Tomó 11 meses para que volviera la luz en la isla, ahora buscan otra solución

TORO NEGRO, Puerto Rico (In English)

Este pueblito ha dicho adiós a los apagones en una isla que está demasiado acostumbrada a ellos. Incluso cuando la deteriorada red eléctrica nacional falla, los refrigeradores, los aires acondicionados y los televisores siguen funcionando.

Toro Negro ha creado su propia red eléctrica. Veintiocho casas en esta comunidad de clase media se alimentan de la electricidad que generan paneles solares en el techo de las viviendas, que se almacena en granes baterías.

“Cuando construyeron esto no pude contener las lágrimas”, dijo Nancy Pagan Rivera, quien recordó los ocho meses y medio que su familia estuvo a oscuras después de que el huracán María devastó la isla hace un año.

Es posible que Toro Negro sea un reflejo del cambio que puede ocurrir en Puerto Rico. La tormenta y los 11 meses que demoró restablecer el servicio en la isla, hicieron que algunos volvieran a prestar atención a la energía solar. Y no ha sido por el deseo de abrazar el ambientalismo, sino porque los sistemas solares con baterías ofrecen una mayor estabilidad de servicio que la AEE, la abrumada empresa eléctrica pública de Puerto Rico.

Miles de puertorriqueños han instalado microrredes solares independientes, no porque de repente se hayan vuelto ambientalista, sino porque quieren estabilidad energética.

En estos momentos avanzan proyectos privados de energía solar y los suministradores apenas dan abasto. El gobernador y el nuevo jefe de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) apoyan el tránsito rápido a una mayor dependencia de la energía solar.

Antes de que el huracán María devastara Puerto Rico el 20 de septiembre del 2017, Puerto Rico generaba solamente el 2.4 por ciento de su electricidad de Fuentes renovables, en lo fundamental de cinco granjas solares y dos eólicas, unas de las cuales perdió sus 13 generadores eólicos ante los vientos del huracán.

El jefe ejecutivo de la AEE, José F. Ortiz, dijo a McClatchy que podía aumentar la generación de electricidad de fuentes renovables a 500 megavatios, equivalente a 18 por ciento de la capacidad generadora de la isla, en dos años. Y espera que esa cifra aumente a 40 por ciento, pero dijo que lograr esa meta depende de los fondos que se reciban de Washington.

“Si el gobierno federal quiere dejar un legado en Puerto Rico, tiene que ser este”, afirmó Ortiz.

Pero incluso sin fondos federales, Puerto Rico se ha convertido en un laboratorio dinámico para la instalación de sistemas eléctricos independientes. Después del paso de María, la necesidad de electricidad, de cualquier fuente, se disparó. La gente, desesperada, echó mano a los generadores portátiles. Entonces comenzó la fiebre de la energía solar. El gobernador Ricardo Rosselló modificó las normas para permitir la instalación de sistemas cerrados de energía solar con baterías, que se conocen como microrredes o nanorredes.

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Estos sistemas cerrados permiten extraer electricidad de paneles solares durante el día, cuando las baterías se están cargando también, y usan la energía acumulada durante la noche. Los propietarios también están conectados a la red normal, pero pagan solamente $3 al mes si no consumen nada.

“Probablemente vendimos 20,000 baterías en los últimos 12 meses”, dijo Máximo Torres, presidente y fundador de Maximo Solar Industries.

Estos sistemas cerrados no son comunes en Estados Unidos, que por lo general compran e instalan personas de altos recursos con opiniones fuertes sobre el uso de energía renovable.

“Probablemente no lleguemos a los 6,000 este año en todo el Mercado de instalaciones residenciales en todo el territorio continental”, dijo Blake Richetta, vicepresidente a cargo de operaciones en Estados Unidos de sonnen Inc., una compañía alemana que controla un tercio del mercado de sistemas de almacenamiento energético residencial.

“En Puerto Rico, si trabajan al mismo nivel que nosotros, eso significa entre 100 y 150 al mes. Eso es muchísimo… están camino a mil al año”, dijo Richetta.

“Cuando uno se fija en el tamaño de Puerto Rico, es el mayor mercado en todo Estados Unidos”, dijo. “Es un mercado que compite con algunos en Europa”.

Un año después que el huracán María destrozara Puerto Rico, la cifra oficial de muertos asciende a 2,975, lo que convierte a María en uno de los peores desastres naturales en la historia de Estados Unidos. Narración de Rita Moreno.

Normalmente, esos sistemas sencillos de paneles fotovoltaicos, inversores y baterías cuestan un máximo de $25,000, en dependencia de la capacidad.

Elon Musk, fundador de Tesla, la compañía de autos eléctricos y baterías de almacenamiento, habló varias veces con el gobernador Rosselló y tuiteó sobre las baterías que estaba enviando a la isla. A principios de junio, Musk tuiteó que su compañía, con sede en Palo Alto, California, desarrollaba “unos 11,000 proyectos en Puerto Rico”. Un portavoz de Tesla dijo que la empresa ya no se está concentrando en la asistencia por desastre, pero no ofreció detalles sobre qué hace la compañía en la isla.

Los puertorriqueños que han instalado microrredes están en dos grupos: comunidades pobres o entidades de servicios públicos que recibieron donaciones de sistemas de microrredes solares, y los que tienen dinero suficiente para comprar sus paneles solares, inversores y baterías.

Docenas de grupos sin fines de lucro, muchos de ellos establecidos después del paso del huracán, están construyendo microrredes en estaciones de bomberos, centros comunitarios y hospitales, y los proyectos están recibiendo publicidad, lo que se agrega al impulse que ya tienen. Uno de esos grupos es Resilient Power Puerto Rico, que dice que sus sistemas cerrados instalados en unos 25 centros comunitarios generarán electricidad durante desastres futuros.

“Esto es resiliencia con mayúscula”, dijo Jonathan Marvel, un arquitecto neoyorquino y cofundador del grupo.

Torres es una fuerza impulsora detrás de otro grupo sin fines de lucro, Somos Solar, que se alió con otra fundación de la isla para pagar los $330,000 del costo de instalación de la microrred de 28 viviendas en Toro Negro, una localidad de casas robustas, cada una con un vehículo en la cochera, en el centro de la isla.

“Es tremendo”, dijo Luis Gerardo Rivera, cuando salía de una sesión de capacitación con un técnico solar. Conoció cómo debía cambiarse a la red tradicional si hacía algo que consumiera mucha electricidad, como soldar. De otra manera, la abundante luz solar será suficiente para las necesidades de su familia. Rivera estaba encantado. “Sólo estamos usando la naturaleza”.

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Israel Meléndez en el techo de su casa, cubierto de paneles solares, en Manatí, Puerto Rico. Al Diaz adiaz@miamiherald.com

La microrred comenzó a funcionar en enero en las viviendas, ubicadas en un profundo valle a un lado de un río pequeño. Los vecinos están acostumbrados a irse a tierras más altas cuando llueve mucho y el río se desborda. Antes de María, los apagones eran comunes, casi todos los meses, y los trabajadores podían demorar días en arreglar los problemas.

Pero la microrred requiere de coordinación para funcionar.

“Vamos a crear una corporación, con reglamentos y directores”, dijo Tito Figueroa, ex maestro de 65 años que es el organizador local. “Va a tener un empleado”.

Los vecinos pagarán una cuota mensual, quizás equivalente al 40 por ciento de lo que pagaban antes por la electricidad, y ese dinero se usará para el mantenimiento de la red, el sueldo del empleado y otros gastos.

En otras partes de la isla, puertorriqueños de más recursos han pagado de su bolsillo la instalación de microrredes, que por general abastecen a una sola vivienda o edificio. El ingeniero Israel Meléndez Jr., quien vive en Manatí, en la costa norte, dijo que el prolongado apagón después del paso de María amenazó su negocio.

“Necesitábamos un servicio eléctrico fiable para regresar al trabajo y atender a nuestros clientes. Sin electricidad, yo no podía salir de casa en la oscuridad”, dijo Meléndez, cuya firma ofrece servicios de control de calidad a laboratorios farmacéuticos.

Meléndez convenció a su esposa de invertir dinero que habían ahorrado para la renovación de una casa en instalar una microrred. La esposa aceptó. Ahora tienen en la azotea de la casa un robusto sistema de paneles solares y tres baterías Tesla Powerwall 2 almacenan toda la energía que no se usa para cuando caiga el sol.

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Paneles solares en la casa de Leandra Rivera, de 77 años, una de 28 familias que participan en un proyecto de energía solar en la comunidad de Toro Negro, en las montañas de Ciales, Puerto Rico. Al Diaz adiaz@miamiherald.com

“Se lo dedicamos todo”, dijo Meléndez, agregando que el costo total del sistema fueron $58,000.

Lo que hace significativo, más allá del Caribe, el experimento con las microrredes en Puerto Rico es que pronto pudiera comenzar a proliferar en comunidades vulnerables.

La AEE planea ampliar sustancialmente el uso de la energía solar sin un costo inicial elevado para los consumidores, dijo Ortiz, el jefe de la empresa eléctrica.

La AEE espera invertir unos $2,000 millones que el Congreso asignó este año a la recuperación de Puerto Rico a través del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) para entregar sistemas solares a decenas de miles de familias, dijo. Según el plan, la AEE instalará y operará los sistemas a cambio del uso de azoteas y tarifas reducidas para las familias.

Estudios anteriores ya habían identificado unas 20,000 viviendas en la zona metropolitana de San Juan para implementar el programa, dijo Ortiz, quien señaló que la AEE gasta unos $2,000 millones al año en importar combustible para sus seis plantas generadoras de combustible fósil.

Algunas personas en la industria de la energía renovable dijeron que tal cambio sería un giro de 180 grados para la empresa, que durante decenios se resistió a la competencia en la generación eléctrica.

Pero la AEE está en malas condiciones, en bancarrota y enfrenta la ira del público por la percepción de que cobra mucho a los consumidores. Las tarifas residenciales en la isla son aproximadamente 40 por ciento más elevadas que en el territorio continental, indica la Administración de Información Energética de Estados Unidos.

“La gente tiene que impugnar las facturas con regularidad ante la AEE”, dijo Marvel, el activista.

Si las microrredes siguen expandiéndose, formarían islas electrógenas independientes no dependientes de los combustibles fósiles, potencialmente capaces de trabajar juntas como un conjunto de entes individuales, dijo Richetta.

“No solamente se pudiera crear un futuro energético seguro para el pueblo de Puerto Rico, sino que también se tendrían pruebas científica de las que podríamos aprender mucho”, dijo. “Sería la primera vez que se hace algo así, en vez de hablar tanto”.