En base militar en Uzbekistán usada por EEUU había uranio enriquecido. Más veteranos reportan cáncer
Durante las últimas seis semanas, un grupo privado de Facebook creado para ayudar a veteranos de guerra que sirvieron en una base militar contaminada en Uzbekistán ha recibido a una gran cantidad de nuevos miembros, muchos de ellos con historial aterradoramente similares: Yo estuve en la base K2 y tengo cáncer.
“Fue abrumador”, dijo el oficial retirado del Ejército Scott Welsch, especialista en inteligencia en operaciones especiales destacado en K2, como se conocía la base Karshi-Khanabad, en Uzbekistán, en octubre de 2001.
Una exclusiva de McClatchy reportó en diciembre que el Pentágono sabía desde el principio que K2, una antigua base soviética en Uzbekistán, estaba contaminada con uranio radioactivo procesado, restos de armas químicas y lagunas subterráneas de combustible y solventes que se filtraron en la tierra y crearon lo una “sustancia negra espesa”.
A pesar de la contaminación, unos 7,000 efectivos estadounidenses fueron enviado a la base tras los ataques del 11 de septiembre, entre octubre de 2001 y el 2005, hasta que el gobierno de Uzbekistán le retiró el permiso a Estados Unidos para usar la base.
Después que la historia de K2 se hizo pública, el grupo de los veteranos de K2 en Facebook recibió numerosas solicitudes de inscripción. El grupo verificó los antecedentes militares de cada nuevo miembro. Y una vez aceptados, más nombres de veteranos enfermos salieron a relucir.
A medida que conocían las nuevas historias, Welsch se brindó de voluntario para seguir la pista a las enfermedades reportadas. Pero tuvo que dejar la tarea.
“Yo me puse mal de reportar todas esas enfermedades”, dijo Weisch, a quien le diagnosticaron cáncer de la tiroides en 2014.
Para finales de enero, el grupo tenía registrado 310 casos de cáncer.
El conteo más reciente del gobierno, realizado por el Ejército en 2015, fue que a 61 militares que estuvieron en K2 les diagnosticaron cáncer. Este estudio se debió a que a varios efectivos del Comando de Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos que estuvieron en K2 les diagnosticaron diferentes tipos de cáncer.
A pesar de que ese comando solicitó la revisión, no era posible identificar a personal de operaciones especiales debido a la naturaleza secreta de sus misiones, de manera que esos casos no se incluyeron en el conteo de 2015, indicó el Ejército en ese momento.
Los 310 casos de cáncer reportados por los propios enfermos en el grupo de veteranos de K2, si resulta preciso, significa que la cantidad de afectados es ahora cinco veces mayor que la reportada por el Ejército.
Algunos de esos veteranos estarán en Washington esta semana para solicitar ayuda al Congreso.
‘¿Cuántos más?’
“Todos estos años me he preguntado cuántos casos más hay?”, dijo Kim Brooks, viuda del teniente coronel del Ejército Timothy Brooks.
Timothy Brooks fue uno de los primeros en ser enviados a K2, y uno de los primeros veteranos de ese grupo en fallecer de cáncer.
Las primeras señales llegaron en 2002. Esa primavera, Timothy Brooks y su esposa estaban en la cocina de su casa en Fort Drum, Nueva York, y él estaba preocupado, recordó la esposa en una entrevista telefónica con McClatchy.
Timothy Brooks acababa de salir de una reunión en la base, en que a él y a otros efectivos de la 10ma División de Montañas les habían dado a firmar una planilla. La unidad acababa de regresar de K2.
“Nos dijeron que [en K2] quedamos expuestos a sustancias peligrosas”, recordó Brooks que le dijo su esposo.
Durante los meses siguientes, la salud de su esposo se deterioró. Empezó a sufrir de dolores de cabeza y le cambió el carácter, contó Kim Brooks. Su esposo, un hombre 6’5” de estatura y atleta, siempre se sentía muy cansado .Pero la familia lo preparó para su partida a Irak con otros elementos de la misma división en la primavera de 2003.
Uranio enriquecido
En nuevos documentos obtenidos por McClatchy, dos mapas y un documento de Powerpoint clasificados destacan que el mando de la base había identificado la contaminación con uranio enriquecido en el extremo noroeste de la instalación, junto al lugar donde las fuerzas de Estados Unidos vivían y trabajaban.
Pero la guía oficial sobre la contaminación, reportada en una encuesta ambiental clasificada —también obtenida por McClatchy— que abarcó de octubre a noviembre de 2001, era que el peligro de radiación era bajo si los soldados permanecían detrás de una berma de tierra protectora.
“Se debe supervisar el nivel de radiación en el aire por uranio (soluble e insoluble) dentro y cerca de las posiciones de combate más cerca del antiguo lugar de almacenamiento”, agregaba el documento ambiental clasificado.
Esta semana, veteranos de la base K2 y sus esposas están en Washington para hablar con legisladores federales y presionar para que se realice una audiencia sobre la contaminación tóxica en la base. También planean defender a los veteranos de la base K2 que siguen teniendo problemas para que el Departamento de Asuntos de Veterano reconozca que sus enfermedades están vinculadas con el tiempo que pasaron en Uzbekistán.
“Tenemos que sacar esto a relucir, no está matando desde hace 20 años”, dijo Derek Blumke, ex sargento de la Fuerza Aérea, enviado a K2 en 2001 y 2003 con el Ala 16 de Operaciones Especiales.
La postura de la Administración de Veteranos
La Administración de Asuntos de Veteranos (VA) ha sostenido anteriormente que los veteranos de la base K2 no tienen una mayor incidencia de cáncer. Sin embargo, una vez que McClatchy informó a la agencia sobre el nuevo índice sobre la base de los reportes del grupo, entregaron una respuesta adicional.
“Según las evaluaciones más recientes, no hay indicación de una mayor incidencia de cáncer entre los veteranos que sirvieron en Karshi-Khanabad” dijo Susan Carter, portavoz de la VA. “Las limitaciones de las encuestas de casos reportados por los propios pacientes están bien documentadas entre los especialistas en investigaciones médicas, pero la VA trabajará con el Departamento de Defensa para estudiar este asunto en momentos que hay nueva información empírica”.
En enero, la Subcomisión de Seguridad Nacional de la Comisión de Supervisión y Reforma del Gobierno de la Cámara de Representantes envió cartas tanto al secretario de Defensa, Mark Esper, como al secretario de la VA, Robert Wilkie, solicitando a las agencias que entregaran para el 24 de enero cualquier documento que describiera las condiciones en la base K2 y qué se ha hecho para tratar a los veteranos que sirvieron allí.
Ninguno de los dos departamentos ha respondido, dijo un asistente de la Comisión, a condición de no ser identificado.
El colapso
En mayo de 2003, Timothy y Kim Brooks estaban en el gimnasio de Fort Drum’ escuchando a un coronel dirigirse a los solados y familiares en una ceremonia antes de ser enviados a cumplir servicio. Su unidad saldría en una semana.
Timothy Brooks bajó la cabeza y se la aguantó con las dos manos.
“No me siento bien”, dijo Brooks. “Tenemos que salir”.
Afuera del lugar, Timothy Brooks cayó al suelo y se puso gris. Kim Brooks corrió al gimnasio.
“Los paramédicos estaban allí con sus aparatos y les pedí que ayudaran a mi esposo”, recuerda Brooks con la voz rajada.
A Timothy Brooks le diagnosticaron cáncer avanzado del cerebro. Falleció un año más tarde, el 29 de mayo de 2004. Tenía 36 años.
‘Eso es todo’
Como Timothy Brooks estaba en servicio activo cuando le diagnosticaron la enfermedad y cuando falleció, su esposa y cuatro hijos han recibido beneficios financieros y de educación de las fuerzas armadas y la VA.
Pero no todas las familias han tenido la misma experiencia. Los veteranos a quienes les diagnosticaron cáncer cuando ya no estaban en servicio activo enfrentaron un camino mucho más difícil para que les reconocieran que la enfermedad estaba vinculada con el tiempo que estuvieron en servicio. Kim Brooks que estará en Washington para abogar por ellos.
“Su estuvieron allí [en la base K2] y están enfermos, nuestro país tiene que ocuparse de ellos. Eso es todo”, dijo Brooks.
Welsch opina exactamente lo mismo.
“Al principio, antes de fundar este grupo, mi resultado ideal era estrictamente personal”, dijo Welsch. “Yo quería beneficios para mí. Ahora es algo mucho mayor”.