Después del paso de María, algunos tienen que viajar 10 horas para una diálisis

<address> <span class="ng_byline_name">Por Jim Wyss</span> <span class="ng_byline_email"> <a href="mailto:jwyss@miamiherald.com">jwyss@miamiherald.com</a> </span></address>

VIEQUES, Puerto Rico (In English)

Tres veces a la semana, Radamés Cabral se levanta antes del amanecer —acompañado de un coro de gallos y el cantar de las ranas coquí— para comenzar un viaje brutal pero ineludible. En las próximas 10 o 12 horas tomará una camioneta, una avioneta y un taxi para hacerse la diálisis en el poblado de Humacao.

Un año después que el huracán María destrozara Puerto Rico, la cifra oficial de muertos asciende a 2,975, lo que convierte a María en uno de los peores desastres naturales en la historia de Estados Unidos. Narración de Rita Moreno.

Cabral, diabético de 65 años con insuficiencia renal, depende de la diálisis para combatir la retención de líquidos. Durante años se la hizo a pocas millas de su casa en Vieques, una pequeña isla frente a la costa este de Puerto Rico, donde viven unas 9,000 personas.

Pero desde que el huracán María convirtió el hospital local en un desastre lleno de moho, tiene que hacer este viaje, que dice le ha acortado la vida a por lo menos cinco pacientes.

Un año después que el huracán María destrozara Puerto Rico, la cifra oficial de muertos asciende a 2,975, lo que convierte a María en uno de los peores desastres naturales en la historia de Estados Unidos. Narración de Rita Moreno.

“No me voy a morir por los riñones malos”, dijo Cabral mientras trataba de entrar a una avioneta monomotor un día reciente. “Me voy a morir porque este avión se va a caer… Ya no tengo vida. Mi calidad de vida es cero”.

Un año después de que el huracán María devastó Puerto Rico, una sensación de normalidad ha comenzado a regresar a la isla. Desde agosto, los servicios de electricidad, agua potable y comunicaciones estaban restaurados para la mayor parte de los 3.3 millones de habitantes. El gobernador Ricardo Rosselló, que durante mucho tiempo se dedicó a coordinar las labores de recuperación, ahora se dedica a inaugurar Hard Rock Cafes y complejos de oficinas, mientras trata de convencer al mundo de que la isla está de vuelta a la normalidad.

Pero para Cabral y miles de otros con enfermedades crónicas, la vida está muy lejos de ser normal.

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Radamés Cabral Trinidad, de 65 años, tiene que viajar tres veces a la semana en avioneta de la isla de Vieques a Humacao para someterse a diálisis, en un viaje que dura todo el día. Al Díaz adiaz@miamiherald.com

Aunque el gobierno dice que los 68 hospitales públicos y privados de la isla ya están funcionando, esa estadística no muestra todo el panorama.

Después de que el pequeño hospital de Vieques quedó inundado por el paso de María y entonces se llenó de moho tóxico, las autoridades se vieron obligadas a cerrarlo y establecer una clínica en lo que había sido un albergue para damnificados. Aunque el nuevo centro tiene equipos médicos nuevos, no ofrece muchos servicios básicos: no tiene sala de partos, ni hace radiografías o diálisis. Y no se sabe cuándo empezará a ofrecer esos servicios, si es que acaso llega a ocurrir.

Rafael Rodríguez, secretario de Salud de Puerto Rico, dijo que el sistema de servicios médicos de la isla se ha recuperado milagrosamente, tomando en cuenta la devastación que dejó María.

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“Imagínese que todo el estado de Connecticut quedara destrozado por un desastre natural”, dijo al Miami Herald. “Esa es la magnitud de lo que ocurrió en Puerto Rico y muchas personas no reconocen eso”.

Cuando el monstruo de categoría 4 arrasó la isla el 20 de septiembre del 2017, todo —incluidos los hospitales— dejó de funcionar. Rodríguez dijo que la interrupción del servicio de electricidad y teléfono significó que solamente tenía contacto con 17 de 68 hospitales. Y sólo podía comunicarse con unos 10 de los 5,000 empleados del Departamento de Salud.

Los problemas empeoraron cuando los generadores, que no estaban diseñados para uso a largo plazo, comenzaron a quedarse sin combustible y a romperse.

El gobierno de Puerto Rico dice ahora que 2,975 personas murieron en las semanas y meses transcurridos desde el paso de María, cuando las enfermedades se propagaron y las carreteras bloqueadas y puentes caídos impidieron que la gente recibiera atención médica.

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José Luis Camacho Ledesma grita frente al edificio del Capitolio en San Juan, Puerto Rico, el 20 de agosto del 2018. Camacho se unió a otros manifestantes que piden mejores instalaciones y servicios médicos en la Isla de Vieques. Al Díaz adiaz@miamiherald.com

Rodríguez dice que ahora los hospitales están en mejores condiciones para hacer frente a desastres, con mejores generadores y planes de emergencia, pero reconoce que la robustez del sistema de servicios médicos depende de la infraestructura de la isla. Y según la mayoría de las versiones, las redes de comunicaciones y eléctrica de la isla han sido restauradas a las condiciones que tenían antes del paso de María, no mejores.

“Nuestro principal problema fue que no teníamos electricidad y las comunicaciones colapsaron”, dijo. “Si nos pega otra tormenta, volveríamos a la situación que teníamos antes”.

Puerto Rico luchaba con una crisis de salud mental antes de que el huracán María pasara por la isla. Los expertos se preocupan de que en medio de la reconstrucción, la salud mental pase a un segundo plano.

Pero la infraestructura médica es solamente parte del problema.

Comenzando en aproximadamente el 2013, en medio de una crisis económica que ya dura un decenio, los médicos comenzaron a irse en masa de la isla. El Colegio de Médicos-Cirujanos de Puerto Rico dice que en el 2006 en el país había 14,000 médicos, pero que esa cifra ha bajado ahora a unos 9,000. Se piensa que solamente el año pasado se marcharon de la isla 700 médicos, muchos de ellos damnificados del huracán María.

“El éxodo sigue aumentando”, dijo Víctor Ramos, presidente del Colegio. “La falta de médicos sigue siendo uno de nuestros mayores problemas”.

Un factor que impulsa la huída de los médicos es un sistema de seguros médicos que los exprime, dicen expertos.

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José Luis París Nieves, de 53 años, junto a la máquina de diálisis en su casa de Puerto Rico. Al Diaz adiaz@miamiherald.com

Aproximadamente 60 por ciento de los puertorriqueños depende de planes del Medicaid y el Medicare. En los 50 estados del territorio continental, el gobierno federal entrega fondos para esos programas sobre la base de las necesidades de cada estado. Pero como Puerto Rico es un Estado Libre Asociado, su “porcentaje de contribución federal (FMAP) ha sido fijado entre 55 y 57.2 por ciento, sin importar las necesidades reales. (A raíz del huracán María, el Congreso federal aumentó esa cifra al 100 por ciento hasta septiembre del 2019).

Pero el sistema ha privado desde hace mucho a los puertorriqueños de bajos ingresos de servicios médicos adecuados y creado una situación en que los médicos no ganan lo suficiente, dijo Rodríguez.

Un día reciente de agosto, mientras Rosselló inauguraba una nueva sala oncológica en San Juan, un grupo de dentistas se reunía frente al edificio del Congreso de Puerto Rico para protestar contra el sector de seguros comerciales, que dicen los sofoca.

José Crespi, dentista en San Juan desde hace tres decenios, dijo que las tarifas de reembolso de los seguros no han aumentado en 25 años, aunque el costo de las primas casi se ha triplicado. Las compañías de seguro en la isla, incluido el plan de salud del gobierno, pagan a los dentistas $22 por una extracción. “Eso no cubre el costo de tener un asistente”, dijo Crespi. En territorio continental estadounidense, a un dentista le pagan entre $175 o $200 por la misma extracción, dijo.

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Radamés Cabral Trinidad, de 65 años, visita el 22 de agosto del 2018 un cementerio en Vieques, Puerto Rico. Muchos de los habitantes de la isla que han fallecido desde el paso del huracán María hace casi un año están enterrados aquí, y varios eran pacientes de diálisis. Al Díaz adiaz@miamiherald.com

“Es irónico que el gobierno hable del éxodo de médicos y dentistas pero que se niegue a hacer nada por solucionarlo”, afirmó. “No están dispuestos a ayudar a los que decidimos quedarnos aquí”.

El gobierno local ofrece alivio tributario a algunas especialidades médicas de gran demanda. Y se está trabajando en propuestas para subsidiar los estudios médicos de los que se comprometan a trabajar en la isla.

Pero Rodríguez, el secretario de Salud, dijo que muchos de los problemas de la isla —tanto de antes como después del huracán— se deben a su estatus como territorio no incorporado. La falta crónica de fondos federales y la falta de representación política de Puerto Rico en Washington han creado un profundo desequilibrio, dijo. Los puertorriqueños no pueden votar en las elecciones presidenciales de Estados Unidos mientras vivan en la isla, pero tan pronto como se mudan a la Florida, o a cualquier otro estado en el territorio continental, sí pueden votar.

“Es ridículo que una persona sea tratada como ciudadano de segunda clase en Puerto Rico y que tan pronto como se vaya [a territorio continental] tenga todos los beneficios de un ciudadano estadounidense”, dijo.

A medida que la gente se marcha a la Florida y a otros estados después de María, “descubren que tienen muchos beneficios que no tenían aquí”, dijo. “[Para Puerto Rico] es un reto no perder tanta gente”.

De regreso en Vieques, Cabral dijo que piensa que es el gobierno local el que trata de obligarlo a irse de su isla. Desde abril, el gobierno ha estado prometiendo enviar una unidad móvil de diálisis a Vieques para atender a Cabral y otros nueve pacientes con insuficiencia renal. El gobierno dice que la unidad fue enviada de California a Jacksonville y estará en Puerto Rico para finales de septiembre. Pero muchos han perdido la fe en las promesas del gobierno tras un año de esperar a que reanuden los servicios médicos.

Mientras tanto, varias organizaciones sin fines de lucro y agencias del gobierno han hecho frente al costo de alquilar una avioneta seis días a la semana para llevar a los pacientes de Vieques a la isla mayor y entonces transportarlos en un viaje de 40 minutos al centro de diálisis de Humacao, al sureste de San Juan.

El Consejo Renal, una entidad sin fines de lucro de San Juan, dice que gasta unos $15,600 mensuales en la avioneta para los pacientes de Vieques. Lo que debía ser una medida temporal de emergencia se ha prolongado 11 meses y ha acumulado cuentas de por lo menos $171,000. Una máquina de diálisis de nivel hospitalario sería más barata, entre $10,000 y $15,000.

“La parte más frustrante de esto es que nunca recibimos respuestas sencillas”, dijo Ángela Díaz, directora del Consejo Renal, que cubre esos costos desde abril. “En realidad no sabemos cuáles serán las soluciones a largo plazo”.

Díaz dice que pacientes de diálisis han muerto prematuramente en Vieques debido a los viajes. Muchos pacientes de insuficiencia renal son mayores, están mal de salud y se muestran renuentes a hacer un viaje que dura todo el día, “aunque saben que si no suben al avión les va a costar la vida”, dijo.

Cabrales contó que por lo menos otros cinco pacientes de diálisis han fallecido desde que comenzaron los vuelos.

“La gente se siente indefensa y no mueren por la falta de diálisis, sino por la situación, debido a los problemas del viaje”, dijo.

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Margarita Santos Osorio protesta frente al edificio del Capitolio en San Juan, Puerto Rico, el 20 de agosto del 2018. Osorio se sumó a otros manifestantes para pedir mejores instalaciones y servicios médicos en la isla de Vieques. Al Díaz adiaz@miamiherald.com

Un año después del paso del huracán María, Cabral dijo que todavía no tiene el control completo de su vida. Toda la isla de Vieques funciona con generadores de emergencia porque el cable submarino que la conecta a la red eléctrica nacional quedó cortado durante María. Y Cabral se pregunta qué sucederá si otra tormenta impide que él y los otros pacientes puedan tomar el avión para hacerse la diálisis.

“Cuando venga el próximo huracán, van a tener que obligarlos a vivir en Puerto Rico, pero le digo que no voy a hacerlo”, afirmó. “Esta es mi casa y prefiero quedarme aquí, incluso si eso significa morir”.