Invirtieron millones en la red eléctrica tras María, pero ahora es más frágil

SAN JUAN, Puerto Rico (In English)

Puerto Rico ya tiene servicio eléctrico. La deteriorada red energética de la isla funciona nuevamente un año después que un fuerte golpe de la naturaleza, llamado María, devastó el territorio, derribando las torres de alta tensión y dejando a los puertorriqueños en medio de una prolongada oscuridad.

Reparar esa red fue un esfuerzo excepcional. Miles de linieros llegaron de tan lejos como California, Hawai e incluso las Islas Marianas del Norte en el Pacífico, para reparar las líneas de transmisión. Veinte barcazas enormes llevaron prestados mil camiones con canastas de elevación.

Pero a pesar de que se invirtieron $3,200 millones en asistencia federal durante los últimos 12 meses para restaurar el servicio eléctrico, la red no está en mejor condiciones que antes del huracán. De hecho, ahora es más frágil. Otra tormenta severa pudiera dejar a los 3.3 millones de habitantes de la isla en grandes problemas.

“[La red] es más débil ahora”, dijo José F. Ortiz, jefe ejecutivo de la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico.

Ortiz y otros que participaron en la reanudación del servicio no se disculpan por la falta de mejoras en la red. Dicen que eso hubiera sido imposible, práctica y legalmente.

“No hubo tiempo para rediseñarla, conseguir los materiales adecuados y levantarla”, dijo Carlos D. Torres, vicepresidente retirado de Consolidated Edison, la empresa eléctrica de la Ciudad de Nueva York. Torres fue enviado a Puerto Rico por el Edison Electric Institute, y entonces nombrado por el gobernador Ricardo Rosselló coordinador de los trabajos de restauración.

La principal preocupación era restaurar el servicio, hacer los trabajos con seguridad y dejar la red con cierto nivel de estabilidad, aunque fuera anticuada, explicó Torres. Hacer mejoras significativas habría costado miles de millones más, agregó, y “la Ley Stafford sencillamente no lo permite”.

Esa ley limita los fondos que la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA) otorga a trabajos para sencillamente restaurar las instalaciones dañadas por un desastre a su estado anterior, que en el caso de Puerto Rico significó dejarla en un estado anticuado.

Lo que no se invirtió en mejoras se ha pagado parcialmente en vidas.

A finales de agosto, el gobernador Ricardo Rosselló aceptó las conclusiones de una investigación independiente y elevó a 2,975 la cantidad de personas que fallecieron a causa de la tormenta, muchas de ellas imposibilitadas de recibir atención adecuada en los seis meses que siguieron al paso de María por la isla. Durante ese período, los apagones afectaron hospitales, las comunicaciones y el transporte de los enfermos, impidieron mantener una buena higiene y negaron el acceso a agua potable, problemas que causaron la muerte de tantas personas.

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Sin embargo, la historia de la deteriorada red eléctrica del país incluye fallas que van desde San Juan a Washington y pasan por un tribunal de bancarrota en la Ciudad de Nueva York. La red serpentea a lo largo de rutas llenas de vegetación y amasijos de cables en los postes. Y llega a la puerta de la mayor empresa eléctrica pública en Estados Unidos.

Abrumada por la bancarrota, la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico no estaba en condiciones de enfrentar los vientos de 155 millas por hora de María, algo que quedó horriblemente en claro tras el paso del ciclón. La empresa no tenía postes de reemplazo suficientes, ni transformadores, aisladores o cables. Las necesidades eran enormes. A final de cuentas hubo que enviar 52,437 postes y 35.8 millones de piezas para reconstruir la red. Durante los primeros días, los trabajadores recuperaban lo que podía de los equipos dañados.

“Usamos viejos postes de madera, ya afectados por el huracán. Trabajábamos solamente para reanudar el servicio con cualquier medio que teníamos a la mano”, dijo Ortiz.

La empresa tampoco estaba preparada para evaluar los daños y desplegar cuadrillas de manera sistemática. Los primeros días fueron un caos total. Al final, linieros de unas 60 empresas eléctricas privadas y públicas de todo Estados Unidos fueron trasladados a Puerto Rico bajo un acuerdo de asistencia mutua.

Esas cuadrillas dijeron a las autoridades de la isla que estaban asombradas por las condiciones.

“Dijeron que no había un plan central en que cada poste tuviera un número de identificación. No había planos. Tenían que adivinar qué cable le daba electricidad a cada vivienda”, dijo el senador Eduardo Bhatía, líder de la minoría en el Senado de la isla. “Quedaron estupefactos”

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Un año después que el huracán María devastó Puerto Rico, todavía hay turbinas eólicas dañadas cerca de Santa Isabel. Al Diaz adiaz@miamiherald.com

Puerto Rico es un territorio estadounidense de aproximadamente 110 millas de largo y 40 millas de ancho, y su interior tiene una geografía escabrosa. La montaña más elevada tiene 4,390 pies. La empresa eléctrica, conocida por sus siglas, AEE, se ganó en su momento mucha admiración por llevar el servicio a los extremos más aislados y agrestes de la isla.

Pero en los años 1980 la empresa entró en franca declinación. Hoy, sus anticuadas plantas electrogeneradoras parecen cosas de Cuba. Tienen 28 años más que el promedio en Estados Unidos y los apagones ocurren a una frecuencia 12 veces mayor, según un informe emitido en julio por la Administración de Información Energética de Estados Unidos.

Mientras el precio por kilovatio-hora aumentó a casi el doble del promedio en el territorio continental estadounidense, la AEE acumuló $9,000 millones en deuda. Así las cosas, la administración de crisis se convirtió en la norma. Los tenedores de bonos protestaron y a veces la opción era pagar la deuda o comprar combustible para mantener el sistema funcionando.

Trabajos de rutina, como podar árboles y vegetación junto a las líneas, pasaron a un segundo plano.

“Cuando yo llegué en el 2014 había un atraso de tres años en la poda de árboles”, recordó Luis Benítez Hernández, quien presidió la AEE del 2014 al 2017. Y mientras la vegetación trepaba por las torres de alta tensión, los postes de madera enfrentaban otros problemas.

“Muchos de los postes se partieron durante la tormenta porque tenían sobrepeso”, dijo Benítez, quien señaló que un solo poste podía soportar líneas activas, líneas abandonadas que las cuadrillas nunca eliminaron, cables de fibra óptica y líneas telefónicas.

El momento en que María azotó también fue el peor. Otros dos desastres habían afectado la isla semanas antes: los huracanes Harvey, que afectó a Houston a finales de agosto del 2017, e Irma, que tocó Puerto Rico y después llegó a la costa oeste de la Florida a principios de septiembre. Esas dos tormentas, y una serie de incendios forestales en la región oeste del país, agotaron el inventario de suministros para redes eléctricas en toda la nación.

Durante el resto del año, las autoridades tuvieron que hacer malabares y traer por avión transformadores pequeños desde lugares tan lejanos como Hawai, y postes, aisladores y otros materiales en barcazas.

“El asunto de los materiales decidió mucho en el esfuerzo de restauración”, dijo Torres. “No se puede traer personal y no tener materiales para trabajar. Porque entonces van a estar ahí parados sin hacer nada”.

La espera por la llegada de los materiales agregó meses a la miseria que ya soportaban los puertorriqueños.

“Si hubiéramos tenido el inventario necesario en ese momento, hubiéramos podido acortar la recuperación en cuatro o cinco meses”, afirmó Ortiz.

Cuando comenzó el 2018, 40 por ciento de los clientes de la empresa eléctrica de Puerto Rico seguían sin servicio. Regiones enteras de la isla estaban a oscuras, a pesar de que el ruido monótono de los generadores no cesaba.

“El olor y el humo amarillo de los generadores era algo constante”, dijo Jan Curet-Alvarado, un arquitecto de San Juan. “Y los que no tenían generador de todas formas tenían que escuchar los de sus vecinos”.

La caótica reanudación del servicio eléctrico en Puerto Ruco –que demoró 11 meses— fue un fuerte contraste con lo ocurrido en el territorio continental con los huracanes Harvey e Irma.

Harvey azotó la Costa del Golfo el 25 de agosto y provocó casi 52 pulgadas de lluvia en el sureste de Texas, alrededor de Houston, el doble de lo que cayó en Puerto Rico durante María. En cierto momento, 350,000 clientes quedaron sin electricidad.

Bajo acuerdos de asistencia mutua entre las empresas eléctricas, unos 10,000 trabajadores de 21 estados llegaron rápidamente a la zona afectada. Usando drones para evaluar los daños, además de sensores avanzados, los trabajadores identificaron las zonas sin servicio inmediatamente y se desplegaron equipos para restaurar el servicio en cuestión de días.

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Un año después de que el huracán María azotara la isla, se ven lonas azules que cubren los techos de las casas cerca de Coamo, Puerto Rico. A lo lejos se encuentran las turbinas eólicas que ahora están en funcionamiento. Al Diaz adiaz@miamiherald.com

Poco más de dos semanas después, Irma azotó Puerto Rico y dejó 1 millón de personas sin electricidad, para entonces tocar tierra en la Florida, la tormenta más fuerte en afectar Estados Unidos desde Katrina en el 2005. Unos 7.8 millones de clientes quedaron sin electricidad en la Florida, Georgia, Alabama, Carolina del Norte y del Sur. Unas 250 empresas de servicios públicos de Estados Unidos y Canadá desplegaron 60,000 trabajadores para restaurar el servicio, y 95 por ciento de los clientes ya tenían electricidad en menos de una semana.

Un análisis de la Administración de Información Energética de Estados Unidos indicó que “inversiones significativas” de las empresas de servicios públicos de la región sureste del país habían aumentado los preparativos ante huracanes.

“Estas empresas han mejorado la infraestructura eléctrica, como reemplazar los postes de madera con otros de hormigón. También instalaron tecnologías de red inteligentes, que ofrecen información más precisa y oportuna sobre los apagones y puede ayudar a concentrar los esfuerzos de restauración”, expresó el reporte.

Mientras que a los clientes en territorio continental les restauraron el servicio en una semana, el prolongado apagón en Puerto Rico fue tan traumático que ha cambiado el comportamiento de los consumidores.

“Sólo compramos para la semana”, dijo María Lebrón, maestra de segundo grado sobre los comestibles. Los temores a más apagones significan que ya no compra grandes cantidades de artículos perecederos, temerosa de que se dañen si vuelve a quedarse sin electricidad. Dos grandes apagones han afectado la isla en lo que va de este año, una señal de la fragilidad del sistema.

“Se han limitado a poner las cosas como estaban antes, una y otra vez, pero el sistema está mal”, dijo Jonathan Marvel, arquitecto y cofundador de Resilient Power Puerto Rico, una organización sin fines de lucro que entrega sistemas de energía solar a centros comunitarios en la isla.

La empresa eléctrica, que es pública, ha tenido cinco jefes ejecutivos en los últimos 12 meses. Las protestas del público provocaron la salida de uno en julio, incluso antes de asumir el cargo, cuando se reveló que iba a ganar $750,000 al año.

Reportes de negocios indebidos y fraudulentos han afectado tanto a la empresa como la recuperación. Días después que María azotó la isla, la AEE otorgó a una empresa de Montana, Whitefish Energy, que solamente tiene dos empleados, un contrato no licitado de $300 millones para llevar contratistas que ayudaran a reconstruir la devastada red eléctrica. El contrató provocó interés en parte porque Whitefish tiene su sede en la localidad natal del secretario del Interior de Estados Unidos, Ryan Zinke, quien negó tener vínculo alguno con la empresa.

“Solamente en el elitista Washington DC, ser de un pueblo pequeño se considera un delito”, expresó Zinke en un comunicado.

A medida que se desarrollaban varias investigaciones de comisiones de la Cámara de Representantes, la AEE canceló el contrato.

Otro escándalo se destapó el 6 de enero, cuando personal del Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos y la FEMA entraron a la fuerza en un almacén propiedad de la AEE y se llevaron equipos de electrificación que las agencias dijeron que no había distribuido a los contratistas.

Un mes más tarde, un reporte noticioso local indicó que las cuadrillas habían restaurado la electricidad a clubes de desnudismo antes de lo programado después que las instalaciones les dieron $5,000 cada uno y pases para entrar sin pagar a los clubes.

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Vista aérea de un campo de aerogeneradores en Santa Isabel, Puerto Rico un año después del huracán María. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com

Los cálculos sobre cuánto dinero federal se gastó en la restauración del servicio eléctrico no son uniformes. Ortiz dijo que opina que fueron $2,000 millones. Una portavoz del Departamento de Energía dijo que entre los desembolsos de la FEMA y los gastos del Cuerpo de Ingenieros la cifra ascendió a $3,200 millones.

Y en este momento, la AEE está en el centro de una batalla. Muchas entidades reclaman responsabilidad de supervisión de sus medidas y gastos, o pueden fijar condiciones que la afecten en el futuro. En cierto sentido, esa guerra es un reflejo de la situación general en Puerto Rico.

Los que tienen una mano en la empresa eléctrica puertorriqueña incluyen a tenedores de su deuda de $9,000 millones, un juez de bancarrota en la Ciudad de Nueva York, la Junta de Supervisión federal que maneja la crisis de la deuda en la isla, legisladores clave en el Congreso, el Cuerpo de Ingenieros, el Departamento de Energía e incluso un órgano llamado Junta de Energía de los Estados Sureños, un acuerdo que vincula a 16 estados, Puerto Rico y las Islas Vírgenes Estadounidenses en materia de energía.

Bhatía, el líder de la minoría en el Senado de Puerto Rico, dice que hay 13 entidades con intereses en la empresa que determinarán su futuro.

“Ninguno de estos grupos está en sintonía. Todos presionan en una dirección diferente”, dijo Bhatía. “Es un monstruo, pero no con dos, sino con 13 cabezas”.

El precio de modernizar la red eléctrica de Puerto Rico asciende a $17,600 millones, según un estudio de diciembre del 2017 preparado por el gobierno y expertos privados para los gobernadores de Nueva York, Andrew Cuomo, y de Puerto Rico, Rosselló. Esa suma cubriría el soterrado de las líneas, instalar postes que resistan vientos de 155 millas por hora, la protección de subestaciones contra las inundaciones, la implementación de sistemas modernos de control con sensores para ayudar a aislar los apagones, aumentar el inventario de componentes y podar la vegetación debidamente.

Pero Ortiz dijo que espera este otoño empiecen a llegar desde Washington miles de millones para actualizar en serio la red.

Esos fondos probablemente no estén limitados por las condiciones de la Ley Stafford y ayudarían a la empresa a fijarse la meta de usar gas natural para el 60 por ciento de la generación de electricidad y 40 por ciento de fuente solar, un cambio significativo de la dependencia de gasóleo que llega a la isla por barco y que es contaminante, dijo Ortiz.

Pero todavía queda por ver si eso es posible. Ortiz dijo que tiene una visión para la red eléctrica de la isla que contempla la privatización de la endeudada entidad pública.

“Se va a mejorar. Será una red inteligente, muy fuerte y adaptable”, dijo.