Estados Unidos

Artista colombiano se reinventa y desde su casa arma serenatas virtuales del Rey de las Rancheras

Braulio Jiménez recorrió todo Estados Unidos y parte del mundo interpretando su “Homenaje a Vicente Fernández”, pero ahora como la mayoría de los artistas y de las personas golpeadas por la pandemia del coronavirus ha tenido que reinventarse para poder sobrevivir.

Con los ahorros que acumuló gracias a sus actuaciones, se encuentra a punto de terminar el montaje de un escenario en su casa en Queens, Nueva York, desde donde dará sus serenatas virtuales.

Nacido en Medellín, Colombia, Jiménez recordó que cogió el gusto por las rancheras porque en las emisoras de radio en su país se tocaban mucho.

“Cuando mi madre me mandaba a comprar a la tienda de abarrotes y escuchaba ahí por la radio una ranchera me quedaba hasta que terminara la canción”, recordó Jiménez. “Hasta que empecé a cantar y más adelante me presenté en un par de realities shows en Colombia y me hice conocido”.

La gente le pedía siempre que interpretara canciones de “El Rey de las Rancheras”, y así fue como Jiménez encontró su filón.

Su primer viaje a Estados Unidos lo hizo para actuar en el Rancho Miami, que lo administraba un grupo de empresarios colombianos. Lo convocaban de manera tan seguida que encontró la oportunidad de ampliar sus presentaciones por el resto del país hasta que decidió tener a Nueva York como su centro de operaciones y residencia.

”Ver a la Gran Manzana como se encuentra ahora ha provocado que muy poca gente pueda dormir, pero hay que pensar y actuar con conciencia porque ahí está la diferencia entre la vida y la muerte”, aseguró Jiménez. “Nueva York va a sufrir una transformación notable. La ciudad que nunca duerme la vemos descansando, pero no solo NY sino el mundo entero. Ya el dinero no vale tanto, sino más peso tiene el valor de la familia, de los amigos”.

Jiménez confiesa haber nacido en cuna humilde y asegura que su vida ha sido una montaña rusa, y para describirla mejor emplea la letra de la canción “Bohemio de Afición” de Vicente Fernández, que dice: ”Mi dicha y mi dolor a nadie se lo digo por eso nadie sabe cuándo estoy llorando o cuándo estoy herido…”.

Haber sobrevivido a las durezas de la vida desarrolló en Jiménez, cuyo padre murió cuando el niño tenía solo cinco años de edad, un poder de adaptación, una calma que le permite ser reflexivo cuando la tormenta arrecia y tomar la decisiones correctas.

“En estos momentos he avanzado dos terceras partes de la instalación de los equipos profesionales, luces, cámaras, computadoras para hacer las presentaciones virtuales desde mi casa”, comentó Jiménez. “Los técnicos de audio ya están terminando su trabajo y solo falta el fondo con imágenes de video donde voy a cantar”.

Tan cuidadoso es en sus presentaciones que Jiménez ordenó un sombrero de charro a los mismos artesanos que le hacen a Vicente Fernández.

“Me costó $3,000 y lo uso en la presentaciones de gala”, afirmó. “Tengo en total una docena de sombreros y también una docena de trajes, que me permiten alternarlos en mis actuaciones y un repertorio con 436 de sus canciones”.

El respeto de Jiménez por la interpresentación que hace sobre Vicente Fernández, le ganó el aprecio del hijo del ídolo, el también cantante Alejandro, quien lo vio actuar en Las Vegas a mediados del 2019.

“Alejandro Fernández me dijo que le había gustado la seriedad y el respeto con los que hacía mi trabajo y me dijo que había visto algunas interpretaciones de otras personas y a veces hacían burlas de su padre”, contó Jiménez. “Pero yo no soy un imitador, rindo homenaje a un gran artista y a sus canciones, que son poemas de vida. Tal vez por eso Alejandro me invitó en noviembre pasado a Jalisco donde develaban el monumento a su padre”.

Ahí tuvo oportunidad de conocer personalmente al Rey de las Rancheras que tanto admira.

“Vicente me dijo que yo le hacía acordar cuando tenía 40 años”, expresó Jiménez con orgullo. “En realidad tengo la mitad de años que él, y hace más de 30 que lo admiro”.

Jiménez también dibuja y pinta. Tiene algunos trabajos con mucha emoción como “Un inmigrante se juega la vida”, una obra que muestra un tablero de ajedrez, un caballo listo para la acción y los rascacielos como fondo. Uno de sus cuadros destaca un médico y una enfermera entrelazados en un corazón que simboliza la unión y la fuerza para responder al feroz embate del COVID-19.

La respuesta que da Jiménez en estos momentos difíciles refleja el espíritu de un hombre, que pese a los tiempos recios, jamás renuncia a la esperanza.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de abril de 2020, 0:23 a. m..

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