Cinco razones por las que no será tan fácil la reforma fiscal que prometió Trump
El fracaso del presidente Donald Trump para hacer que se aprobara la extensa reforma sanitaria que prometió ha planteado preguntas sobre las posibilidades de una nueva versión de gran alcance del código tributario. Es una empresa políticamente cargada y vertiginosamente compleja, que enfrenta a intereses poderosos unos contra otros y amenaza con incrementar el déficit federal.
“Trump tiene que ganar esto”, notó Stephen Moore, un distinguido investigador visitante en la Fundación Heritage que asesoró a Trump en la política impositiva durante su campaña y en la transición. “Aquí no hay margen de error y el fracaso simplemente no es una opción”.
¿Exactamente, cuán difícil puede ser? A continuación se presentan cinco obstáculos para tener una nueva ley fiscal:
Un vacío de liderazgo
El mayor obstáculo para la reforma fiscal podría ser la propia Casa Blanca. Trump todavía tiene que tomar decisiones básicas sobre la estructura y el alcance de su plan, la estrategia para impulsarlo en el Congreso o, incluso, quién en su gobierno estará a cargo de elaborarlo y convencer a todos. Mientras que los funcionarios de la Casa Blanca dijeron que revelaría un plan hace semanas, no se ha materializado ninguno.
“Obviamente, nosotros conducimos el tren en esto”, dijo Sean Spicer, el secretario de prensa de la Casa Blanca, a los reporteros el 27 de marzo, mientras desviaba las preguntas básicas sobre cómo sería la propuesta del presidente. No es precisamente obvio para muchos congresistas, gente dentro del gobierno y observadores externos, que ahora cuestionan si Trump y sus asesores cercanos son capaces de ejecutar una negociación tan ambiciosa y de alto riesgo.
Lo más probable es que Steven T. Mnuchin, el secretario del Tesoro, tenga una función muy importante en el diseño del paquete fiscal. Dijo la semana pasada que el gobierno pronto daría a conocer un plan. Asimismo, pronosticó que el esfuerzo tributario sería más fácil que la atención de la salud, una idea que consideran risible muchos de los asesores congresales de tiempo atrás. Dado que muchos de los puestos centrales siguen vacantes en el Departamento del Tesoro, Mnuchin todavía no cuenta con la potencia de fuego para procesar números y analizar políticas que necesita para dirigir un gran esfuerzo de reforma fiscal.
Luego, está Gary Cohn, el director del Consejo Económico Nacional de Trump, quien le ha dicho a la gente que está a la cabeza del esfuerzo de reforma fiscal del presidente. Cohn, ex ejecutivo de Goldman Sachs, ha expresado interés en usar los ingresos que se recauden con un impuesto especial a las ganancias que tengan las compañías estadounidenses en ultramar para financiar un gran esfuerzo para reconstruir la infraestructura, un enfoque que podría tener cierto atractivo entre los demócratas ansiosos por ver nuevo gasto en caminos y puentes.
Déficits y deuda
Muchos republicanos en el Congreso –hasta hace poco, estaba incluido el propio director del presupuesto de Trump, Mick Mulvanye– son halcones del déficit. Su convicción, profundamente arraigada, es que ninguna reforma fiscal debería sumar nada a la deuda nacional. El presidente, quien como hombre de negocios orgullosamente decía que era “el rey de la deuda”, no ha aceptado tales restricciones. Durante su campaña presidencial, propuso un plan de recortes fiscales por el cual se añadirían, aproximadamente, entre $7,200 billones y $20,000 billones a la deuda nacional en una década.
Con todo, el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, y el representante republicano por Texas y presidente de la Comisión de Medios y Arbitrios de esa Cámara, Kevin Brady, están entre quienes se sostienen firmemente en la idea de una reforma fiscal que no aumente la deuda.
“Soy optimista de que a los republicanos todavía les importa muchísimo balancear el presupuesto federal”, dijo Brady. “Y, en verdad, esto no tiene que ser una elección”.
Sin embargo, se tendrán que tomar decisiones por el impuesto fronterizo
Una opción que ha dividido a los republicanos es si se incluye en el paquete un elevado impuesto a las importaciones, también conocido como “impuesto de ajuste fronterizo”. Ryan y Brady han estado impulsando agresivamente la inclusión de un impuesto de 20 por ciento a las importaciones que ellos creen que generaría más o menos mil billones de dólares para compensar los recortes a las tasas impositivas para los individuos y los negocios.
Tal propuesta es compatible con el instinto de Trump para ser rudos en la frontera, promover los productos hechos en Estados Unidos y echar a andar la creación de nuevos empleos en las manufacturas. Si bien ha enviado señales confusas sobre su apoyo a la inclusión de esa propuesta en una reforma fiscal, el presidente le dijo a The New York Times este mes que sí la apoya. “Soy el rey de eso”, dijo.
Sin embargo, la propuesta ya ha creado una división tajante dentro de la comunidad empresarial. Los gigantes del menudeo, como Wal Mart, se oponen implacablemente y están dispuestos a hacer una costosa guerra publicitaria en contra de un plan que arguyen que incrementará el precio de sus productos y terminará incrementándolos para el consumidor estadounidense. Las compañías industriales que dependen fuertemente de las exportaciones apoyan la idea.
El efecto de los ganadores y los perdedores
Es un cliché en Washington decir que la reforma fiscal crea ganadores y perdedores. Sin embargo, es cierto y ese es uno de los obstáculos más formidables que ha frustrado los esfuerzos previos para aprobar cambios amplios al código tributario.
El código fiscal está plagado de disposiciones y deducciones para los intereses especiales, que se han aprobado al paso de muchas décadas. La reorientación está destinada a darles ventajas a ciertos grupos e imponerles desventajas a otros.
Las populares exenciones de impuestos a personas físicas, como las deducciones por intereses hipotecarios, donaciones a beneficencias, los impuestos estatales y locales dan cuenta de ingresos por cantidades enormes. Es probable que se tuviera que frenar o eliminar para poder compensar la disminución en las tasas tributarias. Tanto Trump como Brady han propuesto hacerlo.
El sector inmobiliario, las organizaciones de beneficencia, los operadores de bonos municipales, y los gobiernos estatales y locales son solo algunos electores que es factible que se rebelen al primer indicio de tales cambios. Y se podría esperar que gasten libremente para derrotarlos.
Leyes, leyes, leyes
Las arcanas reglas procesales del Congreso –las mismas que contribuyeron a la desaparición de la iniciativa de ley para derogar la atención de la salud– complicarán el proceso para impulsar la aprobación de la reforma fiscal. Los republicanos de la Casa Blanca y el Congreso necesitarían decidir si van a usar un proceso conocido como reconciliación presupuestaria para acelerar el paso de los cambios por el Congreso con una votación de mayoría simple o permitir que se proceda según las reglas normales. Si deciden esto último, necesitarán 60 votos en el Senado, incluido algún apoyo demócrata, para aprobarla.
Debido a las restricciones del proceso de reconciliación, no se permitiría que el plan se añadiera a los déficits en los próximos 10 años. Por eso es que el ex presidente George W. Bush tuvo que incluir una disposición transitoria en sus reducciones tributarias del 2001 y el 2003.
Sin embargo, no es factible que los negocios que ansían certidumbre de largo plazo favorezcan un enfoque tan temporal. Y el lunes 27 de marzo, Brady dijo que no tenía ninguna intención de producir semejante plan.
“Si somos serios sobre llevar a Estados Unidos a saltos hasta la cabeza de la manada; si somos serios sobre la creación de empleos y en echar a andar la economía, no se logrará nada de eso con una ley para 10 años”, explicó Brady. “La reforma fiscal más en pro del crecimiento es una reforma fiscal permanente”.
Hay mucho en eso que puede salir mal. Hay que notar que ni siquiera hemos mencionado a la oposición demócrata.
Alan Rappeport colaboró en la investigación.
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de abril de 2017, 6:58 p. m. with the headline "Cinco razones por las que no será tan fácil la reforma fiscal que prometió Trump."