Población de Vieques presiona para que le construyan un hospital
La víspera de San Valentín, luces de colores colgaban de los árboles de La Plaza, en el centro de Isabel Segunda, en el corazón de Vieques, una isla de 52 millas cuadradas frente a la costa de Puerto Rico.
En tierra, bloques de construcción colocados en filas irregulares obstruían el paso de los peatones, mientras cintas rojas, atadas a los postes del alumbrado, se movían al viento. Algunos de los bloques, decorados con corazones y flores, tenían nombres como “García (Bayroo)”, “Lizy” o “Anito”. Otros estaban agrupados en forma de la bandera de Puerto Rico o tenían palabras o frases como “H O S P I T A L” o “Niños Muriendo”.
En la glorieta, varios corazones de tela roja rodean letreros de cartón con cartas y textos que dicen “¡Hospital Para Vieques Ya!” y “¡Ni una vida más!, Justicia para Jaideliz”. Los mensajes recuerdan a Jaideliz Moreno Ventura, de 13 años, quien falleció el 13 de enero, supuestamente por falta de recursos médicos en la isla.
Días antes de su fallecimiento, la familia de Jaideliz había viajado a la isla mayor para tratarse síntomas parecidos a la influenza. Cuando dio negativo a una prueba para detectar la influenza, los médicos le aconsejaron que se la llevara a casa. La mañana del 12 de enero, Jaideliz empeoró, empezó a tener convulsiones y se le dificultaba respirar. La clínica local, un local improvisado que hace lo que puede después que el huracán María destrozó el único hospital de la isla hace tres años, no tiene un respirador. De manera que los médicos hicieron los trámites para llevarla en avión a San Juan. Durante el viaje, pidieron a la familia que ayudara a operar un respirador manual para ayudarla. Pero Jaideliz falleció en el camino.
“Le gustaba mucho montar a caballo”, dijo la madre de Jaideliz, Jessica Moraima Ventura Pérez, mientras compartía llorosa la historia de su hija. “En junio se iba a graduar con honores, pero debido a la falta de acción del gobierno y su negligencia, no podrá hacerlo”
Entre los años 1940 y el 2003, Vieques, un vergel rodeado de aguas azul turquesa, playas vírgenes y caballos salvajes, fue uno de los principales polígonos de artillería y de prueba de armas en general de la Marina de Estados Unidos. La Marina reconoció que en la parte oriental de la isla usó sustancias químicas tóxicas y metales pesados, como napalm y uranio empobrecido, y el llamado agente naranja. Y todavía no ha descontaminado la zona.
Después que la Marina abandonó el lugar, Vieques se convirtió en uno de los principales destinos turísticos del Caribe. Pero los habitantes casi no tienen acceso siquiera a servicios médicos básicos, como un hospital con los equipos necesarios, personal y medicamentos. Para viajar a la isla mayor, los más de 9,000 viequenses tienen que hacer un viaje en ferry de una hora, entre las 4 am. y las 9 p.m. los días de semana, y entre las 5 a.m. y las 7.30 p.m. los fines de semana. Las cancelaciones y las demoras son comunes, especialmente cuando hay mal tiempo.
En 2003, un enorme movimiento de protesta, que se desarrolló a lo largo decenios de activismo local, provocó la ira internacional e hizo que la Marina dejara de probar bombas en Vieques. “Sacaron a la Marina sin disparar un tiro”, dijo el historiador local Robert Rabin. Ahora, en medio de una crisis de salud pública, los viequenses echan mano a los bloques de construcción para hacer sentir su voz.
Los puertorriqueños han usado desde hace muchos las protestas para exigir un mejor trato de Estados Unidos y su propio gobierno. En el verano de 2019, miles de puertorriqueños se lanzaron a las calles y obligaron a renunciar al gobernador Ricardo Rosselló y a otros altos funcionarios.
La filtración de 889 páginas de mensajes de un chat privado entre Rosselló y su círculo cercano reveló una profunda corrupción que los puertorriqueños, que batallan con una fuerte deuda y las consecuencias devastadoras del huracán María, ya no podían soportar.
Contra este fondo de angustia y descontento, los viequenses se sienten poco escuchados y marginalizados. Muchas veces dicen que son “la colonia de otra colonia”, y cuentan con resentimiento las muchas formas en que los gobiernos de Puerto Rico y Estados Unidos han hecho caso omiso de sus necesidades básicas y derechos.
“Jaideliz es la primera persona que muere debido a la falta de servicios médicos adecuados. Necesitamos un hospital, no podemos seguir así”, dijo Ventura.
Una semana antes de la muerte de Jaideliz, un hombre mayor falleció después que médicos en Vieques desestimaron su enfermedad y se limitaron a recetarle Pepto-Bismol cuando llegó a la clínica con un dolor de estómago, dijo la mujer.
Durante un año después del paso del huracán María, algunos pacientes diabéticos tenían que viajar tres veces a la semana a la isla mayor para hacerse la diálisis. Varios pacientes fallecieron antes que una unidad móvil de diálisis llegara a la clínica temporal en Vieques.
El 21 de enero, a raíz de las protestas por la muerte de Jaideliz, la FEMA aprobó fondos para reconstruir el hospital de Vieques, sin mencionar las circunstancias que llevaron a esa decisión.
Pero los viequenses todavía están escépticos, dado al historial de promesas incumplidas y el hecho de que la asistencia de la FEMA se basa en el reembolso del dinero que el gobierno de Puerto Rico debe invertir primero.
La isla todavía llora a Jaideliz, dijo la vecina Geisha Rosa Cruz, de 32 años, quien colocó el primer bloque de construcción poco después del fallecimiento de la niña.
Rosa se sentó en la plaza mientras soplaba una brisa cálida.
“Estos bloques tienen por fin se una barrera física, un inconveniente que haga que la gente se detenga y piense en lo que estamos diciendo. Son un mensaje al gobierno y a cualquiera que visite la isla”, dijo Rosa.
“Tan pronto como empiecen a construir el hospital retiraremos los bloques. Y si no lo empiezan, seguiremos colocando bloques, vamos a llenar la plaza de bloques”, dijo su padre, Geigel Rosa Cruz, de 56 años.
Al principio, después de la muerte de Jaideliz, Geisha Rosa, madre de mellizos, iba a publicar en las redes sociales un video de sus hijos con un bloque de construcción que simbolizara la primera piedra para reconstruir el hospital devastado.
Entonces su padre sugirió que colocan ese bloque, y otros, en La Plaza para crear un movimiento.
Durante el funeral de Jaideliz, al que asistieron miles de viequenses, el padre de la adolescente rogó a todos que colocar un bloque en La Plaza para honrar la memoria de la jovencita.
Hasta el momento, en La Plaza han colocado 7,400 bloques. Geigel Rosa dijo que planeaban llegar a 10,000 bloques para representar a todos en la isla.
“Este es un lugar muy bonito, ¿verdad? ¿Por qué entonces Estados Unidos o el gobierno de Puerto Rico no tienen interés en construir un hospital aquí? ¿Qué pasa si un turista se enferma?”, preguntó.
“Todavía estamos batallando con los efectos del polígono de prueba de armas en la isla. Aquí hay mucha gente con cáncer”, agregó. “¡No nos respetan! El gobierno no tiene interés en construir un hospital decente”.
Los bloques se pueden comprar en cualquier ferretería por 80 centavos. Cualquiera los puede comprar, pintarlos como quieran y colocarlos aquí, dijo Geisha Rosa. Cuando visitamos una tienda cercana a La Plaza, el dueño nos dijo que ya no tenían bloques.
Geisha afirmó que seguirán colocando bloques hasta que empiecen a construir el hospital.
“Cuando empiecen las obras, no nos vamos a llevar los bloques a la casa”, dijo. “Vamos a asegurarnos que usen estos 10,000 bloques en la construcción para rendir homenaje a la batalla que ha librado la gente”.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de marzo de 2020, 6:00 a. m..