio su respaldo a Trump cuando era candidato a la presidencia.


Trump, un magnate inmobiliario y estrella de la televisión reality, anunció su candidatura a la Casa Blanca en un discurso el 15 de junio del 2015, que inicialmente atrajo las críticas generalizadas entre los expertos políticos y analistas de los medios.

La razón: atacó la inmigración ilegal desde México acusando al vecino país de enviar a Estados Unidos narcotraficantes, criminales y violadores.

“Cuando México envía a su gente, no está enviando lo mejor”, dijo Trump. “Están enviando gente que tiene muchos problemas y traen esos problemas, traen drogas, delincuencia, son violadores, y algunos, supongo, son buenas personas”.

Aunque la mayoría de los comentaristas y analistas criticaron a Trump por esa declaración, esta en sí generó un amplio apoyo entre los votantes que desprecian a los inmigrantes indocumentados. También ayudó a crear la percepción de que Trump era el primer candidato presidencial en proponer la oposición férrea a la inmigración ilegal como pieza central de su campaña.

Después de eso, Trump prometió construir un muro a lo largo de toda la frontera mexicana y deportar a todos los 11.1 millones de inmigrantes indocumentados en el país. Su postura sobre la inmigración, así como sus promesas de “Hacer América grande otra vez” lo ayudaron a prevalecer sobre un gran número de candidatos presidenciales republicanos en las primarias.


Al comenzar la campaña presidencial del 2016, el republicano favorito entonces era el ex gobernador de la Florida, Jeb Bush, hermano del ex presidente George W. Bush e hijo del también ex presidente George H. Bush.

En total, 17 republicanos –incluyendo a Bush y Trump– buscaron inicialmente la nominación de su partido. Los otros eran Ben Carson, Chris Christie, Ted Cruz, Carly Fiorina, Jim Gilmore, Lindsey Graham, Mike Huckabee, Bobby Jindal, John Kasich, Rand Paul, George Pataki, Rick Perry, Marco Rubio, Rick Santorum y Scott Walker.

Al final, sólo quedaron tres, además de Trump –Cruz, Kasich y Rubio.

Hay que resaltar que, aunque perdieron, los cubanoamericanos Cruz y Rubio hicieron historia.

Fue la primera campaña presidencial estadounidense en que candidatos hispanos llegaron tan lejos.

Dos hispanos, Ben Fernández y Bill Richardson, se postularon a la presidencia en el pasado pero ninguno de los dos ganó una primaria o caucus presidencial.

En última instancia, Cruz, Rubio y todos los demás se retiraron, despejando el camino para que Trump primero asegurara la nominación republicana y luego la elección presidencial del 8 de noviembre.

De los antiguos rivales de Trump, este escogió a dos de ellos, Carson y Perry, para puestos en su administración. Carson fue nominado como secretario del departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano, y Perry como secretario de Energía.

Aunque Clinton ganó el voto popular, Trump se convirtió en presidente porque obtuvo la mayoría de los votos electorales.

Para la mitad de diciembre, Clinton había acumulado 65,746,544 votos en comparación con 62,904,682 para Trump. Pero Trump obtuvo 306 votos electorales o sea 74 más que Clinton. Un candidato presidencial necesita 270 votos electorales para ganar.

Hubo esfuerzos para descarrilar el triunfo de Trump incluso después de su victoria. Pero todos han fracasado. La última oportunidad de sus enemigos políticos tuvo lugar el lunes 19 de diciembre cuando los miembros del Colegio Electoral emitieron sus votos formalmente.

Algunos de ellos habían expresado dudas sobre si votarían por Trump, y al menos uno escribió un artículo de opinión para el New York Times explicando por qué rechazará al republicano.

En última instancia no hubo rebelión de los electores contra Trump y este recibió los suficientes votos para ratificar su triunfo.

Siga a Alfonso Chardy en Twitter: @AlfonsoChardy

  Comentarios